«Hemos sobrevivido al infierno»

Tres supervivientes de ataques con ácido visitan Gipuzkoa para dar a conocer su historia de superación. Ritu, Sonya y Roopa son un ejemplo de las centenares de mujeres indias que rehacen sus vidas gracias a un proyecto solidario

Roopa Saa, Sonya Choudhary y Ritu Saini posando, con la sonrisa que les caracteriza, en la sede de Bekoz Beko en Pasai Antxo./ARIZMENDI
Roopa Saa, Sonya Choudhary y Ritu Saini posando, con la sonrisa que les caracteriza, en la sede de Bekoz Beko en Pasai Antxo. / ARIZMENDI
ELENA VIÑASSAN SEBASTIÁN.

Ritu Saini tiene 22 años y hace seis fue víctima de un cruel ataque, cuyas secuelas le acompañarán de por vida. Su primo le propuso matrimonio, pero ella le rechazó. «No quería casarme con él. Yo no le quería», cuenta. Como venganza por su negativa, pidió a un amigo que le consiguiera ácido y se lo arrojó a Ritu en el rostro, borrando para siempre sus facciones y haciéndole perder uno de sus ojos. «La gente que estaba alrededor en ese momento no hizo nada. Si me hubieran ayudado, probablemente hoy conservaría mi ojo, pero tardaron en llevarme al hospital», se lamenta.

Estuvo ingresada durante dos meses y cuando le dieron el alta, se recluyó en casa cerca de un año. «No quería que nadie me viera. Recuerdo que me tapaba la cara. Sentía dolor y mucha pena», explica con gesto serio, aunque sin ápice tristeza ni sombra alguna de autocompasión en su voz. Su relato es el de una joven que ha superado los momentos más oscuros de su vida, aunque no ha sido fácil.

Salió de su aislamiento cuando supo por una noticia publicada en el periódico de la existencia de la campaña Stop Acid Attack, promovida por una fundación que ayuda a las víctimas de la que sin duda es una de las formas de violencia más extrema contra las mujeres. Su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Comenzó a trabajar en 'Sheroes Hangout', una cafetería situada en la ciudad de Agra, al norte de India, donde rehacen sus vidas media docena de «supervivientes», como ellas mismas se definen.

Tras meses hospitalizadas y recluidas en sus casas, han salido adelante gracias al café 'Sheroes Hangout'

Fue allí donde conoció a otras chicas condenadas a ver para siempre en el espejo las quemaduras y cicatrices que borran cualquier rastro de esa belleza que otros anhelaron. Ese es el caso de Sonya Choudhary, de 33 años, a la que un vecino atacó en 2004, obligándola a permanecer un mes y medio en cuidados intensivos y tres años postrada en una cama como consecuencia de la gravedad de sus heridas. «Durante seis años sufrí muchos dolores por las infecciones que padecía. Ahora estoy bien, pero no veo por el ojo derecho», explica.

Roopa Saa sí logró recuperar la vista dos meses después de que su madrastra la desfigurara siendo apenas una adolescente. «Cuando mi padre se casó con ella, no aceptó que fuera parte de su misma familia. Tenía su propio hijo y quiso matarme. Mi tío me ayudó mucho, llevándome con él a su casa hasta que entré en la fundación», señala esta joven de 24 años de edad.

'Sheroes', el pequeño establecimiento hostelero cuyos clientes son fundamentalmente turistas, se convirtió en un refugio en el que todas ellas pueden sentirse «protegidas», pero también en el medio para «ser independientes». Quienes traspasan la puerta del local se encuentran un espacio lleno de color en el que son las protagonistas y aseguran sentirse «queridas». Es el lugar en el que, además, vuelven a creer en sus sueños, porque entre las cuatro paredes de 'Sheroes' unas diseñan prendas de ropa, otras pintan, algunas hacen tatuajes de henna a los visitantes y hay hasta quien baila, ahuyentando la sombra de la tristeza.

«A mí, me gusta ayudar a los demás y he comenzado a trabajar como esteticista. Les maquillo. Algún día espero abrir mi propio centro de belleza para poder mantener a mi familia», confiesa Sonya. Otras jóvenes como ella han hecho realidad sus planes gracias a las campañas de crowdfunding avaladas por la solidaridad internacional.

