La Silicon Valley donostiarra

Seis investigadores de Ikerbasque explican la eclosión que ha vivido la ciencia en la ciudad en los últimos años

Los seis investigadores de Ikerbasque posan en la sede de Nanogune en San Sebastián./MICHELENA
Los seis investigadores de Ikerbasque posan en la sede de Nanogune en San Sebastián. / MICHELENA
IRAITZ VÁZQUEZ

Son seis exponentes del magma científico que cada día gana fuerza en San Sebastián. Investigadores jóvenes que llevan a cabo sus trabajos en una ciudad que se ha convertido en «un oasis dentro de España» en lo que a ciencia se refiere, coinciden. No se conocen de nada, alguno apenas de vista, y provienen de distintos lugares del planeta. Pero tienen un denominador común. Pertenecen a la fundación Ikerbasque, impulsada en 2007 por el Gobierno Vasco con el objetivo de «reforzar la investigación científica en las administraciones y empresas» de Euskadi.

En los últimos meses el trabajo en investigación que se realiza en San Sebastián ha recibido un gran espaldarazo con publicaciones en revistas tan prestigiosas como Science o Nature. Y que han servido para mostrar a la sociedad el talento que se esconde tras ellos en esta Silicon Valley donostiarra, a pequeña escala. Una muestra de que los pasos que se están dando van buen por el buen camino. «Se está haciendo una apuesta muy importante y se están viendo los resultados», explica la donostiarra Idoia Alonso, lainvestigadora del Instituto Biodonostia que ha vuelto a casa después de varios años en Estados Unidos.

Sus datos

Thomas Schäfer, Alemania
Trabaja en polymat con tecnología de membranas para purificar el agua.
Aitziber López Cortajarena, Bilbao
Bioquímica en CIC Biomagune que basa su trabajo en la ingeniería de proteínas.
Clara Martin, Francia
Investiga desde hace cinco años en el BCBL, principalmente sobre bilingüismo.
Andreas Seifert, Alemania
Trabaja desde hace dos años en Nanogune en el campo de óptica.
Coque Mateo Alonso, Madrid
Trabaja en Polymat en investigaciones centradas sobre todo en el grapheno.
Idoia García, Donostia
Investiga en Biodonostia tumores del sistema nervioso, se centra en niños.

Clara Martin, Thomas Schäfer, Andreas Seifert, Coque Mateo Alonso, Aitziber López Cortajarena y la propia Idoia García provienen de distintas disciplinas científicas, pero los seis han coincidido en San Sebastián para dar un impulso o estabilizar sus carreras. Estos investigadores Ikerbasque destacan sobre todo «la estabilidad» que da una beca como la que ofrece el Gobierno Vasco. «Para los investigadores no conozco otro contrato que sea tan estable como este», reconoce la donostiarra. Y es que la vida de los investigadores del siglo XXI es muy nómada. Viajan de un lugar a otro en busca de oportunidades para avanzar en sus carreras. Una circunstancia con la que viven de manera natural. «Hay momentos en los que te da igual ir de un lado para otro pero llega una etapa en la que te tienes que estabilizar», recalca el madrileño Mateo Alonso, investigador de Polymat.

Fijar su residencia en un lugar no es una cuestión baladí para estos seis 'ikerbasque'. Es una circunstancia a la que dan un valor «muy importante». Valoran sobre todo que se «apueste a largo plazo por la investigación como se hace con este programa», reconoce Aitziber López Cortajarena, bioquímica que trabaja en el CIC Biomagune de la capital guipuzcoana. Esta bilbaína estuvo cinco años en Estados Unidos desarrollando su carrera como investigadora aunque siempre tuvo «en el horizonte volver a casa». Su aterrizaje en San Sebastián les ha proporcionado de momento cierta «estabilidad gracias a la cuál, no tenemos que perder el tiempo buscando becas, trabajos o contratos de otro tipo», añade Alonso.

Entorno «ejemplar»

El alemán Thomas Schäfer va un paso más allá y hace hincapié en que el programa «no hace que pierdas el tiempo en chorradas, en realidad te permite centrarte al 100% en lo que realizas». Y es que estos seis investigadores sobre todo agradecen que la beca Ikerbasque les deje tiempo para investigar: «Para un investigador es importante el hecho de no dar clases porque te da la oportunidad de centrarte y enfocarte más en tu carrera». Una clave de ese éxito que se está viviendo los últimos meses.

La estabilidad y un entorno «ejemplar» para la investigación científica, donde han ido surgiendo distintos centros de referencia mundial, han conseguido una eclosión que ha dado como resultado que estos últimos meses se hayan publicado importantes estudios en Science o en Nature. «No puedes trabajar en una disciplina solo y llevarlo adelante. Al final hay conexiones no directas entre muchos campos, pero lo que investigan otros te afecta de una manera u otra. Luego muchas veces se acaban uniendo. Hay campos que son más afines pero en general es positivo que sea un lugar en el que se tocan tantas disciplinas».

