El santuario de Dorleta, la joya escondida de Gipuzkoa

Inscrito desde este año como bien cultural con categoría de monumento, Leintz Gatzaga organiza visitas guiadas para descubrir un paraje que no deja indiferente a nadie

Eugenio Otsoa es uno de los dos guías que dirige las visitas guiadas al santuario de Dorleta. / M.M.
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Santa María de Dorleta no está de camino. Hay que ir allí expresamente. Pero los que lo hacen vuelven encantados después de haber descubierto un tesoro arquitectónico. El santuario sito en los dominios de Leintz Gatzaga, que custodia a la patrona de los ciclistas, a casi 500 metros de altitud, muy cerca del museo de la sal, ha sido declarado por parte del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco como bien cultural con categoría de monumento, lo que debería servir para protegerlo y ponerlo en valor además de atraer más visitantes. Aprovechando esta buena noticia, nos acercamos hasta los confines del valle de Leniz para conocer el santuario de Dorleta. La joya escondida de Gipuzkoa.

Eugenio Otsoa, antiguo alcalde de la localidad, es junto a Aitor Larrañaga el encargado de dar a conocer los encantos de la zona. Ambos están convencidos de que su labor colocará a Dorleta en el lugar que se merece. El aspecto que tiene en la actualidad es del siglo XVII, pero con las reestructuraciones que se le han realizado a lo largo de los años el edificio presenta una mezcla de estilos, entre los que mantiene relieves de la Edad Media.

En la localidad confían en que la asignación del Gobierno Vasco sirva para proteger el edificio, ponerlo en valor y atraer más visitantes

En los últimos años las visitas guiadas se han multiplicado y, aunque las cifras son aún modestas, en 2017 recibieron casi 40. Y en 2018 esperan superar esa cifra, sobre todo después de haber vivido una Semana Santa exitosa. Las visitas duran en torno a 45 minutos y tanto Eugenio como Aitor se dedican a destacar las claves exteriores e interiores. Ya no acude tanta gente como aquellos 8 de septiembre, el día grande de Dorleta, cuando llegaban oleadas desde Otxandio y «se lo pasaban en grande con los ponches energéticos (huevos, vino, cognac...) y la exhibición de deportes rurales».

Eugenio toma la palabra para realizar la pertinente explicación histórica: «Hay que recordar que este paraje ha sido, debido a su posición geográfica, paso obligado de todas las civilizaciones, tanto prehistóricas como romanas. El santuario surgió del castillo construido como vigía y defensa de la vida y economía existentes en torno al manantial salino. De hecho, era conocido como Gaztelueta. Hasta 1331, año en el que Leintz Gatzaga obtuvo su carta-puebla, el santuario fue la parroquia de la villa, condición que perdió a favor del templo de San Millán, erigida en intramuros. El santuario fue hospedería del Camino de Santiago que entraba en Gipuzkoa desde Francia. Por eso, aquí nunca han faltado el agua, el pan y la sal».

Secretos arquitectónicos

Cuando le preguntamos sobre el origen del nombre, no titubea: «Consta de dos partes, 'dorla' (sal) y 'eta' (paraje, lugar)». El edificio, de piedra de sillería y rodeado de plataneros y un par de caseríos donde sigue viviendo gente, puede aparentar cierta sobriedad exterior, pero es asomar el zoom y aparecer las sorpresas. «La fachada principal posee una portada barroca y a la altura del crucero, bajo el alero, se aprecian unas cabezas talladas como únicos testimonios románicos. Una de ellas es un personaje masculino, con barba; otra es una mujer y, la tercera, es de difícil identificación y parece una cabeza monstruosa. Además, a cada lado de la fachada existen dos cruces que atestiguan que los templarios también pasaron por aquí. En el interior, el retablo mayor también es barroco y la imagen de la estatua policromada de Santa María de Dorleta corresponde al gótico», explica el guía nacido en Arrasate, que desvela que se enamoró del paraje gracias a los libros de Domingo de Bergareche y Pedro María Aranegui.

La réplica de un cuadro de El Greco, la cruz de los templarios, el escudo de los Uriarte o el retablo, principales atracciones

Dentro hay más secretos. Como la réplica de un cuadro de El Greco, cuya pieza original fue llevada a Donostia en 1971 por motivos de seguridad. O el escudo de los Uriarte, donde hay referencias a las guerra de las Dos Rosas que enfrentó a la Dinastía británica de los Lancaster contra los York. En cuanto al retablo del siglo XVIII, explica Eugenio que «allí se sitúa la talla de la Virgen, que está flanqueada por Santa Ana y San Joaquín. A la derecha del retablo se encuentra la imagen de Santa Lucía y a la izquierda, la de San Juan Bautista. La imagen de la virgen de Dorleta data entre los siglos XIII y XVI. Se trata de una talla gótica donde aparecen madre e hijo mirándose el uno al otro, en actitud de contemplación mutua».

Piedras de El Escorial

Saliendo nuevamente al exterior, llama la atención la espadaña (campanario formado por una sola pared, en la que están abiertos los huecos para colocar las campanas), que contiene piedras procedentes de El Escorial. Y también llama poderosamente la atención la quietud del lugar, rodeado de árboles donde la primavera ya despunta con una fuerza arrebatadora y donde incluso Soli (el perro de Eugenio) ha renunciado a ladrar. Para rematar el lienzo asoma la silueta del Anboto en lontananza.

En Dorleta ya apenas se celebran bodas (han pasado de las 35 anuales de antaño a las 3 o 4 de ahora), pero se oficia misa todos los domingos desde el 1 de mayo hasta el 1 de noviembre. Las visitas guiadas son los sábados y los domingos, a las doce en euskera y a la una en castellano, y se pueden concertar llamando al siguiente número: 943-714-792. Su precio es de 4 euros. En Dorleta están deseando recibirles con los brazos abiertos. «Aquí se respira tranquilidad. De momento, no han venido los de 'Juego de Tronos'...», apostilla Eugenio.

«Tenemos muchos maillots de grandes ciclistas, pero nos faltan los de Perurena y Loroño»

Dorleta también es una joya para los ciclistas. Joya y su patrona. La coronación se celebró el 26 de octubre de 1958 y dos años más tarde los cicloturistas Luis y Ángel Serrano y José Luis Sáenz de Olazagotia llegaron con sus bicicletas a Roma para obtener la declaración canónica de la Santa Sede. Apenas 20 días después el papa Juan XXIII proclamó a la Virgen de Dorleta patrona de los ciclistas, aunque no fue hasta 1973 cuando la Federación Española de Ciclismo lo formalizó en los estatutos. A Eugenio se le iluminan los ojos cuando recuerda las presentaciones que los equipos realizaban en el inicio de la temporada: «Por aquí han pasado muchos ciclistas y aficionados al ciclismo. En el interior de la iglesia tenemos un pequeño rincón donde guardamos con cariño varios maillots de los más grandes. Tenemos de Bahamontes, Indurain, Olano, Freire, Lejarreta... El más antiguo data de 1942 y es de Julián Berrendero, 'el negro de los ojos azules'. Están muchos de los grandes. ¿Cuáles faltan? Los de Jesús Loroño y Txomin Perurena».

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