«No solo se puede, sino que se debe hacer ejercicio después de un ictus»

Iván Carbajo, jefe del servicio de Rehabilitación de la OSI Donostialdea, en el gimnasio donde se recuperan los pacientes./MIKEL FRAILE
Iván Carbajo, jefe del servicio de Rehabilitación de la OSI Donostialdea, en el gimnasio donde se recuperan los pacientes. / MIKEL FRAILE

Cada año hay 1.600 afectados en Gipuzkoa, el 10% menor de 60 años. «La actividad física es segura y necesaria para reducir el riesgo de sufrir un nuevo caso», afirma el jefe de Rehabilitación de la OSI Donostialdea

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Mañana se celebra el Día Mundial del Ictus, una enfermedad que ocurre de repente, y que según los últimos datos, sufren en Gipuzkoa cerca de 1.600 personas cada año. El afectado por ictus tiene 75 años de media y el 30% es mayor de 80, pero también crece la cifra de jóvenes que lo padecen. De los 1.600 afectados, 1.300 fueron atendidos en el Hospital Universitario Donostia y, de ellos, el 10% tenía menos de 60 años.

De manera repentina una pierna no les respondía o no les salían las palabras. De forma imprevisible, el flujo sanguíneo dejó de llegar a su cerebro y perdieron una función que poco antes estaba tan normal, como la capacidad de hablar, de mover y sentir un lado de su cuerpo, de mantener el equilibrio o, incluso, de ver.

Ante estas situaciones, el consejo es siempre llamar al 112, donde hay profesionales instruidos para identificar si se trata de un accidente cerebral y poner en marcha todo el proceso, porque en ese momento el tiempo es determinante. Tras llamar al 112, y ante la sospecha de un episodio cerebrovascular, se activa el 'código ictus', por el que se van preparando los recursos necesarios para ofrecer cuanto antes el tratamiento necesario.

«La rehabilitación ha de empezar lo antes posible, porque se consigue mayor grado de recuperación»

«En cuanto aguantan una o dos horas sentados en una silla se les lleva al gimnasio a entrenar»

«Los familiares preguntan si hay que dejarle hacer al paciente. Sí, lo que puedan hacer solos, que lo hagan»

Si se confirma que el paciente ha sufrido un ictus, la rehabilitación tras los tratamientos iniciales es muy importante, «ya que ayuda al cerebro a recuperarse», sostiene el jefe de Servicio de Rehabilitación de la OSI Donostialdea, Iván Carbajo, quien apunta que los estudios actuales son muy claros: «La rehabilitación ha de empezar lo antes posible, antes de la primera semana, siempre y cuando el paciente esté en condiciones para ello». Cuanto más precoz sea el inicio, mejor, considera el doctor. «Es fundamental porque durante esas primeras semanas es cuando, en la mayoría de los casos, se consigue el mayor grado de recuperación», abunda.

Cuando ingresa un paciente con ictus y se encuentra estable, «los médicos rehabilitadores le valoramos y prescribimos un plan de tratamiento individualizado». Es decir, adaptado a las características de cada paciente y basado en intentar conseguir objetivos funcionales concretos.

«Dicho plan se va revisando periódicamente y se va adaptando a la evolución de la persona», explica Carbajo. En función de las capacidades afectadas será tratado por fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y logopedas. «Es clave la comunicación entre todos estos profesionales para concretar objetivos en cada fase del proceso, tanto en la fase de ingreso como en la ambulatoria», sostiene el jefe de Servicio de Rehabilitación de la OSI Donostialdea.

Los pacientes, a ejercitarse

La rehabilitación se inicia durante la fase de ingreso en el Servicio de Neurología. «En cuanto aguantan una o dos horas en una silla, se les lleva al gimnasio a entrenar», apunta Carbajo. Tras recibir el alta de Neurología, los que mejor evolucionan salen del hospital y continúan la rehabilitación en su ambulatorio. Los que lo hacen más lentamente, «seguirán entrenando ingresados a nuestro cargo, en la planta de Rehabilitación, donde contamos con profesionales con gran experiencia y formación en el manejo de estos pacientes», señala el doctor.