Para ello, reconocen que el hecho de que Donostia sea una ciudad pequeña «que la puedes recorrer en bicicleta de un lado a otro en muy poco tiempo ayuda», dice Mateo Alonso. Andreas Seifert, que trabaja en Nanogune, pone en valor el trabajo en común que se lleva a cabo entre centros de distintas disciplinas: «Tenemos muchas conexiones con Biomagune, con Biodonostia y con otros centros de la UPV/EHU. Es una red muy buena». Una colaboración que en palabras de García provoca por ejemplo que «nazcan proyectos más grandes. Mejora la calidad de tu trabajo».

Uno de los hándicap a los que tienen que hacer frente en muchas ocasiones los investigadores es la falta de financiación que se encuentran para desarrollar sus proyectos. Una circunstancia a la que tampoco es ajena la investigación en San Sebastián. Mateo Alonso asegura que «sí que existe diferencia en comparación con otros países, aunque la ciencia que se hace sea igual en todas partes. Estar fuera forma parte de la carrera de los investigadores y luego uno se mueve en esa línea. Es cierto que miro a Alemania y noto una diferencia económica grande», constata el investigador. Eso sí, se congratula de que por ejemplo Euskadi sea «un oasis a nivel nacional», aunque advierte de que hay que seguir trabajando.

Su colega alemán Andreas Seifert matiza la sentencia. «En Alemania hay más dinero pero allí también es un problema». Según señala, en su país tampoco es oro todo lo que reluce en cuanto a investigación. «La situación está empeorando. Es un país muy competitivo, además los retos científicos no son los más grandes. Los desafíos económicos de financiación son los problemas más importantes. Hay muchas ideas para proyectos pero hay que saber cómo puedes desarrollar esas ideas».

Los tópicos alemanes

Su compatriota Schäfer incide en que bajo su punto de vista el hecho de que la ciencia alemana esté bien vista es un tópico más al que se tiene que enfrentar fuera de sus casas. «Tenemos la suerte de ser alemanes, porque si fuéramos de otro país, por ejemplo Nigeria, a lo mejor nuestro trabajo lo valorarían mucho menos. Y hay que reconocer que aquí también las cosas se hacen bien» en lo que a investigaciones científicas se refiere.

La donostiarra Idoia García se quedó sorprendida cuando aterrizó en Estados Unidos y se dio cuenta de la buena fama que tienen los investigadores españoles en el exterior. «Siempre se habla de nosotros sobre que comemos paella y estamos todo el día de fiesta. Y antes de ir allí no sabía lo bien que estábamos valorados. Seguramente se nos tenga más en cuenta fuera que en nuestra propia casa», se lamenta.

A la francesa Clara Martin, que trabaja en el BCBL no le ha chocado tanto el cambio cultural sino la manera de funcionar que se ha encontrado en Ikerbasque. «He trabajado casi toda mi carrera en España pero de lo que conozco de Francia y Gales la diferencia es grande. Lo que me gusta es que yo veo un poco a los investigadores aislados, centrados en lo que realizan, sin tener que atender a una carga de trabajo administrativo enorme como en otros lugares». Martin, que trabaja en torno al bilingüismo, reconoce que trabaja en un entorno que considera «positivo. Paso el 99% de mi tiempo haciendo investigación. Y el hecho de no estar aislados sino ser un grupo multidisciplinar permite que estemos en continuo contacto».

Todos ellos hablan maravillados del ambiente científico que se han encontrado en San Sebastián. Una ciudad que respira ciencia por los cuatro costados, según indican: «La ciudad vive la ciencia. Si ves cuántos seminarios hay sobre ciencia te quedas alucinado. No conozco otro lugar en el que haya tanto interés». Mucha gente que no es académico va a los cursos. A mí me sorprende mucho». Unas palabras con las que está de acuerdo López Cortajarena quien señala que «la gente empieza a conocer esa labor que se realiza en Donostia. Veo una cobertura amplia de los medios y hay un gran trabajo de acercamiento a la sociedad».

Sobre la financiación que aportan los gobiernos para la investigación en Euskadi, todos ellos reconocen que «a lo mejor falta algún cero». Aún así, «como cada vez somos más investigadores de Ikerbasque, la competitividad es mayor a la hora de pedir financiación». En cuanto a los objetivos, «no se pueden predecir porque la ciencia es un trabajo de muchos años». Mientras que Thomas Schäfer se congratula de que a pesar de los cambios de gobierno «el programa haya seguido adelante. No tienes la incertidumbre de estar pensando de cuatro en cuatro años. Esto te da confianza».

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