Cada religión, en armonía y a su manera

Cuatro personas de distintas confesiones religiosas explican a DV cómo van a pasar estas Navidades. Mientras que musulmanes e hinduistas no celebran las fiestas, pero se suman a alguna celebración, evangélicos y católicos se preparan para vivir la fecha más importante

Amal Eissa, Marta Elizalde, Jaime Ardiaca y Sangeeta Dallatoki comparten cómo vive la Navidad cada religión / Arizmendi
ESTRELLA VALLEJO

Al mismo ritmo que las casas se decoran y las calles brillan llenas de luces de Navidad, Amal y Sangeeta se dejan contagiar por ese espíritu navideño. Tanto a esta musulmana afincada en el territorio desde hace trece años, como a la hinduista, que lleva cuatro, les gusta la decoración de estas fechas y el ambiente que se respira, aunque eso no signifique que compartan e incluso puede que ni siquiera entiendan el motivo original por el cual las familias, más o menos creyentes, se reúnen en torno a una mesa: el nacimiento de Jesús. «Claro que todo depende del prisma desde el que se observe», puede pensar un evangélico, para quien el nacimiento se produjo en primavera, aunque «sí, aceptamos la fecha fijada del día 25».

En Gipuzkoa conviven unas diez confesiones religiosas y DV ha querido reunir a cuatro de ellas. La cita era en los relojes de La Concha, pero parece que los astros no se alinearon lo suficiente para calmar la lluvia y las ráfagas de viento que obligaron a buscar un plan B para poder entablar una conversación sin el riesgo de empezar las fiestas con un resfriado.

Sangeeta Dallatoki, hinduista «Este año he puesto árbol y voy a comer las uvas»

Ya a resguardo, Sangeeta Dallatoki se quita el abrigo y deja ver su ‘gyniu’ de color azul. Es nepalí y tiene 29 años. Viajó desde Chitwan, su ciudad natal ubicada en el centro-sur del país, hasta Donostia hace cuatro años. En su religión, el hinduismo, la Navidad no se celebra y por eso admite sin mayor reparo que no entiende qué significado puede tener para los cristianos. No obstante, asegura, que «me gusta que esté todo lleno de luz y el movimiento de la gente por la calle», tan propio de estas fechas. Acostumbrada a que en su país convivan confesiones religiosas diferentes, se deja contagiar sobre todo de los detalles más agnósticos de ese espíritu navideño y confiesa contenta que este año «por primera vez» ha puesto un árbol de Navidad en casa.

Esta joven que fijó en la capital guipuzcoana su lugar de residencia junto a su novio, Kamal, tiene más que claro el dicho de ‘allá donde fueres haz lo que vieres’. Es por ello que algo que no puede faltar en su casa para despedir el año es el plato de uvas el día 31 a las doce de la noche. «¿Que si me pareció raro al principio? ¡No! Son costumbres diferentes y eso me gusta. Alguien que venga a mi país también puede pensar que hacemos cosas raras, pero solo es diferente, nada más. Me siento feliz de poder celebrarlo como hacéis aquí», señala. Para los hinduistas, la celebración que más se puede asemejar a la Navidad cristiana, dice, es el Dasai que se festeja en torno a septiembre u octubre en función del calendario lunar, y representa cuando «la diosa Durgá mata al demonio». Explica que durante una semana cierran los comercios, las familias se juntan y «comemos comida rica y diferente a la del resto del año».

Rezar, no se reza en exceso según comenta, pero lo que sí hacen durante este festival es acudir al templo o ser bendecidos desde casa. La persona de mayor edad de la familia es la encargada de poner el ‘tika’ en la frente -hecho con arroz y polvo rojo- «y de bendecirnos a todos para que tengamos una larga vida».

Si tuviera que escoger su día preferido de nuestras fiestas tendría dudas entre Nochevieja y Año Nuevo. «En Nepal no se celebra, pero aquí nos juntamos los amigos y se les ve muy felices al pensar que con el año nuevo, todo lo que viene será bueno». ¿Y los Reyes Magos? No llegan a su casa. Al menos de momento, dice. «Por ahora no tengo niños».

Amal Eissa, musulmana «Estas fechas me gustan, aunque no las practique»

Dar ‘validez’ a la llegada de los Reyes Magos de Oriente únicamente si hay hijos pequeños de por medio es una costumbre que también han adoptado algunos musulmanes residentes en el territorio. Y el motivo no es otro que priorizar la ilusión del menor y entender la dificultad del niño para comprender por qué a sus compañeros de clase les traen regalos y por qué a ellos no. Es lo que le ocurrió, en cierto modo, a Amal Eissa.

Cuando aún no había cumplido los diez años, su familia abandonó Tetuán, una ciudad ubicada al norte de Marruecos, para venir a vivir a Errenteria, donde reside desde hace trece años. «Cuando era pequeña sí que me hacían regalos, pero ya no. Ahora les hacemos a mis sobrinos porque son pequeños», explica.

Pero más allá de está cuestión, comparte con la mujer nepalí su gusto por las luces y la decoración de las calles. «Me gusta mucho la Navidad aunque no la practique como acto religioso» y expone que en el islam a pesar de que no se celebre, sí se tiene en consideración a Jesucristo, al que reconocen como profeta.

En lo que respecta a la celebración del Año Nuevo reconoce que después de tantos años se ha adaptado al calendario gregoriano y ha salido a celebrarlo con sus amigos en alguna ocasión. Porque en lo que se refiere al calendario musulmán, que fue el pasado 21 de septiembre cuando dieron la bienvenida al año 1439, «nos felicitamos el año, pero tampoco se celebra», indica.

Las dos fechas que su religión vive con entusiasmo es el ‘Id Al Fitr’, la festividad que se llega justo después de terminar el ayuno de Ramadán, y el ‘Eid al-Adha’, que se celebra 70 días después de la anterior. En esta fiesta se sacrifica a un animal -normalmente un cordero o vaca- para conmemorar cuando «Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo como prueba de su lealtad a Dios, aunque al final, Dios parase su brazo. Agradecido, Abraham sacrificó en su lugar un carnero y es, en imitación a ese acto, que los musulmanes sacrifican sus animales este día. Tras la fiesta, indica Amal, «tenemos una especie de Olentzero que también trae regalos por la noche, pero no es nada religioso», apunta la joven.

Jaime Ardiaca, evangélico «Lo celebramos, pero sin caer en el consumismo»

«¿Y vosotros cómo celebráis el día 25?», le preguntaba Marta, desde su perspectiva católica. Aunque el evangelismo y el catolicismo partan del denominador común, como es el cristianismo, la celebración de la Navidad en uno y otro caso, difiere y puede resultar desconocida para ambos. Jaime Ardiaca, de 61 años, es el pastor de la iglesia evangélica de Amara. Explica que el hecho de que «Dios se hiciera hombre, naciendo en un establo y muriendo en la cruz», es similar a la iglesia católica, aunque matiza que su celebración consiste en un «sencillo recordatorio» de este hecho. «Nos juntamos y preparamos un encuentro especial, aunque alejado del consumismo».

El pasado viernes 15, por ejemplo, los 140 miembros de la iglesia en la que Jaime pastorea tuvieron una comida para celebrar la Navidad. Antes de la cena de Nochebuena, y ya en familia, «leemos algunos textos de la palabra de Dios» y no es hasta el 25 cuando tengan otra celebración -que no misa, porque no se denomina de esa manera- a las 18.30 horas con cánticos y villancicos relacionados «con su humanidad y su divinidad. Lo pasamos bien, porque es una celebración muy familiar con niños y mayores». Ahora bien, sostiene el andoaindarra, que «como ya se sabe, Jesús nació por primavera y no el 25 de diciembre que ha sido la fecha fijada», aunque indica que es asumida porque para los evangélicos es «más importante el hecho en sí más que la fecha». La llegada de los Reyes Magos, en cambio, depende de cada familia «pero no tenemos nada especial por la llegada de los Reyes o sabios o estudiosos de las estrellas, que es lo que realmente eran», insinúa.

Marta Elizalde, católica «Navidad es sinónimo de hogar y encuentros»

Para Marta Elizalde, la Navidad arranca cuatro semanas antes del día 24 de diciembre. El periodo de adviento, explica, permite a los católicos prepararse para el nacimiento y durante este tiempo «intento guardar más silencio, leemos en familia un trocito del Evangelio cada día... Es como una oportunidad para mejorar a nivel personal», señala. Al final de dicho periodo, junto a su familia, colocan el belén, aunque no es hasta el 24 «cuando colocamos el niño Jesús». En Nochebuena, sus hijos hacen una representación del Misterio, «leemos el pasaje del Evangelio que anuncia el nacimiento» y en cuanto el reloj marca la medianoche, acuden a la misa del Gallo. Para esta donostiarra de 51 años, la Navidad es reflejo de «hogar, encuentros, olor a vela, a comida rica...». Por eso uno de los platos que no faltan sobre la mesa el día 25 y que deja cocinándose mientras acude a la misa de Navidad, es el cordero al horno. «Es lo que comían los judíos y para mí comer de la misma bandeja tiene un significado importante».

El día de Reyes es especial para ella, así como también lo es la Nochevieja y el Año Nuevo, «cuando lo pasamos muy bien porque nos juntamos mucha gente». Marta es catequista y si algo insiste a los jóvenes que se preparan para hacer la comunión es que deben vivir estas fiestas «teniendo en cuenta a los más necesitados. Eso es fundamental», concluye.

La cifra

10
Religiones se estima que se profesa en Gipuzkoa: Católica, evangélica, islam, testigos de Jehová, ortodoxos, budistas, hinduistas, baha’is, adventistas y mormones.

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