«Sin mi perro no voy a ningún albergue»

Las instituciones han activado el protocolo de atención a los sin techo por el frío intenso. Algunos de ellos se resisten a ir. Estas son sus historias

Iñaki y su perro Lucky se disponen a pasar la noche bajo los soportales de la Plaza Cataluña del barrio donostiarra de Gros./Sara Santos
Iñaki y su perro Lucky se disponen a pasar la noche bajo los soportales de la Plaza Cataluña del barrio donostiarra de Gros. / Sara Santos
IGNACIO VILLAMERIEL

Desde el puente María Cristina de San Sebastián se aprecia que hay nieve en las faldas del monte Adarra. Hace frío, quizá no tanto como hace unos días, pero quienes visitan el mercadillo de Navidad de Donostia van bien pertrechados. Hay más gente de la habitual porque al día siguiente es festivo, la Real juega en Anoeta y en el cercano barrio de Gros muchos bares tienen pintxopote. En la plaza Cataluña transitan muchos jóvenes. Un bulto se aprecia debajo de unos soportales y algunos viandantes lo ojean un segundo, pero a continuación siguen con su ruta. Quienes se acercan a él escuchan la música que proviene de un pequeño transistor. Suena 'Welcome to the Jungle', (Bienvenidos a la jungla) de Guns N' Roses. Un hombre duerme dentro de un saco, envuelto además en varias mantas. Al oír pasos que se acercan, se despierta sobresaltado para ver las intenciones de su interlocutor.

«No tengo frío, mi perro Lucky me calienta. Bueno, nos damos calor mutuamente», dice Iñaki, un bilbaíno que lleva doce años viajando por todo Europa en bici, acompañado de su mascota. «Te aseguro que he estado en sitios en los que hace más frío que aquí, esto no es nada», asegura. «Además, no me preocupan tanto las bajas temperaturas como que me puedan hacer algo mientras duermo, por eso dejo la radio encendida, para que la gente no sepa si estoy dormido del todo o, simplemente, dormitando».

«Aún así, por mucho frío que hiciera, tampoco acudiría a ningún albergue contra el frío de los que se habilitan en invierno por la sencilla razón de que yo de este no me separo pase lo que pase», dice señalando con la barbilla a su perro.

Iñaki no es por tanto una de las 24 personas que el pasado 2 de diciembre hicieron uso del Servicio adicional de Puertas Abiertas (SPA) que el Ayuntamiento de San Sebastián activa las gélidas noches de invierno para ofrecer un lecho a personas sin hogar que pernoctan en la vía pública. «Las siglas SPA no son muy apropiadas, quizá», reconocen fuentes municipales.

El consistorio donostiarra ofrece a lo largo de todo el año 80 camas a personas sin hogar en los albergues de Intxaurrondo y en el Gaueko Aterpea de Zorroaga, donde hay 40 camas en cada uno de ellos. Sin embargo, entre el 15 de noviembre y el 1 de abril pone en marcha este servicio adicional denominado de «Puertas Abiertas» aquellas noches en las que prevén gélidas temperaturas para poder acoger de urgencia a personas que duermen en la calle. «Para que se active, previamente tiene que haber una alerta por heladas, ya sea de Euskalmet, de Aemet, o de France Meteo», explican las mismas fuentes.

El banco de la Plaza Cataluña

En la misma plaza Cataluña, a escasos metros de los soportales donde descansa Iñaki, Agurtzane está sentada en un banco e intenta encender un cigarrillo sin conseguirlo. «Soy guipuzcoana y llevo ya bastantes años en la calle». Al intentar explicar el porqué, duda durante unos segundos: «Supongo que por una mezcla de condicionantes externos e internos», reconoce al fin.

A Agurtzane tampoco le hace especial ilusión lo de pasar las noches en un albergue. «No sé, no me gusta dormir con otras personas», asegura, «y en el caso de las mujeres, además...», pero no completa la frase. «Yo tengo mi txoko, al que voy todos los días a dormir, y ahí no paso frío», afirma después de conseguir encender por fin el cigarro. En ese momento se levanta, recoge sus bolsas y se encamina por la calle Zabaleta en dirección a Sagüés.

Agurtzane se enciende un cigarro en un banco de la Plaza Cataluña antes de retirarse a su «txoko» a dormir.
Agurtzane se enciende un cigarro en un banco de la Plaza Cataluña antes de retirarse a su «txoko» a dormir. / Sara Santos

En el momento en el que se activa el protocolo por temperaturas gélidas se informa a la Policía Municipal, Ertzaintza, Osakidetza y entidades sociales para que expliquen a los afectados que se esperan condiciones meteorológicas realmente adversas y que tienen la posibilidad de dormir a cubierto en una cama en el albergue Abegi de Marrutxipi. «En principio no podemos obligar a nadie a acudir si esa no es su voluntad, pero hay una salvedad: si vemos que alguna persona corre serio riesgo si se queda en la calle, pedimos la evaluación de un médico de Osakidetza. Y si el facultativo considera que la vida de esa persona corre peligro, le trasladamos a este servicio quiera o no quiera», afirman desde el Ayuntamiento donostiarra.

