«Ahora se nos sumarán los adoptados en el extranjero»

A partir del 2000 se produjo en Gipuzkoa el ‘boom’ de las adopciones internacionales, por lo que aquellos niños empiezan a alcanzar la mayoría de edad

Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZ

Hasta ahora, prácticamente la totalidad de las solicitudes que ha recibido el servicio de búsqueda de orígenes de la Diputación han sido por adopciones realizadas en el ámbito nacional. La razón es muy simple. Fue a partir del año 2000 cuando se produjo el ‘boom’ de las adopciones internacionales, por lo que la mayoría de esos niños son aún menores de edad.

A pesar de que el servicio del ente foral ha gestionado algún caso de personas adoptadas en el extranjero, reconocen que sus «posibilidades» de ayudarles en la búsqueda de sus orígenes biológicos «son más limitadas». La información de la que disponen es mucho menor que en el caso de las adopciones realizadas en el ámbito estatal, ya que el expediente del proceso siempre se queda en el país de nacimiento del niño. «Nosotros tenemos toda la información de la parte de la familia adoptiva», cuenta Itxaso Martín, «pero cada país tiene su propia legislación y no siempre es fácil conseguir la documentación».

Algunas personas no dudan en viajar al país donde nacieron para conocer más sobre sus orígenes. «Tuvimos el caso de una chica que fue, pero no quiso conocer a sus padres biológicos. Lo que quería es ver dónde había nacido. Estuvo paseando por el barrio en el que vivió sus primeros años y conoció también a una de las cuidadoras que le atendió en el orfanato», relata Martín.

Que no busquen los padres

Uno de los principales errores que cometen los padres que adoptan niños extranjeros es querer saberlo todo sobre su procedencia. «Está bien recopilar datos sobre su país y sus costumbres, pero el consejo que damos es que no sean los padres los que busquen. Algunos lo hacen pensando que es su deber, pero tiene que ser la persona adoptada quien tome esa decisión», afirma la trabajadora social de la Diputación de Gipuzkoa. «Puede que cuando crezcan sus hijos eso sea contraproducente, y les echen en cara que eso era algo que les correspondía a ellos. Además, depende de la información que puedan obtener de cómo se abandonó o se dejó a su hijo, esta puede mediatizar la crianza y educación de esos niños, algo que puede resultar perjudicial para ambas partes», añade Martín.

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