Relevo generacional asegurado en Aralar

Jóvenes pastores y ganaderos de Tolosaldea y Goierri apuestan por continuar trabajando y viviendo en la sierra con sus rebaños y animales

ELI BELAUNTZARAN

Unai Urretabizkaia, Adur Gorostidi, Aiora Goikoetxea y Aitor Iztueta son jóvenes, pastores, ganaderos que aseguran no pasar un día sin subir a los pastos de Aralar. Reconocen que les gusta la tranquilidad que les trasmite la sierra y sus animales, con los que disfrutan del contacto directo con la Naturaleza. Jóvenes que han acabado sus estudios de Formación Profesional y trabajan como técnicos en empresas de Goierri o se plantean acudir a la escuela de pastoreo de Arantzazu. Jóvenes con muchas inquietudes como el resto de sus amigos o compañeros de clase pero a quienes une la misma pasión: la ganadería. Son «la nueva generación de ganaderos y pastores de Aralar». Aseguran que «el futuro de los pastos y el cuidado de las tierras no corre peligro en Aralar» si reciben «el apoyo necesario».

Adur, Aiora, Aitor y Unai son solo cuatro de entre los 18 y 40 jóvenes que han vistos cómo sus abuelos, sus padres y tíos han vivido en las txabolas de Enirio-Aralar, han mamado de la tradición de subir y permanecer durante los meses de verano con los rebaños aprovechando los pastos que desde primavera hasta comienzo de otoño alimentaba a sus ovejas, yeguas, cabras, vacas... De hecho, reconocen que comparten su «afición por el cuidado de los animales con muchos jóvenes de todo Goierri y Tolosaldea, muchos más de los que la gente piensa y con muchas ganas de vivir de esto. Siempre hablan de que no hay relevo en Aralar y de que cuando se jubilen los pastores y ganaderos actuales se ha acabado un estilo de vida y un oficio, pero nosotros no lo vemos así. Cada uno sabe y conoce a jóvenes de su zona con quines comparte las ganas de vivir de la ganadería, de mantener un oficio que para muchos está condenado a desaparecer». Ellos no comparten lo mismo, «porque ganas no faltan entre muchos chicos y chicas que optan por seguir con los caseríos o explotaciones que han pertenecido durante generaciones a sus familias».

«La tranquilidad que tenemos en nuestro trabajo no lo cambiaría por nada»

«La tranquilidad que tenemos en nuestro trabajo no lo cambiaría por nada» Aitor Iztueta, Pastor de Lazkaomendi

Cuando se les pregunta en torno a la vida de los pastores y los ganaderos de Aralar hablan de «libertad, tranquilidad, paz y mucho trabajo. Olvidan las rencillas que surgen entre ganaderos, senderistas o ecologistas porque de esas también han conocido pero se quedan con lo que ellos consideran lo importante porque tienen claro que «no vamos a dejar de subir. De hecho, no aguantamos más de dos días sin hacerlo y si no, hacemos que el teléfono suene para saber qué está ocurriendo allí arriba. Siempre hay alguien a cualquier hora del día que te pone al día de lo que ocurre en las campas y te informa de cómo está tu ganado o lo que ha pasado ese día».

Apuesta personal

Están informados al minuto de todo lo que acontece en su espacio natural. Llamadas de teléfono móvil, mensajes de whatsapp y ganas de vivir de sus rebaños hace que Unai, Aitor, Adur y Aiora mantengan contacto con la actualidad de Aralar, su entorno natural en el que han logrado ganarse un sueldo u obtener un complemento económico. Incluso han pedido una excedencia para seguir con la explotación ganadera.

Este es el caso de Adur Gorostidi. Un joven inquieto que ha trabajado durante años como técnico de mantenimiento en una empresa y forma parte del grupo Harituz en el que comparte y disfruta de otra de sus aficiones, el bertsolarismo. Adur nació en el caserío Zubeldi-Erdi de Abal-tzisketa hace 29 años y durante toda su vida ha visto cómo sus padres han trabajado con el ganado. Aunque estudió y ha trabajado como técnico de mantenimiento ha dado un paso importante en su vida. «He pedido una excedencia para continuar junto a mi hermano Egoitz con la explotación familiar. Ha llegado el momento de decidir si seguimos los pasos de nuestros padres que se han dedicado a la cría y cuidado de vacas de carne o plantearnos la opción de mantener las cabezas necesarias para tener limpios los terrenos que tenemos».

«Para mí es mi vida. Aunque me exija dedicación me aporta muchas cosas buenas»

«Para mí es mi vida. Aunque me exija dedicación me aporta muchas cosas buenas» Unai Urretabizkaia, Ganadero de Lazkao

Los hermanos Gorostidi han optado por lo primero y «tras realizar un estudio de viabilidad y el proyecto necesario hemos apostado por seguir con las vacas». El abaltzisketarra no duda a la hora de hablar de las ventajas que le aporta su decisión aunque no olvida tampoco que «es un trabajo de 24 horas los 365 días del año. Hay que trabajar mucho y al haber realizado una inversión también hay un riesgo y la obligación de afrontar su pago. Además, soy consciente de que se dará un ‘corte’ con mi estilo de vida, salir o quedar con mis amigos... muchas cosas que durante algunos años va a ser difícil compaginar como lo he hecho hasta ahora. Pero es lo que quería».

