Vivir solo, una tendencia al alza en Gipuzkoa

Alberto Franco, uno de los guipuzcoanos que viven solos, en su casa en plena faena./ MIKEL FRAILE
Alberto Franco, uno de los guipuzcoanos que viven solos, en su casa en plena faena. / MIKEL FRAILE

Alberto, Gala y José Ignacio son tres de los 72.400 guipuzcoanos que no comparten piso con nadie, una cifra que crece cada año. Ellos lo hacen porque quieren

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Alberto Franco se fue de vacaciones dejándose sin querer la ventana de la cocina abierta y a la vuelta se encontró en la mesa un nido con sus correspondientes polluelos dentro. «La vecina de abajo me echó la bronca diciendo que le estaba tirando mierdecilla desde el balcón, y yo le aseguré que llevaba fuera tres semanas». Al ver el nido y comprobar el ir y venir de los gorriones llevándoles comida a sus crías lo comprendió todo. Bajó los polluelos a la tienda de animales, se disculpó con la vecina, y tiró el nido a la basura. «Una cosa asquerosa, por cierto».

En ese momento echó de menos la época en la que aún vivía con sus padres, y éstos podían tapar sus despistes. «Pero de todo se aprende en esta vida, y toda vivencia nueva es enriquecedora». Alberto es uno de los 72.400 guipuzcoanos que viven solos, una cifra que no para de crecer. Para Alberto vivir así tiene más ventajas que desventajas: «Cuando vuelves de farra siempre te puedes encontrar con una chica que también se retira y le puedes invitar a tomar la última en tu casa», dice con una sonrisa pícara.

8
millones
8
de personas viven solas en Francia, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee).
4.611.100
personas
viven unipersonalmente en el conjunto del Estado, según el INE
Cada año, la cifra sube en torno a 100.000 personas.
244.000
vascos
residen en solitario
Un número que también ha ido aumentando. Hace dos años eran 241.000 y hace tres 239.400.
72.400
guipuzcoanos
viven solos
Una cifra que ha ido aumentando en los últimos años. Hace dos años eran 72.100 y hace tres 70.700 personas.

«Esa es una ventaja de la que solo dispones si vives solo, y que no puedes tener cuando estás en casa de tus padres. Aunque yo lo hice alguna vez», reconoce entre risas. «Pero tuve que esperar hasta que les escuché roncar profundamente», afirma bromista. «Por eso, cuando me independicé, procuré quedarme en un sitio relativamente céntrico», desvela este amaratarra que vive de alquiler en el antiguo piso de un portero en la calle Isabel II. «Si ya de por sí es difícil ligar aquí, si encima te vas al extrarradio no pillas ni de coña», sostiene burlón.

Alberto Franco: «Al volver a casa de farra siempre le puedes invitar a alguna chica a tomar la última más tranquilos...»

«No, en serio, llegar a casa y tener tu autonomía no tiene precio», considera este incondicional realzale que a más de uno le sonará por haber gestionado la colas de Anoeta para el partido de Champions contra el Manchester United.

Alberto decidió irse a vivir en solitario en torno a la treintena. Le iba bien en su trabajo de comercial y decidió que era el momento de volar del nido, en este caso del familiar, para poder conseguir una independencia que consideraba «necesaria».

Anteriormente había vivido en Madrid compartiendo piso mientras estudiaba e intentaba labrarse un futuro como actor, su verdadera vocación, que le ha permitido salir en series como 'Águila Roja'. Alberto opina que en la casa de los padres se vive muy bien y que se tienen una serie de comodidades que a la hora de independizarte «pierdes», pero cree que «cuando vas cumpliendo años y consigues una estabilidad laboral es vital independizarse. Primero, por abrir una nueva etapa, y segundo por volar del palomar paterno y enfrentarte a nuevos retos en solitario».

Para este donostiarra, otra de las ventajas es que «es tu casa y son tus reglas». Sin tener la presión de andar pendiente de no «molestar» a tus padres y al resto de la familia. «Tener todo el sofá del salón para ti solito no tiene precio», asegura, «y bueno, hacer cenas y fiestas ya ni te cuento».

Gala Izaguirre: «Soy muy anárquica en mis horarios, y eso con una vida compartida es difícil de poder llevar»

En cuanto a la principal desventaja lo tiene claro, «la que mes a mes te viene recordando que vives solo, el pago del alquiler». Alberto, que lleva ya tres años viviendo en solitario suma también como contra «el hecho de que no haya nadie que te haga las labores domésticas». Aún así, asegura que la experiencia de vivir solo «ha sido y es, positivísima», y opina que todo el mundo debería pasar por ella alguna vez, «aunque solo sea para encontrarse con uno mismo». Concluye filosófico: «Lo malo es que hagamos de la soledad nuestro modo de vida».

