¿Solo pisos turísticos? La competencia de los hoteles se recrudece

El barco museo Mater, amarrado en Pasai San Pedro, abre sus camarotes por las noches a quienes quieran vivir la experiencia de dormir en una embarcación. / ARIZMENDI

En Gipuzkoa se pueden ya alquilar para pasar la noche cabañas, veleros, caravanas y hasta un barco-museo. La proliferación de páginas web en las que se ofertan alojamientos privados ha hecho que el paraguas de posibles estancias se multiplique

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Los hoteles del territorio en general y los de Donostia en particular cada vez tienen más competencia. Y no únicamente por la proliferación de hoteles que está habiendo en la capital en los últimos tiempos, sino más bien porque las formas de alojamiento se están multiplicando en los últimos años. Primero fueron los pisos turísticos o el intercambio de viviendas, pero la aparición de páginas web como Airbnb, en la que se publicitan viviendas privadas para ser alquiladas por noches, ha hecho que, en pleno agosto, aún haya hoteles en San Sebastián y en Gipuzkoa que no tengan colgado el cartel de 'completo' en su puerta. O, más que en su puerta, en páginas web como Booking, donde según reconocen los propios hoteleros «si no estás, es como si no existieras».

Atrás quedaron los tiempos en los que el turista viajaba a un lugar y pateaba las calles en busca de un alojamiento tradicional donde pasar la noche. Ahora, cuando la mayoría de gente tiene acceso a internet en su móvil, las posibilidades de encontrar un lugar donde dormir son mucho mayores. Además, los nuevos modelos de alojamiento, como el 'couchsurfing', por ejemplo, contribuyen a que hacer turismo no signifique necesariamente pernoctar en hoteles, pensiones o albergues, como se hacía casi en exclusividad hasta hace solo unos años.

El 'baldosing'

Sin embargo, hace unos días tres turistas demostraron en Donostia que no todo estaba inventado. En plena zona residencial de la ciudad, en la calle Duque de Baena, cercana a Miraconcha, pusieron en práctica el 'baldosing', que no es otra cosa que dormir al raso sobre las baldosas de una acera. Una idea que supera por completo el concepto de turismo 'low-cost' y que llenó de asombro a los vecinos que paseaban por la zona, poco acostumbrados a semejantes estampas turísticas.

Aunque, en realidad, el verano pasado una vieja furgoneta amarilla y blanca ya estuvo estacionada en esa misma calle, ofreciendo alojamiento para dos personas y «unas increíbles vistas de la Bahía de La Concha por solo 25 euros la noche». En el anuncio, que se podía encontrar en la web Airbnb, se leía que es «una forma divertida, diferente y económica de disfrutar de la maravillosa ciudad de San Sebastián».

Y esta semana, un anuncio similar en la misma web especializada en el alquiler vacacional de alojamiento entre particulares, ofertaba una autocaravana bajo la autopista AP-8, a su paso por el barrio donostiarra de Loiola. Sin embargo, la Policía Municipal de San Sebastián abrió un expediente sancionador al dueño del peculiar alojamiento, que deberá hacer frente ahora a una sanción por desarrollar una actividad ilegal.

Por su parte, los inquilinos que se encontraban en el vehículo, al parecer una pareja asturiana, podrían enfrentarse también a una multa que oscilaría entre los 50 y 200 euros por violar uno de los artículos de la ordenanza municipal de civismo, según la cual «no se podrá acampar, instalar tiendas de campaña o vehículos a tal efecto habilitados en terrenos públicos o privados que carezcan de autorización para ello», como era el caso de la autocaravana.

Una noche en el museo

Furgonetas y caravanas aparte y subidos a la ola del nuevo modelo de alojamientos, los gestores del barco museo Mater abren por las noches sus camarotes a aquellos que quieran experimentar lo que se siente al dormir en una embarcación. El Mater fue «el último atunero construido en madera», explican sus anfitriones en la web de Airbnb, y desde 2005 es un museo donde se muestra la forma de vida de los pescadores. «Como el barco es también un museo, durante el día no se podrá acceder a las habitaciones», avisan los responsables, que precisan que el servicio incluye desayuno, con entrada a partir de las 22.00 hasta las 24.00 horas y la salida será antes de las 10.00 de la mañana.

Donostia multó al dueño de la caravana que alquilaba a turistas para pasar la noche por «actividad ilegal»

El atraque del barco-museo se encuentra situado en el puerto pesquero de Pasaia, concretamente en el casco histórico de San Pedro. La embarcación dispone de 16 plazas en una única habitación compartida y, según los responsables, «durante la estancia habrá una persona de la tripulación a bordo, que facilitará las entradas y salidas del barco a través de la pasarela».

Los comentarios de quienes han dormido en este atunero son en general muy positivos. La mayoría coincide en que «lógicamente no tiene las comodidades de un hotel de cinco estrellas, pero es una experiencia diferente que gustará, sobre todo si se va con niños». Además, el Mater no para, ya que durante el día, una vez que los turistas han abandonado el barco, navega las aguas de la bahía pasaitarra hasta los acantilados de Punta Turrulla. Un recorrido que también está abierto a los turistas.

Y no es este el único alojamiento marítimo que se puede encontrar en Gipuzkoa haciendo una búsqueda en Airbnb. «Un velero con encanto, ideal para dos personas, restaurado con mimo y en una ubicación inmejorable» se ofrece en Hondarribia. A juzgar por la puntuación que le han dado los inquilinos que se han alojado en él, la experiencia ha sido satisfactoria. «Excelente en todos los sentidos. Precioso lugar, y buenísima ubicación para conocer Hondarribi. Cerca de los baños y los bares del puerto», señala uno de los alojados.

Una cabaña en Jaizkibel

A escasos kilómetros del velero amarrado en el puerto de Hondarribia, también existe la posibilidad de alojarse en una cabaña de madera con vistas al mar. «En las faldas del monte Jaizkibel, la cabaña está situada en un terreno privado con todas las comodidades. Un lugar acogedor para pasar unos días tranquilos», apunta el ofertante. Se trata de una pequeña caseta de 12 metros cuadrados con una pequeña cocina, y un baño con ducha», describe el propietario. Los dominios de este alojamiento campestre se completan con una terraza de diez metros cuadrados y un parking. El precio de la cabaña ronda en el mes de septiembre los 60 euros, si bien los dueños subrayan que «nuestra propuesta de alojamiento no es un hotel y, por lo tanto, los huéspedes deben de dejar la cabaña en el mismo estado de limpieza en que la hayan encontrado». Es decir, les tocará sacar la basura, recoger los utensilios de cocina, barrer y fregar el suelo».

Mariana, una de las últimas huéspedes de esta cabaña, describe su estancia como «inmejorable» y destaca el espectacular sonido «de los pájaros al despertar». El comentario termina, eso sí, como lo hacen algunos de los inquilinos en los otros alojamientos: «Lástima que no cuente con los servicios de un hotel».

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