«Las sectas manipulan a miles de kilómetros y las instituciones lo menosprecian»

El párroco zamorano Luis Santamaría durante su visita a Donostia el pasado mes de julio./J. M. LÓPEZ
El párroco zamorano Luis Santamaría durante su visita a Donostia el pasado mes de julio. / J. M. LÓPEZ

El caso de la menor guipuzcoana a la que intentó captar una secta peruana alerta de nuevo del riesgo de la manipulación psicológica

ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

El intento de captación de una menor guipuzcoana por parte de una secta peruana liderada por el Príncipe Gurdjieff ha vuelto a encender las luces de alarma ante el riesgo de manipulación psicológica por parte de estos grupos. Anulan la voluntad de sus víctimas y las obligan, de manera sibilina, a romper con su entorno. Un peligro que se agrava más si cabe, cuando se trata de jóvenes que no han alcanzado la mayoría de edad, a las que las denominadas 'Sectas 2.0' intentan captar a través de ese medio en el que se sienten más libres, las redes sociales.

Este último caso en Gipuzkoa ha sido semejante, según las investigaciones llevadas a cabo, al de Patricia Aguilar, la joven de Elche que tras tres años de adoctrinamiento, en cuanto cumplió los 18 años se trasladó a Perú, ocultando a su familia cualquier información sobre su paradero, para unirse al séquito de esposas del Príncipe. Según las mismas pesquisas, la guipuzcoana habría estado en contacto durante meses con la propia Patricia Aguilar, a través de las redes sociales, hasta que la Ertzaintza, alertada por la Asociación Redune, actuara de oficio. El proceso de adoctrinamiento de la menor guipuzcoana se ha logrado frenar a tiempo, pero en base a varios estudios, se estima que en todo el Estado podría haber más de 400.000 personas captadas por unas 350 agrupaciones sectarias distintas. El párroco zamorano Luis Santamaría, experto en sectas desde hace más de dos décadas, alerta de la gravedad de que «un adoctrinamiento, manipulación o generación de una dependencia hacia un líder que se encuentra a miles de kilómetros de distancia, pueda dar sus frutos, tratándose además de una secta minúscula que no conocíamos casi nadie».

350 sectas

como poco, hay repartidas por todo el Estado.
Se estima que el número de personas captadas o bajo la influencia de alguna de ellas supera las 400.000. La cifra, dicen los expertos, ha crecido considerablemente en los últimos 30 años, con la aparición de nuevos grupos que poco tienen que ver con el concepto clásico que la población tiene de las sectas.

Hace hincapié en romper con el estereotipo de secta, entendida únicamente como aquellos grandes grupos que ya cuentan con una consolidación en el tiempo, como las Doce Tribus o los Hare Krishna, porque una de las principales amenazas son «los pequeños grupos ligados a las terapias alternativas, la estética e incluso la danza».

El procedimiento que siguen estos líderes en cualquiera de sus modalidades es, a través de la paciencia, avanzar en el proceso de captación, arrancando con una seducción inicial que paulatinamente y a medida que se consigue confianza por parte de la víctima, se le va exigiendo cada vez un mayor compromiso con el grupo, lo que deriva en un aislamiento que puede ser físico o interior. «Eso mismo ocurrió con Patricia Aguilar a la que durante casi tres años le fueron aislando de su familia a nivel emocional hasta que dio el paso físico de viajar a Perú», ejemplifica el párroco.

Estos líderes, que no tienen por qué cumplir con el estereotipo de hombre que viste una larga túnica, se aprovechan de la vulnerabilidad de sus víctimas, pero también de características «como una mayor sensibilidad espiritual o la rebeldía ante una sociedad injusta».

Evitar el conflicto

No obstante, el perfil de potenciales víctimas de los líderes sectarios es tan dispar como agrupaciones existen. Varía la edad, la procedencia, la educación, las situaciones personales... «Los psicólogos expertos en esta cuestión ya advierten de que cualquier persona puede ser manipulada por estas sectas si se les contacta en el momento oportuno», advierte Santamaría. Por eso, invita a no pensar erróneamente en la inmunidad de uno mismo frente a estas manipulaciones. «Cuando alguien dice eso, piensa en la definición clásica de grupos sectarios, cuando ahora las doctrinas pueden estar infiltradas en centros de estética, de ejercicio físico, de danza...», apunta, al tiempo que alerta del «intrusismo laboral en el que incurren estos centros».

Invita a estar alerta ante varios indicios evidentes de una manipulación psicológica. En primer lugar, cuando se sucede una ambigüedad en el mensaje que se recibe, es decir, «si se acude a un centro y en un segundo momento el responsable del lugar te propone algo más amplio o una participación mayor que no guarda relación plena con la actividad por la que se ha acudido a dicho centro».

Cómo advertir una manipulación psicológica

Ambigüedad en el mensaje
Si una persona acude a hacer algún tipo de actividad o centro y una vez que el contacto y la confianza aumenta se le propone su participación en «algo más amplio».
Obligación sutil
Cuando se fuerza a la persona a tomar una decisión o a actuar de una forma determinada, sin darle margen para reflexionar sobre ello, aunque la víctima considere que está decidiendo libremente.
Presión grupal
En dinámicas de grupo en la que hay un compromiso de los componentes, la víctima se siente arrastrada por el resto de sus compañeros.
Perfil del líder
Suelen ser personas carismáticas, que se imponen a las víctimas, mostrándose superiores intelectualmente en cualidades o en espiritualidad. Una vez que se ganan la confianza de la persona aquello que piden va aumentando, desde cortar con su entorno ya sea física o emocionalmente, como dinero o sexo.

Otra de las actitudes que deben llamar la atención por una posible manipulación es cuando el líder obliga a tomar decisiones o a actuar de forma determinada, sin margen para realizar una reflexión más profunda, aunque la víctima perciba que está decidiendo libremente. Asimismo, la presión del resto del grupo para imitar su compromiso puede ser otra señal de alarma, así como el perfil de dicho líder. Suelen ser personas carismáticas, que se muestran intelectual o emocionalmente superiores a la víctima y que una vez ganada su confianza, incrementan sus exigencias, a través de un mayor compromiso, la ruptura familiar y la exigencia de dinero.

En casos de un estado avanzado de adoctrinamiento, la recomendación que realiza Santamaría a todas aquellas familias que se vean en una situación similar es tratar de evitar el conflicto, «porque de esa forma se cumple la profecía de la secta y la persona se distanciará más». «Las sectas acechan por el corazón, no por la razón». Por eso, insiste, en que la clave es ayudar al adepto a razonar, dejándole claro que «haga lo que haga se le quiere y su familia estará siempre ahí para lo que desee». Santamaría explica que una de las principales dificultades a las que se enfrentan es la de penar a personas que ejercen la manipulación psicológica, porque resulta «muy complicado» demostrar ante un juez la anulación de la voluntad de una persona adulta.

El Código Civil recoge que «se pueden considerar ilícitas las asociaciones que, aunque tengan un fin lícito, empleen métodos o técnicas de control de la personalidad». Pero, insiste: «No contamos con una ley específica, como sí sucede en Francia, por ejemplo».

Un grupo de psicólogos madrileños y catalanes trabajan desde hace unos años en la creación de un instrumento para cuantificar el abuso psicológico grupal. Esto es, una herramienta validada científicamente desde la psicología para que a través de unos cuestionarios se pueda determinar el grado de manipulación que padece una persona captada por un grupo sectario. «No hay una percepción social de este problema, porque de hecho ni siquiera las administraciones públicas lo contemplan y eso es muy grave porque afecta a muchas personas», lamenta.

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