La rehabilitación se fundamenta en la «plasticidad cerebral», o lo que es lo mismo, la capacidad de reorganizarse que tiene la corteza cerebral sana (la que no se ha visto afectada por el ictus) para poder suplir o compensar las capacidades perdidas. «Y sabemos que esa plasticidad es mucho mayor el primer mes y que responde positivamente a un tratamiento intensivo y basado en la repetición de tareas concretas», afirma el doctor.

Para llevar a cabo una buena rehabilitación «no hace falta ir a grandes hospitales ni disponer de maquinaria sofisticada», asegura Carbajo. Las claves son: la precocidad (cuanto antes mejor), la intensidad (cuanto más entrenen mejor) y el trabajo multidisciplinar (personal entrenado en neurorrehabilitación y con objetivos consensuados). Otro aspecto fundamental es la comunicación entre pacientes y familiares: tienen que entender qué hay que hacer y por qué, y ser parte activa de la rehabilitación.

Otro dato a tener en cuenta es la situación funcional previa. Es decir, cómo era esa persona el día antes de sufrir el ictus. Cuanto mejor sea dicha situación, lógicamente, mejor pronóstico tendrá. «Algo que nos preguntan los familiares es si al paciente hay que hacerle o dejarle hacer», a lo que el doctor Carbajo les responde que todo lo que puedan hacer solos (vestirse, comer, asearse) lo deben hacer, o al menos con la menor ayuda posible, aunque le lleve más tiempo. «Y todo lo que puedan hacer con la mano afectada también lo deben hacer. Si no, existe el riesgo de perder las capacidades conseguidas o de no llegar al máximo posible de recuperación».

De hecho, un mensaje fundamental que los rehabilitadores se esfuerzan en transmitir es la importancia de la repetición: «repetir y repetir tareas concretas de dificultad progresiva hasta conseguir realizarlas».

El «techo» de los seis meses

Los estudios dicen que la gran mayoría de los pacientes consiguen su mayor recuperación antes de los seis meses. «El trabajo por objetivos y las reuniones multidisciplinares nos ayudan a determinar cuándo hemos llegado a ese techo», afirma el jefe de Rehabilitación. En ese momento, «cuando a pesar de continuar con la rehabilitación no se aprecian mejorías, se decide finalizar con el tratamiento rehabilitador en nuestros centros», afirma Carbajo. Sin embargo, durante el tiempo de ingreso enseñan al paciente y a sus familiares a dar continuidad por su cuenta al trabajo de rehabilitación, siguiendo las pautas y ejercicios aprendidos.

No en vano, los familiares y cuidadores juegan un papel fundamental en la rehabilitación. «Necesitamos una actitud proactiva por parte de pacientes, familiares y cuidadores. Hay que transmitirles que tenemos 24 horas al día para seguir trabajando por la recuperación, no solo cuando vienen al hospital o al ambulatorio, y que deben seguir entrenando (en casa, en el polideportivo, o en el ambulatorio) una vez que ha finalizado la rehabilitación hospitalaria».

Sobre si es peligroso realizar deporte después de haber sufrido un ictus, el doctor Carbajo lo tiene claro: «No, al contrario. Es necesario y seguro porque mejora la capacidad funcional y disminuye el riesgo de sufrir un nuevo ictus». Cada vez es más habitual que los pacientes con ictus puedan realizar ejercicios aeróbicos como andar rápido o bici estática, por ejemplo. También de fuerza, como pesas o máquinas, durante la rehabilitación y después. «Hay que transmitirles el mensaje de que cansarse no es peligroso». De hecho, aproximadamente dos de cada tres pacientes que sobreviven al ictus consiguen ser autónomos para las actividades básicas de la vida diaria. «Durante el proceso, tenemos que tratar de enviar mensajes positivos y hacer hincapié más en lo logrado que en lo que queda por conseguir», concluye Iván Carbajo.

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