Refugio para peregrinos del Norte

 Peregrinos en el interior del albergue del colegio Claret.
Peregrinos en el interior del albergue del colegio Claret. / LOBO ALTUNA

Cada día unas setenta personas logran hacerse con una de las plazas del albergue, que solo abre sus puertas en verano. El colegio Claret acoge hasta final de mes a los caminantes que hacen noche en Donostia

PAULA DÍAZ SAN SEBASTIÁN.

Una larga cola de gente calzada con zapatillas y grandes mochilas a sus espaldas, compartiendo historias y botellas de agua bajo el sol o la lluvia, según toque. Esa es la imagen que pueden ver cada día quienes pasan por delante de la parroquia del Corazón de María de Donostia (Gros) a primera hora de la tarde. Pero no es ahí a donde conduce esa fila que parece interminable para quienes esperan en ella, sino al colegio de al lado, el Claret, convertido en albergue durante todo el verano (hasta el 31 de agosto) para dar cobijo a cientos de peregrinos que pasan por la capital guipuzcoana como parte de su ruta a Santiago por el Camino del Norte.

Como todos ellos bien saben, las plazas suelen ser limitadas en estos albergues, y hay bastante 'competencia' para conseguir un lugar donde pernoctar. Y ya lo dice el refrán: 'A quien madruga, Dios le ayuda'. Por eso, aunque el Claret (Mariaren Bihotza) abre sus puertas a las tres de la tarde, son muchos los peregrinos que hacen caso del proverbio y llegan pronto. Al menos una hora antes -o dos- ya están a la espera los más prudentes, asegurándose de no quedarse sin un sitio para dormir cómodos y a cubierto.

Los argentinos Gabriela y Joaquín esperan en la fila. / LOBO ALTUNA

La semana pasada Julia y su hermano fueron dos de los peregrinos que consiguieron un hueco en el albergue. Habían aprendido la lección la noche anterior. «Ayer llegamos demasiado tarde y nos quedamos sin sitio. Hemos tenido que dormir en la calle, sobre unos cartones», relató la catalana de 17 años. Menos mal que no llovió. Fue la primera noche del viaje que emprendieron desde Irun, y la primera anécdota de las muchas que seguramente vivirán por el camino. Según contaba la joven, no era la primera vez que se lanzan a hacer este recorrido: «El año pasado hicimos parte de la ruta del norte en cinco días, y este año hemos repetido porque nos encantó y nos quedamos con ganas de más». En esta ocasión quieren ir hasta el final, hasta Santiago, donde pretenden llegar antes del día 28.

Los caminantes elogian la ruta del norte. «Aquí hay unos paisajes y unas vistas preciosas», aseguran

Los paisajes más bonitos

La ruta de la costa está muy concurrida este mes. Los hermanos catalanes no han sido los únicos en elegir ese camino. María, de Munich, ha hecho la misma elección, aunque dispone de algo más de tiempo para llegar al destino final; hasta el 14 de septiembre. «Aterricé en Biarritz -contaba- y caminé hasta Hendaia», desde donde continuó paso a paso hasta Irun y después a la capital guipuzcoana. La alemana confesaba que es una «experiencia nueva» para ella, ya que nunca antes había hecho algo semejante.

Un caminante se inscribe en el registro del Claret. / LOBO ALTUNA

No es el caso de Teresa, una salmantina que aseguraba que es ya nada menos que la octava vez que emprende el camino a Santiago. Toda una experta. Este año se ha decantado por seguir también el del norte, pero solo recorrerá desde Irun hasta Gijón, ya que dispone de tres semanas y «no me da tiempo a más», lamentaba.

Miguel y Paco, dos amigos barceloneses unidos por su común afición al senderismo, también se habían decidido a seguir esta ruta. «Hace dos años hicimos el camino desde Roncesvalles. Paco llegó hasta Santiago y yo hasta Ponferrada, por falta de tiempo -comentó Miguel-. Y el año pasado, hicimos de Ponferrada a Santiago, y desde Santiago hasta Finisterre». Este año tocaba cambiar. Su intención era llegar hasta Santander ayer, y hoy tenían previsto volver a Bilbao para pasar un último día de vacaciones antes de volver a Barcelona. «Por aquí hay unos paisajes y unas vistas preciosas. En el otro camino, sí que es verdad que encuentras iglesias 'a punta pala', pero este es más bonito», confesaban.

