Rafa Olaizola: «El seminario es un entrenamiento, si no sudas y lo pasas mal, no te curtes»

Rafael Olaizola posa en la catedral del Buen Pastor, donde esta tarde será ordenado sacerdote diocesano./USOZ
Rafael Olaizola posa en la catedral del Buen Pastor, donde esta tarde será ordenado sacerdote diocesano. / USOZ
Rafa Olaizola, nuevo sacerdote de Gipuzkoa

Olaizola, exconcejal del PP de Zarautz, se ordena esta tarde a las 18.00 horas sacerdote en la catedral del Buen Pastor y será el nuevo párroco de Errenteria y arcipreste

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Rafa Olaizola llega puntual, a la hora del Ángelus, a la catedral del Buen Pastor. Va vestido de clériman y saluda amablemente en euskera a todo aquel que le felicita ante su inminente ordenación sacerdotal -la cuarta en la Diócesis en los últimos años-, que tendrá lugar a las 18.00 horas de esta tarde en la catedral del Buen Pastor. A sus 51 años, Olaizola va a comenzar su nueva misión con «bastante responsabilidad», ya que ha sido designado como nuevo párroco de la Asunción de Errenteria y, además, arcipreste de Ekialde «que comprende las localidades de Irun, Hondarribia, Pasaia, Oiartzun, Errenteria y Trintxerpe», detalla.

- Le ordenaron diácono en julio y cinco meses más tarde, sacerdote. ¿Con usted han acelerado un poco el proceso?

- Sí, se ha acelerado el proceso porque desde el obispado han visto que en Errenteria hacía falta un párroco, y viendo mi trayectoria vital y mi edad, han creído que podía compaginar lo poco que me queda de estudios con mi incorporación a la parroquia de la Asunción en Errenteria, donde ya estoy instalado los fines de semana. Pero va a ser un aterrizaje tranquilo.

- ¿Cuál es su trayectoria vital?

- A los 19 años me saqué el título de maestro industrial con especialidad en electricidad y con 19 fui a un curso de discernimiento que hacían en Villa Rosario. Pero ese año falleció mi madre y, como soy hijo único y mi padre se quedó un poco mal, decidí quedarme con él. Empecé a trabajar en Bombas Itur y ahí estuve 26 años. También estuve 20 años de voluntario en el Club Deportivo Zarautz, del que fui presidente durante un lustro. Además, fui concejal del Partido Popular en Zarautz durante 13 años. En 2010, falleció mi padre y esa vocación que tenía desde pequeño volvió a renacer en mí, aunque no había perdido contacto con la Iglesia en ningún momento.

- Además de párroco también se estrena como arcipreste.

- Sí, arcipreste de Ekialde. Han visto que yo podía aportar e intentaré responder. Cuando me lo dijeron me extrañó porque aún no he terminado de salir del seminario, pero supongo que habrán tenido en cuenta mi experiencia de vida para ocupar ese puesto, así que dije: adelante. En julio me puse de rodillas ante el obispo y le prometí obediencia, y ahora me toca obedecerle.

-¿Qué pasó para que decidiera ingresar en el seminario a los 46 años?

- Cuando falleció mi aita me replanteé lo que había estado en stand-by durante 30 años. Estuve discerniendo durante dos años y en 2012, durante un viaje a Roma, el interruptor se activó de nuevo. Recuerdo que fue después de la misa de beatificación de Juan Pablo II, en la que sentí una alegría inmensa. Vi que era necesario para esta comunidad y para esta Iglesia. Mi vocación siempre había sido socializada, con la gente, y en ese sentido veía que ahora tenía que ser a través de la Iglesia para transmitir la palabra de Dios. El Señor me estaba diciendo que podía hacer más. Y yo, con todas mis carencias, intentaré responder. Ese año entré en el seminario, que no está en Donostia sino en Pamplona.

-¿El cambio fue duro?

- Al principio un poco, pero en el seminario había seminaristas mayores que yo incluso. Aún así, fue un cambio drástico en las costumbres y en la vida cotidiana. No es lo mismo estar en un despacho, además con responsabilidades, que ir a un aula con profesores que te vuelven a dar clases después de muchos años. Pero ahí está Dios por detrás y yo tenía la certeza de que él me había llamado. Es un sentimiento con el que tú dices: adelante.

-¿Sus conocidos se extrañaron?

- Los que mejor me conocen; mis compañeros de trabajo, mi familia y mis amigos más cercanos, sabían que siempre estaba planteándome esa posibilidad. No les sorprendió porque iba casi todos los días a misa, rezaba el rosario, etc. (risas).

-¿Qué papel ha jugado el obispo Munilla en su vida?

- Don José Ignacio siempre se ha portado como un padre conmigo. Siempre me ha atendido y ha estado pendiente de mí y del resto de seminaristas. Los lunes convive con nosotros, se queda a dormir en Pamplona y el martes por la mañana, después de celebrar misa con nosotros, vuelve a sus trabajos aquí. Cualquier cosa que necesitamos o que nos inquieta, él está al tanto.

-¿En algún momento durante su formación se planteó 'qué hago yo aquí'?

- Los cinco años son largos y siempre hay momentos oscuros en los que necesitas mucha fuerza para salvaguardar el convencimiento inicial. El Señor te pone a prueba, pero creo que esos momentos vienen bien para el futuro, cuando ya seamos sacerdotes, para afrontar retos importantes. El seminario es como un entrenamiento, si no sudas y pasas momentos malos sería un poco flojo y no te curtirías. Pero como en todos los procesos de formación...

-¿No es un camino de rosas entonces?

- Este es mi sexto año en el seminario. Allí hay un sitio muy importante para mí que es la capilla. Porque durante la formación, efectivamente, no todo es de color de rosas. Ahí he reído y he llorado con el Señor. Los seminaristas tenemos cuatro tareas principales: la vida en oración; después está la vida en comunidad -a la que yo me adapté muy bien y mis compañeros han sido como una nueva familia para mí-; por supuesto también están los estudios -al principio me costó muchísimo porque no estaba acostumbrado-; y el cuarto es el trabajo pastoral. Los fines de semana volvía a Gipuzkoa y he ayudado en varias parroquias. En Zarautz, San Sebastián y Bergara. Ahora ya estoy en Errenteria.

-¿Le da vértigo ordenarse y ser párroco y arcipreste automáticamente?

- Yo sé que por mí solo no voy a ser capaz. Necesito ese convencimiento de que Dios va a estar ahí detrás. Lo mismo que hay momentos en que uno echa la vista atrás y se dice a sí mismo: 'ostras, yo cómo fui capaz de hacer aquella determinada cosa'. Pues con esto pasa lo mismo; piensas que tienes un empuje gracias a la fuerza que te da el que te ha destinado para esta determinada misión. En definitiva, que a estas alturas de mi vida vértigo no tengo, lo que sí que estoy es plenamente responsabilizado para hacer bien la tarea que se me ha encomendado.

-¿Cómo ha vivido los días previos a su ordenación?

-Estoy rezando mucho, pero quiero cumplimentar el sacramento cuanto antes y ponerme a trabajar, que al fin y al cabo para eso me he estado formando durante estos últimos años. El día 10 tengo el cantamisa en Zarautz y luego ya me voy directamente a Errenteria como párroco.

-¿Qué le dicen en esa localidad?

-Estoy muy a gusto porque siento que la gente necesita un cura. Poder contar con alguien que les atienda espiritualmente, porque tienen necesidad de Dios. Y en ese sentido, cuando paseo por las calles de Errenteria veo que la gente me sonríe y todos me saludan simpáticos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos