Al quirófano, aunque sea andando

Los integrantes del equipo de hemodinámica de Policlínica Gipuzkoa se las ingeniaron para llegar a su cita con dos intervenciones «delicadas»

Santiago Solana, Adriá Tramullas, Amaia Terradillos, Elena Galardi, Mariano Larman y Marta Eguren/Lobo Altuna
Santiago Solana, Adriá Tramullas, Amaia Terradillos, Elena Galardi, Mariano Larman y Marta Eguren / Lobo Altuna
GAIZKA LASASan Sebastián

No se permitieron el lujo de ver en la nevada un pretexto para no acudir a su centro de trabajo. Su profesión no se lo permite. Ayer participaban en dos operaciones de corazón en Policlínica Gipuzkoa y no fallaron a su cita. El día amaneció con densos copos cayendo del cielo y un caos helado en las carreteras, pero a primera hora de la tarde dos pacientes descansaban en sus habitaciones con corazones reconstruidos, ajenos a las peripecias vividas por los integrantes del equipo sanitario para poder asistirles.

Santiago Solana fue uno de los cardiólogos hemodinamistas que hicieron gala de su profesionalidad. Vive cerca del Buen Pastor y acudió, como todos los días, a la parada del autobús. «He visto que no pasaba ninguno y, con el paso del tiempo, el que pasaba iba tan lleno que ni paraba». Así que no se lo pensó dos veces. Optó por la vía más saludable y sostenible, sobre todo cuando hay coches y autobuses cruzados en las calles. «He subido andando hasta la Policlínica, y he tardado poco más de una hora», cuando normalmente necesita quince minutos. No obstante, reconoce que «no he contemplado la posibilidad de no ir a trabajar. Creo que los que somos de por aquí no nos lo podemos permitir».

Lo mismo debió de pensar el anestesista de la sala, Unai Salinas, sin cuya aportación no se hubieran podido ejecutar las dos operaciones. Vive en Gros, barrio donostiarra que, como todos los demás despertó impracticable para el tráfico. Así que se calzó unas botas y con un buen abrigo emprendió la caminata que le llevaría a cruzar la ciudad y subir hasta el centro hospitalario. Otro cardiólogo del equipo también acudió andando, aunque esta vez tras un ameno paseo desde Puio.

Dos de los cardiólogos y el anestesista tuvieron que subir andando hasta la Policlínica

El tercer cardiólogo, Adriá Tramullas, probó suerte y pudo coger el autobús en Gros, eso sí «bastante antes de lo que suelo cogerlo todos los días, por si luego se ponía la cosa peor». Fue, en cualquier caso, el privilegiado del grupo.

No está lejos de Policlínica Errenteria, pero las distancias ayer quedaron distorsionadas por los estragos de la nieve. Allí vive la enfermera de cirujía cardíaca Ainhoa Odriozola, que pensó a primera hora sustituir el coche por el transporte público. «He ido andando hasta la estación de Galtzaraborda pero he comprobado que el servicio de Euskotren estaba suspendido. He vuelto a casa y he tenido que colocar a los niños, que no tenían cole». Tras la gestión -la conciliación actuó ayer como agravante- volvió a salir andando a coger un Topo que ya había reanudado el servicio. «Al menos he podido llegar hasta Anoeta en tren y desde allí he subido, despacio despacio, hasta Policlínica». Su Odisea duró hora y media cuando su vehículo particular le permite cubrir el trámite en quince minutos. Pero llegó.

Otra enfermera del equipo, Amaia Terradillos, tenía, a priori, la papeleta más difícil. Presentarse en el quirófano desde Tolosa. Como fuese. Y eligió que fuese como siempre. En coche. «He tenido mis apuros para salir del garaje y he podido llegar a la salida de la N-1 despacito. Una vez en la autovía, en Villabona ya el tráfico iba muy lento, con retenciones constantes. Pero he avanzado hasta Hernani y, como la subida por Galarreta estaba muy mal, he escuchado en la radio que se podía acceder por la rotonda que va al Polígono 27, así que he hecho caso a eso y menos mal». Una vez subido hasta el complejo de hospitales, asegura que «lo peor estaba en la propia rotonda de Policlínica». Su valentía y pericia al volante, y un golpe de suerte, hicieron que a la hora y media de salir de casa pudiera enfundarse la bata de enfermera.

Enfermeras en patrol

Dos de sus compañeras llegaron juntas en un cuatro por cuatro que hizo posible su presencia en la sala de intervenciones. Por circunstancias personales, a Marta Eguren le habían dejado un patrol hace unos días «así que me he atrevido a ir en coche después de llevar a los hijos desde el Antiguo al centro por el vial». Cuenta que «un municipal me ha mirado las ruedas en Bera Bera y al ver que sí eran de nieve me ha dejado pasar».

Recogió por el camino a Elena Galardi -también enfermera- y cuando parecía que ambas habían dejado atrás lo más complicado tuvieron el susto de la mañana. «En la rotonda de la Policlínica hemos patinado y he perdido el control del vehículo, por lo que casi nos chocamos contra otros coches». Se sintieron afortunadas de llegar sanas y salvas y a tiempo al trabajo, «porque hemos visto muchos coches parados por el camino», relató Eguren.

Médicos y enfermeras señalan que «no se nos pasa por la cabeza no ir a trabajar» en días así

Después de todo, «al enfermo no le ha supuesto nada», se congratulaba Elena Galardi. Y podía haberle supuesto, porque «si cada uno de nosotros no conseguimos llegar al hospital, no se hacen las dos intervenciones que se han hecho, que eran urgentes y delicadas». Por eso asegura que «creo que a ninguno se nos ha pasado por la cabeza no ir al trabajo. Tal vez sí retrasarnos en la llegada, pero no renunciar a ir».

A todos ellos les esperaba el más madrugador. El jefe. El cardiólogo hemodinamista Mariano Larman se la jugó con su coche. Eso sí, se la jugó muy pronto, por si tenía que recurrir al plan B. «Para las 7.30 ya estaba en la Policlínica, a donde he accedido desde el Centro no sin dificultades». Asistió después a la llegada paulatina de todo su equipo -una decena de profesionales entre cardiólogos, intensivistas, enfermeras, anestesista y celadores- y pudo celebrar que «hemos cumplido con lo programado y sin retrasar ningún paciente». El único contratiempo fue no poder ejecutar una tercera operación «porque el enfermo no nos ha llegado desde el Hospital del Bidasoa por problemas con la ambulancia». La operación se hará hoy.

La profesionalidad del equipo prmitió, ni más ni menos, acometer un recambio valvular aórtico percutáneo -una prótesis en el corazón- y un cierre de orejuela -tapar una cavidad que genera trombos-, por encima de las inclemencias de la nieve.

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