Las quince joyas de colección de Chivite

Los asistentes a la cata degustaron una quincena de caldos de postín. / MICHELENA
Los asistentes a la cata degustaron una quincena de caldos de postín. / MICHELENA

La firma vinícola navarra, un clásico de nuestras mesas, encandila a todos con una cata que perdurará en el recuerdo

MIKEL MADINABEITIA

El Grupo Chivite celebró ayer una cata vertical de primera categoría. La firma vinícola navarra es un clásico de San Sebastián Gastronomika y ayer regó el Kursaal con unos caldos procedentes de la gama Chivite Colección 125. Sesenta catadores tuvieron el privilegio de probar estas joyas enológicas en una sesión excepcional dirigida por César Muñoz, director enológico del Grupo Chivite, que estuvo acompañado por Pilar García Granero, directora de enología del Basque Culinary Center, cuyas explicaciones sirvieron también para comprender mejor la complejidad de cada vino.

Seis añadas de Chivite Colección Blanco, seis de Chivite Colección 125 reserva y tres de Chivite Colección Vendimia Tardía (dulces) fueron los vinos a degustar. Entre las botellas que se descorcharon se encontraban vinos de las añadas 1994, 1996, 1998, 2002, 2004, 2005... Auténticas joyas.

Pero vamos paso a paso. Para asimilar el oro líquido que produce Chivite hay que entender en primer lugar dónde lo hacen. Y para ello debemos acudir a la Finca de Legardeta, el templo de donde salen sus afamados vinos. Es una de las zonas para el cultivo de la vid más septentrionales, no sólo dentro de los límites geográficos de Navarra, sino en toda la Península Ibérica.

Legardeta es una finca de 600 hectáreas de las que actualmente 135 son del viñedo, perfectamente integrado en el ecosistema de monte bajo y arbolado diverso de quejigos y robles. En definitiva, que aquí se producen vinos excelentes con dos características que entiendo que definen su idiosincrasia: la acidez y la estructura. Todo ello sin olvidarnos del tempranillo, que funciona como eje. Ya saben, esa uva que es una eterna optimista. ¿Por qué lo digo? Lo digo porque está convencida de que mañana lloverá y que, por tanto, el vino madurará mejor...

En cuanto a la cata, les diré que fue una montaña rusa de sensaciones. Por ejemplo, el tinto de 1994 tenía gotas de moka, era delicado, complejo en nariz pero sobre todo en boca. El de 2004, en cambio, tenía mucha fruta, concentración de varios aromas, notas de clavel... Me pareció un vino largo como algunas olas del mar, que cuando parece que acaban siempre vuelven.

Sobre los blancos, les destacaré la añada de 2015, dulce, con algo de lácteos y piña. Una piña que recordaba a los caramelos xugus azules. ¿Se acuerdan de aquellos xugus? En definitiva, Chivite deleitó a los presentes con una quincena de vinos top. Vinos selectos. Vinos excelsos. Quince vinos de colección.

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