«Sí, quiero» a la guipuzcoana

De un flashmob a una pancarta de 30 metros en la Isla, dos formas originales de «hincar rodilla». En el día de San Valentín, dos parejas guipuzcoanas relatan cómo fue su pedida de matrimonio, nada convencional

Iker y Eneko, en Hondarribia, donde se comprometieron. /DE LA HERA
Iker y Eneko, en Hondarribia, donde se comprometieron. / DE LA HERA
ESTRELLA VALLEJO SAN SEBASTIÁN

Desde que Bruno Mars publicara 'Marry you' el número de parejas que a lo largo y ancho del planeta se han comprometido con esa canción es incalculable. El más sonado fue un vídeo publicado en Youtube en 2012, en el que familiares y amigos sorprendían a la novia con una coreografía, hasta que el novio entraba en escena en el momento en el que la canción decía 'Baby, I think I wanna marry you' (Cariño, creo que quiero casarme contigo).

Tampoco hace falta irse a Reino Unido para conocer estas historias. Gipuzkoa ha sido testigo de infinidad de maneras originales de comprometer a dos personas, desde hacerlo en pleno concierto de La Oreja de Van Gogh, hasta sumergirse en la pecera del Aquarium o contratar un vuelo sobre el flysch de Zumaia y dejar un gran cartel en la arena con la propuesta. Dos de los protagonistas de este reportaje relatan cómo de ojipláticos se quedaron en el momento en el que sus respectivas parejas les pidieron matrimonio -tanto por el fondo como por la forma-. Los otros dos revelan cómo fue el proceso de preparar una pedida de mano de lo más original.

El primer caso sucedió en 2013. Iker y Eneko, de 29 y 31 años, respectivamente, llevaban un par de años juntos cuando el mayor de los dos decidió sorprender al otro. Aprovechó la participación de su pareja en 'El Conquistador del fin del mundo' para poner en marcha toda la maquinaria sin que sospechara lo más mínimo.

Iker es bailarín por lo que «la mejor forma de pedírselo era con un baile», revela Eneko, al tiempo que apunta que el baile no es precisamente su punto fuerte.

Así, las casi 50 personas que fueron cómplices de la sorpresa entre compañeros de danza, familiares y amigos, ensayaron durante un mes la coreografía elaborada con una base musical que combinaba algunas de las canciones favoritas de Iker. «Mónica Naranjo, la banda sonora de la película del Mago de Oz, Britney Spears, Taylor Swift...», enumera.

Por fin llegó el gran día. Fueron a cenar a un restaurante de Hondarribia para celebrar su aniversario. Todo transcurría con total normalidad en el interior del local. Sin embargo, en el exterior, medio centenar de personas vestidas de negro y con máscaras blancas se encargaban de colocar todo el atrezo.

«Al principio, las olas mandaron a la porra el piraucho, la pancarta de 30 metros, a mí...», dice Jon

«Después del flashmob le di un anillo con un rubí que aparece en su peli favorita», indica Eneko

Llegaron al postre, tomaron el café y pagaron la cuenta. Pero, de pronto, al abrir la puerta del restaurante para abandonar el establecimiento, una alfombra de baldosas amarillas -como en el Mago de Oz- se extendía frente a los pies del bailarín. «En ese momento estaba un poco asustado porque no sabía lo que ocurría», confiesa ahora.

Los participantes en el flashmob le invitaron a acercarse al medio de la plaza, «con los vecinos asomados a los balcones». Comenzaron las coreografías, mientras Eneko se fue a cambiar de ropa. «Me puse chaqueta y corbata, cogí el anillo que me lo estaban guardando en el restaurante e hice el tercer baile. Cuando terminó la música, frente a él, me arrodillé y le pedí matrimonio con un anillo que tenía un rubí, como los zapatos del Mago de Oz», recuerda este irunés, que no esconde los segundos de silencio de su pareja, porque se encontraba completamente perplejo.

Han pasado cinco años desde aquello y aún siguen sin hacer oficial su relación, aunque no por falta de ganas. «Una hipoteca de por medio» les obligó a retrasar la fecha que, ahora sí, ya tienen prácticamente cerrada para octubre de 2020.

En piraucho y a lo loco

La historia de Jon y Lucía, en cambio, poco tiene que ver con bailes, aunque también sucedió en 2013. El cumpleaños de esta donostiarra caía en un lunes del mes de noviembre y a Jon le pareció el momento perfecto para pedirle matrimonio.

Así que ni corto ni perezoso, colgó una pancarta de treinta metros de largo por dos de alto en la parte trasera de la isla de Santa Clara con el mensaje: «Lucía, ¿quieres casarte conmigo?». Con un tiempo «infernal», recuerda ella, Jon le propuso ir a caminar a las ocho de la mañana de aquel lunes laboral por el Paseo Nuevo, pero al llegar al punto perfecto, resultó que la miopía de Lucía no le permitió descifrar las grandes letras que sí intuía en un cartel. «La verdad que no conté con eso», dice ahora este donostiarra entre risas. En cualquier caso, «hincó rodilla porque ya me imaginaba lo que ponía», dice ella, aunque posteriormente se desplazaron a la carretera del Faro, «desde donde sí pude leer lo que ponía».

Lucía confiesa que la idea le emocionó, pero más aún cuando tuvo conocimiento del 'making of' de aquella puesta en escena. «Ahora cuenta cómo llevaste la pancarta hasta la Isla», le azuza con guasa. Y él procede: «La cuestión es que quería pedírselo el lunes de su cumpleaños, por lo que la pancarta debía colocarla el domingo para que nadie, en caso de verla, fuera a quitarla». Para ello, se compró un piraucho y ese domingo, en medio de una alerta costera por olas, se plantó en Ondarreta con su 'bote', el arnés, las cuerdas, mosquetones y una pancarta de treinta metros enrollada. «Al primer intento, vino una ola y me mandó todo a la porra. La mochila por un lado, la pancarta por otro...».

El resultado en el segundo intento fue similar, hasta que a la tercera fue la vencida. Reconoce que la altura de ola asustaba a medida que se alejaba de la orilla. «Hubo un momento que llegué a pensar que como me pasara algo...», confiesa ahora. Llegó a la Isla y decidió esperar a que se hiciera de noche para que no se leyera el mensaje. «Por si no me hubiera jugado la vida suficiente, me pareció buena idea colgar el cartel de noche», aunque indica que la zona le era conocida ya que en alguna ocasión había «montado un rapel» a sus amigos en dicha roca.

Al cabo de dos días, el temporal marítimo hizo desaparecer la enorme pancarta. «En realidad nos apuramos, porque la idea era ir a retirarla», confiesan. Pero cuál fue su sorpresa cuando meses más tarde, más concretamente en mayo, mientras Jon daba una vuelta en piragua por detrás de la isla, se topó con buena parte de aquel cartel «hecho una acordeón», enroscado entre las rocas. «Lo cogí y me lo llevé a casa de recuerdo», indica.

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