«Buey solo, bien se lame»

Gala Izaguirre nació y vivió en Donostia hasta los 22 años. A esa edad se casó y trasladó su residencia a Aragón, donde estuvo más de tres décadas. Tras divorciarse hace diez años decidió volver a sus raíces «y creo que es la mejor decisión que he tomado en mi vida», valora. Se instaló en solitario en la calle José María Salaberría de San Sebastián, donde afirma estar muy feliz.

«En Aragón dicen que buey solo bien se lame», sostiene divertida, y se esfuerza en dar fe de ello: «Yo siempre digo que la soledad es libertad». Al contrario de la «película que nos han contado siempre de que la soledad es mala, yo la veo como algo necesario y positivo».

«Siempre he creído que cuando pasas momentos más bajos, con que tengas a una persona a la que le puedas decir: 'Estoy fatal, ¿puedes estar una tarde hablando conmigo?', la soledad ya no existe», opina. Sin embargo, a continuación añade: «Hombre, si eres una persona que no se relaciona con nadie a lo mejor no, pero yo soy muy extrovertida y no tengo ese problema», reconoce.

De hecho, para Gala «la soledad es lo más grande del mundo», porque se considera un persona muy «anárquica» que un día se acuesta a las 4 de la madrugada «después de estar horas leyendo». Otro se levanta a las seis de la mañana, se prepara un tazón de chocolate y se pone a pintar. «Y eso, si tienes una vida compartida con un marido o con una pareja, es más difícil», asegura.

José Ignacio Martiarena: «Para comer contrato un catering que me trae la comida a casa. No me apetece mucho cocinar»

Gala está «encantada» de vivir en solitario porque asegura tener la vida «bien ocupada». Hace mucho voluntariado, «así que cuando llego a casa me apetece estar tranquila y a mi bola». Según ella, ese es el secreto para combatir el sentimiento de soledad que a todo el mundo le embarga alguna vez. «Procuro ir al cine, a conciertos... Soy aficionadísima a la música, porque creo que te salva de muchas situaciones malas».

Para esta donostiarra, el principal inconveniente que encuentra a vivir sola es la posibilidad de sufrir un accidente casero y que nadie se entere. «Por eso llevo el botón de teleasistencia, por si me pasa algo. Y al menos sé que si me caigo y me rompo una pierna van a venir enseguida a echarme una mano». Otra de las desventajas para Gala, más banal en este caso, es que echa en falta a alguien que le ayude a abrir «esos abre fáciles que en realidad son 'abre difíciles'», dice entre risas.

Gala Izaguirre, que ha vivido las dos facetas, acompañada durante años y ahora sola, lo tiene claro: «Lo ideal es vivir en solitario con pareja a ratos. O sea con un novio. Porque a mí la convivencia con un hombre me parece maravillosa pero a veces pensaba 'a ver si se va unos días que me apetece estar sola'», reconoce entre carcajadas. Y sentencia: «El silencio me parece que es un sonido precioso. Soy muy lectora y para eso es necesario estar tranquila y no tener demasiadas interrupciones».

«Haces lo que te da la gana»

José Ignacio Martiarena nació en la Parte Vieja donostiarra y regentó durante mucho años el bar Loretxu de la Fermín Calbetón. A consecuencia de una lesión en los ojos tuvo que dejar su negocio y «me puse a vender cupones de la ONCE, en la zona del Alto Deba, donde soy muy conocido». Allí vivía con su familia hasta que se divorció. Y ahora, una vez jubilado, se ha trasladado en solitario a un piso del barrio de Amara en Donostia.

«Llevo ya tres años viviendo solo. Lo peor, sin duda, es la soledad que uno siente a veces», afirma Juan Ignacio, que como no ve muy bien asegura que no se complica la vida con las tareas domésticas. «Para comer contrato un catering que me trae la comida a casa. La caliento en el microondas y punto. No me apetece tener que empezar a cocinar para mí solo», reconoce.

A pesar de ello, si tuviera que elegir, Juan Ignacio tiene claro que prefería los tiempos en los que aún convivía con su familia. «Esa época es inolvidable y la echo de menos». Sin embargo, cree que la principal ventaja de su situación actual es que «haces lo que te da la gana». «Por lo demás, tampoco le veo muchas ventajas», concluye.

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