Los sabores más exquisitos del mar de Murcia aterrizan en el Cantábrico

Una mujer degusta los productos de Murcia. / USOZ

La tradición y la modernidad se unen para mostrar las bondades culinarias del Mar Menor

I. VÁZQUEZ

La tradición y la modernidad de la cocina murciana se unieron ayer con el objetivo de cautivar a los habitantes del Cantábrico. De la mano del chef Pablo González, del restaurante La Cabaña de Murcia -una estrella Michelin-, los asistentes a la cata organizada en la sala 10 pudieron degustar los productos más exquisitos del Mar Menor. «Somos unos grandes desconocidos. Quien nos enseña tiene una visión antes y después de irse», explicó. Muchos de los que se acercaron al Kursaal también cambiaron de opinión. Se fueron con inmejorable sabor de boca.

Se abrió boca «con unos aperitivos que se pueden tomar en cualquiera de los bares de la región», subrayó. Así, se comenzó con una mojama de atún, unas huevas de Mújol y unas almendras marconas. «El murciano no entiende su cocina sin este producto», aseguró el cocinero. «Sabores que te transportan directamente a una zona que es especial por una serie de condicionantes, entre ellos la acumulación de sal que dota de un sabor peculiar tanto a los mariscos como a los pescados». En todo momento la cata estuvo regada con un vino de Jumilla.

El siguiente paso fue adentrarse en la más absoluta modernidad. Pablo González presentó platos que se pueden probar en su restaurante de Murcia. Se degustaron huevas de Mújol con dos días de curación. «El productor me dijo que esto no se podía comer cuando le dijo que lo quería probar. Pero la sensación en boca es parecido al caviar y a la gente le gusta mucho», resumió González.

La degustación continuó con un carpaccio de Mújol con huevas «que llevamos al extremo con quince días de curación para que sirva de sazonador».

La guinda la puso con una sorpresa que nadie se esperaba. Sobre la mesa los asistentes probaron una anchoa elaborada en salmuera. Nada más lejos de la realidad. Se trataba de lomo de corzo cocinado con la forma de una anchoa. Muchos cayeron en la graciosa trampa que les puso el cocinero murciano. «Es para demostrar que comemos con la vista», concluyó.

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