«Aunque ya he salido, me siento como en un tercer grado»

Hasta que encuentre un nuevo trabajo y pueda pagarse un alquiler, Badr vive en un centro del Ayuntamiento de San Sebastián, pero afirma sentirse como en un «tercer grado» penitenciario, ya que hay «normas» y no puede hacer vida normal como antes. El otro día se encontró casualmente en el Topo con la mujer que le había acusado. «Yo le recordaba del juicio, pero ella ni me reconoció». No habló con ella, pero «le vi con la ropa sucia y pensé que Dios me había permitido verla a ella como estaba, muy mal, mientras que yo ahora estaba bien a pesar de haber estado dos años en la cárcel injustamente», y concluye: «Yo he perdido dos años de mi vida, pero ella está perdiendo toda la suya».

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