Roopa ha conseguido convertirse ya en la responsable del popular café, que desde hace poco tiene dos sucursales más en el país, mientras que Ritu, quien ocupó ese mismo puesto durante dos años, ha pasado a regentar un centro de rehabilitación abierto en Delhi para mujeres que han sido atacadas con ácido. Es un paso intermedio a su desembarco en 'Sheroes'.

Cientos de ataques por año

Los de Ritu, Sony y Roopa son un ejemplo de los pequeños milagros que se hacen realidad día a día gracias a Chhanv Foundation, la asociación creada por Alok Dixit, un periodista casado con una joven que también fue víctima de este tipo de violencia. «Cada año la sufren entre trescientas y cuatrocientas personas en India. El 70% son mujeres», declara Dixit, quien en la actualidad centra sus esfuerzos en que el gobierno prohiba o restrinja al máximo la venta de ácido .

La fundación que las ayuda trabaja para que el gobierno prohiba la venta de ácido en India

Según explica, «comprarlo es ahora mismo en India tan fácil como para los occidentales adquirir una botella de agua mineral. Queremos que las autoridades se impliquen para parar esto. Que sean conscientes de que es un crimen. También hay que sensibilizar a la gente para que comprenda que no solo hay una víctima por cada ataque que pueda ocurrir, sino que toda la familia de ésta lo sufre. El nuestro es un país tan grande que si no nos comprometemos todos, no podremos cambiar lo que está sucediendo».

«Un ejemplo de superación»

Las tres jóvenes y el responsable de Chhanv Foundation han salido por primera vez de India para visitar estos días Gipuzkoa gracias a un proyecto puesto en marcha por la asociación Bekoz Beko de Pasaia, que lucha contra la violencia machista. Su principal objetivo es dar a conocer en el territorio la campaña Stop Acid Attack, aunque éste no es su único propósito. «Para nosotras, estas mujeres suponen todo un ejemplo de superación», asegura Izaskun Barbier, integrante de Bekoz Beko. «Queremos que su mensaje tan positivo ante la vida y sus ansias de superación lleguen a otras mujeres que también lo estén pasando mal para que les ayude a salir adelante. Si ellas han podido con lo que están viviendo, cómo no vamos a ser capaces nosotras también de hacerlo», añade.

Su narración sorprende a cuantos las escuchan. «Querían matarnos en vida. Nos mandaron al infierno, pero sobrevivimos y hemos sido capaces de reinventarnos. Ahora somos felices», aseguran Ritu, Sonya y Rooopa.

Ya no se ocultan de la mirada, unas veces curiosa y otras de compasión, que les regalan quienes las ven por vez primera. Al contrario. Pintan sus labios con carmín y delinean los párpados que hubieron de someter a varias operaciones para que pudieran volverse a abrir. Tampoco evitan su reflejo en el espejo. Incluso disfrutan haciéndose 'selfies' con sus anfitrionas en Pasai Antxo. Y por encima de todo, no dejan de sonreír. No es de extrañar que el lema de las camisetas que visten en su trabajo sea 'Mi belleza es mi sonrisa'.

Bekoz Beko confía en que sus vivencias ayuden a otras mujeres que también lo están pasando mal

Alok Dixit recuerda que no siempre fue así. «Antes nunca habían contado su historia porque se sentían culpables de lo que les había sucedido. Cuando descubrieron que otras mujeres habían pasado por lo mismo, les ayudó. Ahora cuentan sus historias y las de las demás. Saben que sufrieron un crimen y son supervivientes», apunta.

Las integrantes de Bekoz Beko aspiran a mantener una alianza solidaria con las mujeres de 'Sheroes'. «Les prestaremos nuestra ayuda, aunque no pueda ser económica», dice Cristina Aguirrebeña, otra de sus componentes, que apela a la solidaridad de los médicos para que les presten asistencia, ya que sufren secuelas, sobre todo en la vista, y las operaciones son «demasiado caras».

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