Gabriela y Joaquín compartían la misma opinión. «Nos gusta caminar, pero en Europa es muy difícil porque está muy urbanizado. Pero acá en el norte de España vimos que había unos paisajes muy lindos y por eso pensamos en hacer esto», señalaban los argentinos. Como buenos peregrinos, se les veía con muchas ganas de hacer los 800 kilómetros que les quedan antes del 7 de septiembre, día que deben coger en Madrid el avión de vuelta a casa.

Improvisando por el camino

Hasta ahora, todos los peregrinos tenían una idea fija de la travesía que les esperaba, pero también había quienes no lo tenían tan claro. Era el caso de Ángela y Jose, una cacereña que vive en Andorra desde hace varios años y un murciano muy simpático, que se habían encontrado por el camino y charlaban alegremente mientras esperaban a que avanzase la cola.

«Hace nueve años hice el camino francés, pero este año iré improvisando sobre la marcha. Si me gusta mucho alguna ciudad, igual me quedo unos días. No lo sé, la verdad. De momento la intención es ir haciendo», contaba la primera entre risas, quien expresaba además su gran interés en conocer San Sebastián, por lo que no sería de extrañar que se haya quedado unos días más en la capital guipuzcoana. «¡Tengo todo el mes para hacer lo que me dé la gana!», exclamaba. El murciano opinaba algo parecido: «Voy por sensaciones. Cuando me aburra, pararé. Dispongo de dos semanas, pero lo mismo solo hago una... Lo que el cuerpo me vaya pidiendo». Y ese ha sido siempre su 'plan' desde 2011, año en el que debutó como peregrino. Durante estos años ha recorrido varias etapas de los diferentes caminos, pero nunca ha hecho uno entero. Quizá algún día.

Ángel dispone del mismo tiempo, dos semanas. «Llegaré hasta donde llegue», decía. No estuvo muy hablador, a lo mejor estaba más preocupado por si se quedaban -él, su mujer y su cuñado- sin plazas en el albergue. Y con razón; estaban de los últimos en la cola. De hecho, al final eso fue lo que les pasó. A ellos y a otros muchos, ya que «solo disponemos de aforo para un total de 74 personas», informaba José Costa, de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Y son muy estrictos con ese tema, porque «en la ikastola Jakintza, donde estuve (como hospitalero) antes que aquí, llegué a acoger a 104 cuando el aforo era de 'setentaytantos'. Pero si pasa cualquier cosa, los responsables somos nosotros», reconocía.

Sin motivos religiosos

Aunque, en principio, hacer el Camino de Santiago tiene un trasfondo religioso, pocos son ya quienes lo hacen movidos por esa razón. De hecho, en ese momento a las puertas del Claret no había nadie que dijera hacerlo por ese motivo.

Muchos lo hacen por escapar de la vida diaria y 'desconectar' durante unos días. Era el caso de la alemana María, quien confesaba que «mi trabajo no va como yo quiero», por lo que quería alejarse un poco de su mundo. Además estaba convencida de que este viaje le ayudaría a «crecer como persona». Y es que, a pesar de la falta de religiosidad, lo que no fallan son los valores que comparten los peregrinos: ayuda mutua y compartir.

También hay quienes lo hacen como una buena alternativa al común plan de 'sol y playa'. Teresa, la peregrina más veterana de la fila, admitía que ese era precisamente su caso. «No me gusta la playa -decía- prefiero el monte que el mar». A Paco y Miguel les pasaba lo mismo: «Nos encantan las caminatas», exclamaban al unísono.

Para la pareja argentina, por el contrario, se trataba de «un gran desafío -admitía Gabriela-, porque nunca caminamos tanto». «Lo estamos haciendo sin motivos religiosos, en realidad lo que queremos es vivir aventuras», explicaba Joaquín entre risas. No eran los únicos a los que les llamaba el sentido aventurero. De hecho, qué mejor prueba que caminar sin planes muy definidos, como Ángela, Jose o Ángel.

Lo que está claro es que, lo hagan por unos motivos u otros, quien lo hace una vez se queda con ganas de más. Seguro que más de uno ya está pensando que sería una buena idea animarse a hacerlo el verano que viene y pasar unas vacaciones, sin duda, únicas. El Camino de Santiago se convierte en una experiencia de lo más enriquecedora.

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