«La radicalización yihadista de jóvenes puede pasar de cero a cien en pocos meses»

Carlos Muñoz, en el centro de la imagen, en la charla mantenida ayer con jóvenes de un piso de la Diputación dentro del plan piloto 'Elkarbizitza helburu'. / USOZ

La Diputación testa un plan piloto con la Ertzaintza para prevenir la manipulación de menores tutelados. «Un joven sin arraigo, en exclusión, sin empleo y frustrado con la sociedad es la presa fácil que buscan los reclutadores terroristas», advierte el ertzaina Carlos Muñoz

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

La lucha mundial contra el yihadismo también se libra en una sala de una casa de cultura en Donostia. A pequeña escala, la clase que se imparte es una metáfora de los esfuerzos policiales que se han adoptado también en Euskadi para combatir un enemigo invisible: la manipulación que se inocula con fines terroristas a través de las redes sociales a jóvenes musulmanes, un problema global, sin fronteras, que hoy adopta el rostro de dos agentes de la Ertzaintza que escuchan y hablan de identidad, de prejuicios y de religión con una decena de chavales tutelados por la Diputación de Gipuzkoa.

Es la primera vez que Euskadi afronta la amenaza real del terrorismo yihadista con un programa de prevención que se está testando en el territorio con la intención de extenderlo en función de sus resultados. La misión principal, cuenta Carlos Muñoz, de la Oficina Central de Inteligencia de la Ertzaintza, no es detectar posibles casos que hayan podido cruzar esa peligrosa línea hacia la radicalización -para eso ya trabajan otros efectivos policiales en diferentes campos-, sino tratar de formarles en un sentido crítico y un conocimiento religioso no distorsionado del Islam para que rechacen cualquier adoctrinamiento radical. «Un joven desarraigado, en riesgo de exclusión, que no encuentre un empleo, puede canalizar su frustración de la manera equivocada hacia la yihad. El factor religioso cada vez pesa menos. Son la presa fácil que buscan los reclutadores terroristas, que intentan aprovecharse de esa vulnerabilidad», advierte Muñoz, que ayer participó en la primera de las clases que recibirán los chavales dentro de un programa en el que también participan las asociaciones Cruz Roja, Kolore Guztiak y Euskal Bilgune Islamiarra (EBI).

«Influenciables»

Bajo el título 'Elkarbizitza helburu', el novedoso plan nace a iniciativa de la Diputación de Gipuzkoa y está dirigido tanto a menores tutelados como a jóvenes mayores de edad en recursos forales para facilitar su emancipación. Ayer precisamente los dos grupos que arrancaron las clases se correspondían al segundo perfil. Todos acudieron de manera voluntaria, subrayaban dos monitoras de Cruz Roja antes de la clase. Y entre ellos había desde jóvenes de religión musulmana a adolescentes guipuzcoanos o latinoamericanos. Antes han sido también formados sus monitores, los profesionales que conviven con ellos en los pisos forales. «Nosotros no hemos detectado nada ni tenemos sospechas. Este es un programa positivo porque se trata de prevención, y como tal nos parece muy interesante», contaban las dos chicas.

«El programa realiza especial hincapié en el tema de las redes sociales, por cuanto se trata de un colectivo sensible, vulnerable e influenciable que necesita especial protección, y más aún el de los jóvenes bajo tutela foral, por las experiencias vitales complicadas que tienen», expone la diputada de Políticas Sociales, Maite Peña, que enmarca el plan junto a otras iniciativas también de tipo preventivo en temas de drogodependencias y abusos sexuales.

¿Y qué se les enseña? «Lo primero que hacemos es escucharles», explica Muñoz. «Nos interesa saber qué percepción tienen de su alrededor, si perciben un rechazo de la sociedad o si manifiestan un concepto equivocado del Islam. Un problema habitual es que puedan tener un conocimiento falso de lo que significa su religión y, como hacemos cuando nos duele algo, recurren a Google y allí encuentran las páginas radicales donde les empiezan a ofrecer soluciones con una serie de consignas que buscan potenciar su odio a Occidente y su victimismo», el germen de eso que se llama radicalización. «Hablamos de chavales que han podido viajar a Siria pero también de un activismo importante en redes sociales, donde vierten barbaridades que pueden no llegar a ser delito», pero que «son síntoma» de que se ha desencadenado un cambio, explica Muñoz.

«El factor religioso pesa menos. El problema es una frustración con la sociedad mal canalizada» Carlos Muñoz. Ertzaina, monitor del curso

«Ha habido casos, pero el número es anecdótico respecto a toda la comunidad musulmana» Carlos Muñoz

«La preocupación existe», dice ante la evidencia de las últimas detenciones en Euskadi y las dos sentencias por autoadoctrinamiento dictadas por la Audiencia Nacional a dos detenidos por la Ertzaintza en los últimos años -uno en Gipuzkoa y otro en Bizkaia-. «Ha habido casos, pero el número es anecdótico respecto a la comunidad musulmana», responde con discreción policial Muñoz, cuando se le pregunta por el número de jóvenes musulmanes residentes en Gipuzkoa que han cruzado la línea hacia esa radicalización. Se ciñe a los arrestos practicados, que no se corresponden en realidad con el total de casos, «porque ha habido personas que primero quedaron en libertad y luego fueron de nuevo detenidas tras la sentencia condenatoria», como ocurrió con las dos citadas resoluciones de la Audiencia Nacional, apunta.

Lo que siempre sorprende es que un joven que no había manifestado antes ningún comportamiento radical pueda caer en esas redes. «El proceso de radicalización puede ser de cero a cien desde aquí -en Gipuzkoa-, en dos o cuatro meses», lo que los agentes policiales llaman una radicalización 'exprés'. «Aunque casi siempre hay un paso por Marruecos, para unas vacaciones o por el Ramadán», apunta.

No criminalizar

Muñoz se resiste a hablar de signos de radicalización. «Por el hecho de que una persona se cubra con el pañuelo o que se convierta al Islam no quiere decir nada», e insiste en que se necesitan conocimientos claros de lo que significa la religión musulmana para precisamente no caer en discursos que criminalicen a un colectivo en concreto.

El discurso de la islamofobia, señala, retroalimenta ese odio hacia Occidente. «Es la profecía autocumplida, la pescadilla que se muerde la cola. Sienten que se les criminaliza por el hecho de ser musulmanes y se ven en la obligación de posicionarse entre Occidente y Oriente. Nosotros les insistimos mucho en que no caigan en esa división, porque es lo que quieren los grupos terroristas». La propia comunidad musulmana, a través de la asociación EBI, se ha implicado en el proceso para defender su presencia integrada dentro de la sociedad vasca. Todos están convencidos de que el radicalismo también debe combatirse con la educación.

La cifra

10 jóvenes
de los pisos forales que facilitan la emancipación iniciaron ayer el programa piloto de la Diputación de Gipuzkoa, en colaboración con la Ertzaintza, para prevenir que sean manipulados por organizaciones yihadistas. La idea es extender la iniciativa en función de los resultados.

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