«Quería enseñar el mundo a un niño, no me importaba que no tuviera mis apellidos»

Las familias de acogida guipuzcoanas se reunieron ayer en Donostia en el encuentro anual que celebran desde hace 17 años

«Quería enseñar el mundo a un niño, no me importaba que no tuviera mis apellidos»
TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN

Naroa Juarez y su marido salían un día de la estación del Topo en Amara Viejo en Donostia y se fijaron en un cartel. Hasta ese momento desconocían que en Gipuzkoa existía un programa de familias acogedoras a cargo de la Diputación Foral, pero enseguida decidieron llamar al teléfono que aparecía en el anuncio. La pareja ya tenía un hijo biológico. Días después acudieron a una charla donde les explicaron en qué consistía el acogimiento y a la salida ya lo tenían decidido: aunque nunca se habían planteado adoptar, abrirían su hogar a un niño. Pasados dos o tres meses, en los que el servicio Lauka realizó varias evaluaciones personales, llegó Xabier -nombre ficticio, como el del resto de menores protagonistas del reportaje-. Han pasado tres años y medio y la familia ha vuelto a crecer con una hija biológica que tiene poco más de un año. Ahora forman una familia numerosa -la acogida es permanente-, que, como todas, tiene sus ratos buenos y sus momentos malos «pero que no cambiaría por nada».

Ander Maiora tenía claro que «quería compartir mi vida con un niño, quería enseñarle el mundo y no me importaba que no tuviera mis apellidos». Este profesor eibarrés era consciente de que sin pareja podía resultar complicado formar una familia, pero no dudó. Contempló varias opciones. La «más tradicional», la adopción, no le convencía porque «no se corresponde con mis valores. Respeto a quien opte por ella, pero a mí me parece una especie de compraventa de un niño que no puede ser mantenido en su país de origen y si tú puedes pagar una millonada puedes tener un hijo con tus apellidos». También barajó la posibilidad de un vientre subrogado, «pero venía a ser lo mismo».

Finalmente, «viendo la realidad que hay en Euskadi donde muchos niños necesitan ayuda porque sus padres no han tenido oportunidades o por muchas otras razones no pueden hacerse cargo de sus hijos», se decidió por la acogida.

Hace dos años y medio conoció a David, que ahora tiene ocho años. El pasado enero llegó Mikel, que tiene dos años. Fue una acogida de urgencia que se ha convertido en permanente. «No tienen la misma sangre, pero al mayor no le digas que el pequeño no es su hermano. Se quieren mucho».

Naroa Jiménez y Ander Maiora fueron dos de los padres que ayer acudieron al XVII encuentro de familias acogedoras celebrado en Donostia organizado por la Diputación de Gipuzkoa y la Asociación de Familias de Acogida de Gipuzkoa, Beroa. En total asistieron 160 adultos y 60 niños. La cita inicial era en el Hotel NH Aránzazu, donde estaba el servicio de guardería, y después se trasladaron al centro cultural Lugaritz en el Antiguo.

Centros tutelados

En la actualidad hay 353 niños acogidos en 300 familias, de las que más de 70 se han incorporado en el último año, para acogimientos de urgencia, temporales o permanentes. Ahora mismo, de un total de 342 menores en centros tutelados de la Diputación, hay 43 en disposición de salir en cuanto encuentren un hogar de acogida.

Naroa Juarez cuenta que cuando Xabier llegó se adaptó bien. Ella cogió el permiso de maternidad y la empresa donde trabaja le dio muchas facilidades para conciliar, aunque reconoce que «hay que tener un plus más respecto al niño biológico, un poco de paciencia. Era muy movido, no tenía establecidas normas y necesitaba una rutina». Como dicen en esta familia, «llegó con mochila, no entendía por qué estaba en nuestra casa y qué le pasaba». La receta fue y es, porque a medida que va creciendo se notan más las carencias que tuvo de pequeño, «mucho cariño, muchos abrazos y muchos ‘maite zaitut’», pero como al resto de sus hijos porque «para mí es uno más».

También ha beneficiado que «hallamos empatizado con su familia biológica, a la que acabas queriendo. Conocemos a su amama. No es una relación fluida, pero sí correcta y cordial, porque tenemos algo muy importante en común». Precisamente ayer, Xabier cumplía 7 años y uno de los regalos que recibió de su familia de acogida fue que invitara a toda su familia biológica a cenar en McDonald’s.

Los hijos de acogida de Ander Maiora también ven asiduamente a sus respectivas familias biológicas y es en relación con estos encuentros semanales donde el profesor eibarrés encuentra fallos. «Me gustaría reivindicar que hubiera más puntos de encuentro en el territorio. Solo existe uno en Donosti. Venimos una vez a la semana, con una hora de ida, otra de vuelta, más las dos horas con sus familias. Para un niño es bastante cansado. Debería haber más, por ejemplo uno para la zona del Goierri, otro para el Alto y el Bajo Deba...».

Si hay algo que Maiora destaca de sus hijos es «la capacidad que tienen de dar la vuelta a la situación». David tenía seis años recién cumplidos cuando llegó a su casa, «venía de un centro tutelado y él sentía que le habían arrebatado de su familia y no entendía por qué no podía vivir con sus padres. Cuando me conoció quería saber cómo era yo, donde vivía, cómo era mi casa. Estaba nervioso porque su vida y la mía iban a cambiar. Fueron momentos muy duros, pero también muy bonitos».

Siempre ha contado con el apoyo de su familia. «Desde el primer momento han estado ahí. A mi madre le pareció maravilloso. Mi padre estaba un poco más reticente por si yo lo pasaba mal».

Cuando Mikel apareció en sus vidas la cosa fue algo diferente «porque era muy pequeño, tenía un año y dos meses. No lloró ni fueron necesarias explicaciones. Además, como David ya había pasado por eso era consciente de que el pequeño necesitaba una familia. Se arreglan muy bien, se quieren y entre los tres somos capaces de sacar la vida adelante como una familia cualquiera».

Los datos

353
niños se encuentran en estos momentos en 300 familias guipuzcoanas de acogida. En el último año se han incorporado 78 nuevas familias.
342
menores viven en centros tutelados de la Diputación, de los que 43 están en disposición de salir en cuanto encuentren familias de acogida.
El acogimiento
No existe un perfil único. Pueden ser personas solas o parejas heterosexuales o del mismo sexo. Debe ser una familia que les cuide, eduque y en la que puedan pasar a ser uno más, al tiempo que puedan seguir teniendo relación con sus familias biológicas a pesar de no poder vivir con ellas.
Contacto
El teléfono y correo electrónico para contactar con el servicio de familias de acogida de la Diputación son los siguientes: 943 112 522 y familiaharrera@gipuzkoa.eus.

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