«No sabíamos qué pasaba. Así que cogí la pala y me puse a sacar coches»

Pello Ruiz Cabestany, sentado entre los coches parados en Etzegarate. A la derecha, el autobús de Alsa atascado.

Atrapados por el atasco en Etzegarate denuncian la falta de información «durante horas» y relatan cómo consiguieron llegar de vuelta a sus casas

DANI SORIAZUSAN SEBASTIÁN.

Desde la ventana veían cómo la nieve caía copiosamente y el tiempo pasaba en el reloj, lento, pero sin tregua. Y ahí seguían, cientos de conductores y pasajeros, sin poder moverse de esa trampa en la que se había convertido la N-1 entre Etzegarate y Alsasua la tarde-noche del día de Reyes. No hubo que lamentar ningún daño personal y por suerte muchos de los afectados recordarán la jornada como una anécdota que podrán contar en la comida del 6 de enero del año que viene. No obstante, testigos que vivieron en su propia piel el colapso y con los que ha podido ponerse en contacto destacan con cierta incredulidad que tuvieran que pasar horas hasta poder recibir algún tipo de información por parte de las autoridades o asistencia en carretera. Y algunos otros, ni eso.

Fue el caso del ciclista donostiarra Pello Ruiz Cabestany. Tras una excelente comida en el bar Frontón de Alsasua, él y otros cuatro miembros de su familia emprendieron el viaje de vuelta a San Sebastián en su furgoneta. No se imaginaban que tendrían tiempo de sobra para hacer la digestión dentro del vehículo. A los pocos kilómetros de haberse puesto en marcha tuvieron que detener el coche, muy cerca de la entrada al puerto. Eran algo más de las seis de la tarde. «Estuvimos atrapados hasta las 12 de la noche. A casa llegamos a la 1.30 horas», explica.

Al principio, él y todos los pasajeros aguantaron dentro del vehículo, «habíamos comido tan bien que hambre no teníamos», cuenta. Mataban el tiempo como podían, hablando con otros conductores o escuchando la radio. «Solo se sintonizaba Radio Nacional. Y en el parte de tráfico enumeraban un montón de carreteras con problemas, menos la nuestra. Y decíamos como suele pasar en las películas: '¡Nadie sabe que estamos aquí, nos tienen olvidados!'», señala entre risas.

«Había mucho descontrol»

Al cabo de unas cuatro horas, su paciencia alcanzó cierto límite y, ante la falta de información, salió a enterarse de qué pasaba. Se bajó del vehículo y caminó hasta la parte delantera del atasco, donde vio que no había nadie gestionando el caos. «Vi que los coches intentaban tirar hacia delante, pero patinaban. Había bastante descontrol», relata. Así que, volvió, arrancó la furgoneta, la llevó por el arcén lo más adelante que pudo, «cogí la pala y empecé a retirar nieve para poder sacar los coches de la calzada», explica.

Algunos de esos vehículos pudieron continuar el camino. Otros en cambio no, por lo que tanto él como otros colaboradores trataron de colocarlos en el arcén y despejar el paso. «Me sorprendió no ver muchos coches con cadenas o preparados para la nieve», destaca el donostiarra, cuya furgoneta sí que contaba con medios para circular en aquellas condiciones. Poco a poco, tras más de una hora de esfuerzo, consiguieron hacerse un hueco para salir. «Fue muy raro que durante aquellas seis horas que estuvimos no apareciera nadie», comenta Ruiz Cabestany, que se llegó a plantear si podría deberse a algún tipo de descoordinación de competencias entre las autoridades navarras y las guipuzcoanas «porque estábamos a un kilómetro de la muga». Además, asegura que una grúa consiguió llegar hasta un vehículo avanzando por el arcén «así que los servicios de emergencia también podían haber llegado».

«Fue raro que durante las seis horas que estuvimos atascados no apareciera nadie» Pello Ruiz Cabestany, Ciclista donostiarra

«Tuvimos suerte y conseguimos coger un desvío para poder volver por Vitoria» Fernando Bernués, Productor donostiarra

«La DYA se portó genial. Fueron los únicos que aportaron información y nos asistieron» Sara Escalante, Periodista de Hondarribia

A menos de un kilómetro de distancia más atrás, el director de Tanttaka Teatroa, Fernando Bernués, se encontró con la misma situación que Ruiz Cabestany, aunque tuvo mejor suerte. Venía de Barcelona, acompañado de su hija Alaia y la actriz Mireia Gabilondo. Hacia las 17.30 horas atravesaron el peaje de Zuasti, a la salida de Pamplona. «En ese punto la Policía Foral nos dijo que la A-15 estaba abierta», pero para esa hora ya estaba cerrada, por lo que decidieron coger la N-1 también por Alsasua. A los pocos minutos de pasar la localidad navarra se tuvieron que detener. «Estuvimos parados dos horas. Y entonces alguien se percató de que había un paso por el que podíamos conectar con los carriles en dirección contraria, por lo que pudimos darnos la vuelta», indica. De ahí pusieron rumbo a Vitoria y por la AP-1 consiguieron llegar hasta Donostia. Eso sí, a las 23.30 horas.

14 horas hasta Pamplona

En el sentido contrario, otras tantas personas vivieron la misma situación. Fue el caso de Sara Escalante y Mari Ángeles. Ambas estaban montadas en el autobús de Alsa que recorría la ruta San Sebastián-Pamplona, junto a otros 46 pasajeros. Pese a que para las 17.15 horas la A-15 en esa dirección ya estaba cerrada, el autobús partió. Y tuvo que desviar su ruta por la carretera nacional. «Llamé a la compañía y me garantizaron que el autobús llegaría a Pamplona, solo que tardaría algo más», asegura Sara, que volvía a su casa cargada con los regalos de Reyes. Y no les faltaba razón. El transporte llegó a la capital navarra, sí, pero a las 7.30 horas de la mañana del día siguiente, es decir, del domingo.

Hacia las seis de la tarde, poco después de pasar Idiazabal, el autobús tuvo que pararse indefinidamente. Ambas pasajeras critican la falta de información que las autoridades les ofrecieron sobre lo que estaba sucediendo. Al cabo de cuatro horas llegaron varios miembros de la DYA. «Se portaron genial. Nos ofrecieron algo de información, montaron un par de carpas y nos dieron caldo y galletas», recuerdan.

Cerca de las dos de la madrugada les informaron de que un quitanieves despejaría el camino para que pudieran retroceder y les llevaron a una gasolinera entre Alegia y Tolosa. Sara se volvió a las 4.30 horas a Donostia con los padres de una amiga que viajaba con ella. Mari Ángeles, en cambio, esperó. A eso de las 6.00 horas pudieron reemprender el viaje por la A-15. «Ese autobús nunca debería haber salido», asegura, con cierto enfado.

Eso sí, no se aburrieron. «Había gente estupenda en el bus, lo pasamos bien», aseguran ambas. «De hecho dijimos de quedar para hacer una cena todos los años en la estación de Pamplona como recuerdo», añade de broma, aunque reconoce que al final al llegar a su destino «todos salimos en desbandada».

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