El tercer caso en diez años por intoxicación por cloro en Gipuzkoa

La talasoterapia La Perla de Donostia vivió un suceso similar en 2011 y el balneario de Zestoa, en 2006

ESTRELLA VALLEJO SAN SEBASTIÁN.

Mientras que Tolosa intenta recuperar la normalidad en las instalaciones municipales de Usabal, Donostia y Zestoa observan con distancia un suceso similar sufrida hace años.

El caso más reciente se produjo en noviembre de 2011 a las ocho de la mañana y el escenario fue el centro de Talasoterapia de La Perla, en la capital guipuzcoana. Los afectados ascendieron a medio centenar, catorce personas tuvieron que ser ingresadas, aunque ninguno de gravedad. De hecho, once de ellas fueron dadas de alta a lo largo del mismo día.

El motivo de la intoxicación, nuevamente, fue un error en la manipulación del cloro (hipoclorito sódico) que al entrar por equivocación en contacto con el producto que sirve para regular el PH y la higiene de las piscinas, que tiene bajos niveles de ácido sulfúrico, desencadenó el vapor tóxico que se extendió por todo el complejo.

En ambos casos, los afectados presentaron irritación de las vías respiratorias y náuseas

Como consecuencia, el aire se hizo irrespirable y tanto usuarios del centro como empleados tuvieron que salir a la calle -a las ocho de la mañana de un mes de noviembre- «con lo puesto». Algo más de una docena de personas que se encontraban en la zona de las piscinas tuvieron que salir a la calle en traje de baño. Las instalaciones se desalojaron en pocos minutos, aunque no pudieron evitar la irritación en la garganta de quienes habían entrado en contacto con el vapor.

Seis evacuados en Zestoa

El anterior episodio que se recuerda sucedió en octubre de 2006. Se produjo una fuga tóxica en el balneario de Zestoa derivada de un fallo en la manipulación de los productos para tratar las aguas de baño en el centro. Como consecuencia, 29 personas resultaron afectadas leves y seis tuvieron que ser evacuadas a centros sanitarios por inhalación de vapores tóxicos, cuatro de ellos al Hospital Donostia y dos al de Mendaro.

En aquella ocasión, en lugar de verter el cloro se suministró otro producto que fluyó hasta las piscinas internas, donde en ese momento había alrededor de una treintena de persona, dentro del primero de los turnos programados en la sesión de hidroterapia.

Los vapores que emanaron del agua causaron irritaciones, náuseas y vómitos entre los clientes y el personal del balneario que, según fuentes del suceso, remarcaron entonces que entre los más perjudicados se encontraban precisamente los empleados que tuvieron que acceder en varias ocasiones al interior para ayudar a los usuarios a desalojar las instalaciones a la mayor brevedad.

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