El pasado invierno, el también llamado «local del frío» se abrió siete noches entre el 15 de noviembre y el 1 de abril y fue utilizado «por 100 personas exactas». El primer día que abrió fue precisamente en Nochevieja, ya que hasta esa noche no había habido alertas de ninguna de las tres agencias referidas anteriormente.

En la calle Secundino Esnaola, también del barrio de Gros, un colchón y varias mantas en el suelo frente a un cajero anuncian que alguien más se dispone a pasar la noche al raso. En el interior de una sucursal bancaria de esa calle, un hombre de cierta edad intenta descabezar un sueño. Prefiere no dar su nombre. «Dormir, lo que se dice dormir, no duermo mucho, pero por lo menos aquí dentro no pasamos frío», reconoce en plural. Por los enseres esparcidos por el cajero se ve que más de una persona piensa pasar ahí la noche. El ambiente está cargado, el aire estabulado, y huele a humanidad.

Entonces aparece Mikel, vestido con ropa de abrigo, barba poblada y media melena. Está hablador. «Soy de Pamplona, pero me fui de casa el mismo día que cumplí los 18 años. ¿Por qué? Me dio el puntazo», dice con deje navarro. «Me despedí del curro, me fui al bar de un colega, celebré mi cumpleaños y me largué», explica. «Primero a Madrid, luego a Cuenca, a Barcelona, a Cádiz...», enumera.

«Pero en Cádiz hay mucha pobreza, más que por aquí», dice mientras se come un mendrugo de pan. «Prefiero el norte, porque soy como la cabra que tira al monte. El sur me gusta pero para un ratico». Mikel tiene ahora 38 años, «llevo 20 años en la calle, aunque a temporadas he estado un poco más parado», sostiene. «Incluso volví a Pamplona a vivir con mi madre un tiempo largo pero al final, si estamos una temporada juntos, nos hacemos daño mutuamente y yo no quiero eso. Aún así me llevo muy bien con ella», reconoce.

Mikel afirma no acudir a ningún albergue «porque no tengo ganas de aguantar normas de nadie ni que nadie me aguante mis cosas». Además, tampoco quiere separarse de Micra, su perra y compañera de viaje. «Está conmigo las 24 horas y hasta ahora nunca me ha fallado», relata mientras cuenta las monedas que los viandantes le han dejado en una gorra.

Un sintecho pasa la noche en el cajero de una sucursal bancaria del barrio de Gros en Donostia.
Un sintecho pasa la noche en el cajero de una sucursal bancaria del barrio de Gros en Donostia. / Sara Santos

«Al Aterpe de Cáritas voy muy de vez en cuando a darme una duchita y a lavar la ropa, pero no a dormir. Nunca. Yo no dejo a mi perra encerrada en una jaula sola ni loco. No he nacido para encerrar a un animal en una jaula para yo poder dormir más cómodo. Para eso no la habría cogido», dice el navarro, que antes de recalar en las calles de Donostia había pasado tres años en una casa okupa de Andoain «hasta que se quemó y me vine para aquí».

«En verano no tenemos problema, pero en invierno es más jodido por el frío, la humedad y la lluvia, así que nos solemos resguardar en algún cajero. El único pero es que la luz no se apaga en toda la noche, pero estamos acostumbrados a dormir durante el día», concluye Mikel.

Suben los sin techo 'veteranos'

Según el último recuento elaborado por el Departamento de Políticas Sociales del Gobierno Vasco, la situación del 28% de los sin techo se cronifica con el paso de los años. Aunque la presencia de quienes viven en la calle desde hace menos de doce meses sea la mayoritaria (30%), la gravedad se cierne sobre las cerca de cien personas sin hogar que llevan más de cinco buscando cada noche un lugar en el que guarecerse, una cifra que en Euskadi ha crecido cuatro puntos desde el anterior estudio en 2014.

Un recuento realizado en todo el País Vasco en octubre de 2016 localizó en Donostia a 44 personas durmiendo en la calle. El perfil del sin techo sería el de un varón, autóctono, de 45 años que carece de estudios o únicamente tiene superada la educación primaria.

Este otoño, el Servio de Puertas Abiertas abrió por primera vez sus puertas casi un mes antes que hace un año, el pasado día 2. «Un total de 24 personas hicieron uso esa noche del servicio, que incluye la habilitación de 40 camas de refuerzo en el albergue Abegi de Marrutxipi para las noches en las que hay activada alguna alerta por bajas temperaturas o heladas en la costa».

Gracias a esta red, en caso de aviso por bajas temperaturas «se informa a las personas sin hogar que tenemos localizadas de que se procederá a la apertura del servicio, en el que pueden pasar la noche y donde personal del departamento de Acción Social les atiende con bebida caliente y, en caso de necesidad, ropa limpia», detallaron desde el Ayuntamiento de San Sebastián. Las puertas del Servicio de Puertas Abiertas se abren de 22.30 de la noche a 7.00 horas de la mañana en horario ininterrumpido.

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