«Antes dormía en hoteles de 5 estrellas»

Una veintena de 'sintecho' comparte un menú en una sociedad de Donostia preparado por voluntarios

Una de las voluntarias de CaixaBank sirve la comida a la cerca de una veintena de invitados. /Pedro Martínez
Una de las voluntarias de CaixaBank sirve la comida a la cerca de una veintena de invitados. / Pedro Martínez
ELENA VIÑAS

El comedor de Kresala, una sociedad situada en la Parte Vieja donostiarra, fue escenario ayer de una comida especial. Voluntarios de CaixaBank se ocuparon de organizarla, repartiéndose las tareas entre fogones, mientras esperaban a sus invitados. «¡Vamos! Faltan cinco minutos», apremiaba Jon Manterola a sus compañeros, todos ellos trabajadores de la citada entidad bancaria que dedican parte de su tiempo libre a colaborar con diversas causas solidarias.

«Es la segunda vez que preparamos una comida como ésta. La primera fue en noviembre en otra sociedad cercana», explicaba Manterola, refiriéndose a la iniciativa enmarcada en la denominada Semana Social de CaixaBank, que en Eukadi invita a sus empleados a participar en alguna de las 88 actividades propuestas por 36 entidades sociales locales. «En este caso, es la asociación Adra la que colabora. Han sido sus integrantes los encargados de convocar a personas sin hogar a que vengan. Hemos preparado un menú a base de sopa de pescado, carrilleras con puré y brazo gitano para treinta personas, pero no sabemos cuántas vendrán», indicaban los voluntarios.

La incógnita se despejaba con la llegada de los primeros comensales, cuyo número fue aumentando hasta superar ligeramente la veintena. Entre ellos se encontraba Nerea, una joven de 34 años que ha pasado cerca de doce meses en la calle. «Ha sido duro psicológica y emocionalmente», confesaba, recordando el tiempo en el que acudía a pernoctar al albergue Gaueko de Zorroaga. «No tenía ayuda de familia ni amigos. Ahora estoy empezando a salir adelante. Mi pareja y yo vivimos desde hace medio año en un local y busco trabajo. Estoy convencida de que de esto se sale», afirmaba.

El gesto de tristeza de su rostro recordando «esa temporada tan negativa» daba paso a la sonrisa al encontrarse con otros de los invitados a la comida que a punto estaba de comenzar, como Toni, un catalán que también sabe lo que es dormir a la intemperie o, en el mejor de los casos, en un cajero o en cualquiera de los albergues que se reparten por la ciudad. «Yo, que estaba acostumbrado a dormir en hoteles de cinco estrellas de España y toda Sudamérica...», ironizaba. Toni se define como una víctima de la crisis económica. «Era empresario hasta que las deudas me superaron -explicaba-. Pasé de tener dos casas y dos coches, gracias a dedicarme a la exportación y a la construcción, a quedarme sin nada por impagos. Sin casa, sin familia, sin trabajo...».

Pero Toni no se resigna a su destino. «En cuanto me recupere de un accidente que he sufrido, volveré a montar empresas como antes. Esto es algo de paso. No soy el único al que le ha ocurrido. Me he encontrado a otros amigos empresarios en la calle», aseguraba.

Toni compartía mesa con Carmelo, quien presume de que su vida «da para llenar las páginas de un libro», como el que escribió a modo de trabajo de fin de carrera un universitario. «Sacó matrícula de honor», decía orgulloso, tratando de resumir capítulos de una existencia «problemática» que le llevaron al alcoholismo con apenas 3 años de edad. Licenciado en Psicología y Criminología, Carmelo se quedó en la calle por una sucesión de desafortunadas circunstancias.

«Intenté salir dos veces, pero no lo logré. Ya no creía en nada hasta que la asociación RAIS y otros centros me ayudaron a dejar el alcohol. Voy camino de hacer una vida normal gracias a los trabajadores sociales», manifestaba. Él y sus compañeros coincidían en señalar que comidas como la celebrada ayer suponen «un gran apoyo».

Reparto de desayunos

La camaradería nacida bajo las leyes de la calle reinaba en la mesa de Kresala, la misma en la que se sucedían brindis, conversaciones y carcajadas, como en cualquier cita entre amigos. Eran testigo de ello Lourdes y Nerea, dos de las voluntarias de CaixaBank que ya conocían a algunos de sus invitados. «Desde hace dos años, los domingos solemos ir a repartir desayunos, a las 7.30 de la mañana, a quienes duermen en la calle y en cajeros de San Sebastián, con la asociación Adra. Es una experiencia muy bonita y gratificante. La gente es súper agradecida. El domingo pasado, que hizo tan mal tiempo, se sorprendían de que no faltásemos a la cita», declaraban.

El café y una bolsa con dos piezas de fruta, un sándwich, un zumo y una magdalena llenan sus estómagos; y las conversaciones con ellas, sus corazones. «Intentamos ayudarles también llevándoles ropa o los medicamentos que necesiten. Lo que nunca les damos es dinero. Hemos aprendido mucho y siempre volvemos a casa felices con la sonrisa que ellos nos regalan», concluían. Ayer también fue así.

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