Adur Gorostidi tiene claro que «yo vivo en Abaltzisketa y quiero ser parte de mi pueblo, vivir en él y cuidar su entorno natural de Aralar. Es una manera de contribuir con el futuro de todos sus vecinos y la naturaleza».

Hay que trabajar duro

Vivir en la naturaleza y lo que ella les da es la decisión más acertada para Aitor Iztueta. El joven de 23 años de Lazkaomendi asegura que es «lo único» que le gusta. Iztueta dejó de estudiar a los 15 años para trabajar con el rebaño de ovejas de su familia. «Elegí empezar a trabajar porque me gustaba, era lo que quería hacer» y ocho años después sigue mostrando la misma pasión. Sus deportivas ‘Salomon’ y tejanos hacen pensar que es como cualquier otro joven de su edad pero su discurso es claro y directo. No hay titubeos a la hora de hablar de su trabajo con el rebaño los meses de verano en Aralar y de la importancia de su esfuerzo porque Iztueta repite que «si no cuidamos nosotros el monte nadie lo va a hacer. No va a estar como se ve ahora por mucho que se empeñen en decir que una pista estropeará el entorno, lo que va a ser peor es que desaparezcan los pastores o ganaderos con su ganado. Ese ganado es el que mantiene limpio el monte. El día que se acabe de mantener así, la maleza y zarzales se van a apoderar del monte y eso va a ser peor. Ahí estará el verdadero problema».

«Para que este oficio te guste te tiene que salir de dentro porque es muy atado»

«Para que este oficio te guste te tiene que salir de dentro porque es muy atado» Aiora Goikoetxea, Pastora en Ataun

Iztueta acude cada primavera con su rebaño de unas 550 cabezas desde el caserío Intzartzu de Lazkaomendi y se gana la vida haciendo lo que más le gusta: «cuidar el rebaño, hacer queso...» No se prodiga en sus comentarios pero deja claro que «la tranquilidad que tenemos trabajando como trabajamos no lo cambiaría por nada, por ningún trabajo en una empresa. Hay que trabajar duro pero a mí me gusta lo que hago y quiero seguir viviendo como hasta ahora. Lo peor de este oficio es el papeleo» asegura Aitor.

Jóvenes con ganas

Hablar con los jóvenes pastores y ganaderos de Ataun, Zaldibia, Amezketa, Abaltzisketa, Orendain... ayuda a comprender mejor su opción por seguir los pasos de sus abuelos. Aiora Goikoetxea y Unai Urretabizkaia, acompañado de su hermana Ane, continúan con la tradición familiar en Aralar. Unai trabaja en la empresa Doilan de Zegama, pero «en cuanto puedo subo al monte». Urretabizkaia cuenta con un buen número de yeguas que controla, cuida, mima al extremo. Su mirada lo dice todo a la hora de preguntarle por qué lo hace. «Es lo que me ha gustado desde pequeño y no me parece un trabajo duro, es algo que hago porque quiero». El lazkaotarra reconoce que se acerca a diario al caserío donde vive su abuela y su tío. Ellos continúan con la tradición familiar del cuidado familiar pero sus padres le han enseñado los valores de este estilo de vida. «Para mí es mi vida. Es una manera de vivir que me aporta muchas cosas buenas aunque exija dedicación y horas. Me compensa todo el esfuerzo. De momento lo tengo que compaginar con el trabajo como técnico, pero tal vez llegue un día en el que pueda vivir de esto». Unai no duda tampoco a la hora de hablar del futuro de Aralar. «Somos muchos jóvenes los que queremos seguir los pasos de nuestros padres y abuelos. No creo que haya ningún problema a la hora de hablar de continuidad en Aralar, lo que necesitamos es que nos apoyen o que no nos pongan trabas. Nosotros por nuestro lado haremos nuestro trabajo, cumpliremos con nuestras obligaciones y todos saldremos ganando».

«Quiero ser parte de mi pueblo, vivir en él y cuidar su entorno natural, de Aralar»

«Quiero ser parte de mi pueblo, vivir en él y cuidar su entorno natural, de Aralar» adur Gorostidi, Ganadero de Abaltzisketa

Aiora Goikoetxea comparte la opinión de Unai. La joven de 17 años es una de las jóvenes que tiene claro que le gusta trabajar junto a sus padres con el rebaño de ovejas que suben cada verano a las campas de Aralar. Reconoce que «hay que trabajar duro. Las ovejas hay que ordeñarlas y darles de comer varias veces al día, todos los días». Aunque asegura que «en el monte es mucho más fácil porque las ordeñas y pasan el día tranquilamente pastando por el monte. Cuando bajamos y están estabuladas es mucho más duro y tienes más trabajo».

Aiora tiene claro que «para que este oficio te guste te tiene que salir de dentro, lo tienes que sentir porque es muy atado y exigente». Goikoetxea, que ayuda a sus padres en las labores de cuidado del rebaño, no descarta la posibilidad de acudir a la escuela de pastores de Arantzazu. «A mí me gusta este estilo de vida. No sé lo que puede pasar o pasará dentro de unos años pero es lo que he conocido y vivido desde pequeña y quiero seguir haciendo porque me gusta».

Ganaderos y pastores son sabedores de que Ayuntamientos y diputación foral «apoyan el pastoreo y la ganadería porque son imprescindibles para la conservación de un espacio natural como Aralar». Además, «hay que mejorar las condiciones de vida y trabajo así como la rentabilidad de sus actividades, y garantizar el relevo generacional» destacan los responsables municipales de la zona.

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