Quedan 20 toneladas de toallitas

Un técnico de Aguas del Añarbe observa las labores de extracción de la masa de toallitas. / SARA SANTOSGráfico
Un técnico de Aguas del Añarbe observa las labores de extracción de la masa de toallitas. / SARA SANTOS

Se localiza un segundo tapón en el colector de Donostialdea

JAVIER PEÑALBA SAN SEBASTIÁN.

Los trabajos de eliminación del atasco provocado por la acumulación de toallitas higiénicas en uno de los tres principales colectores de la red de saneamiento de Donostialdea están siendo realmente costosos. Hasta el momento se llevan retiradas veinte toneladas y se estima que todavía quedan otras tantas.

La situación es peor de la que parecía. Al principio se creyó que había un único tapón, localizado a pocos metros de la estación depuradora. Pero no fue así. Tras las labores de retirada de las primeras toneladas de la mugrienta masa compuesta en su mayoría por estos productos de limpieza con base textil, el personal que trabaja en su eliminación descubrió un nuevo atasco.

Este segundo tapón es de cuatro metros de longitud y está en la misma conducción de 1,60 metros de diámetro. El obstáculo se localizó a unos quince metros aguas arriba de la primera acumulación que los trabajadores lograron desatascar el jueves de la semana pasada.

Según estimaciones efectuadas por los responsables de la Mancomunidad de Aguas del Añarbe, hasta el momento se llevan retirados alrededor de veinte toneladas de la masa que obtura el conducto y se cree que el segundo embotellamiento está compuesto por un volumen equivalente a otras tantas toneladas.

Los trabajos en curso, aseguran desde la sociedad que gestiona el servicio, se están desarrollando con «enormes dificultades de ambiente nocivo y confinado, prevención de riesgos laborales y rendimiento». Indican asimismo que tanto Aguas del Añarbe como las empresas especializadas colaboradoras, dedican grandes «esfuerzos y energías» para que «a la mayor brevedad posible», el colector recupere sus condiciones de funcionamiento normales.

Para agilizar los trabajos se prevé la próxima incorporación de nuevo personal de la empresa Trasubeco, especializada en trabajos en estos espacios. Se estima que los refuerzos, con el apoyo del personal propio de Añarbe, «puedan realizar nuevos turnos o equipos de trabajo que, a la vez, consigan una mayor celeridad en la desobstrucción y retirada del segundo tapón», aseguran dichas fuentes.

El atasco tenía inicialmente un volumen aproximado de 75 metros cúbicos, equivalente a seis automóviles, y se extendía por un tramo aproximado de cien metros.

Este colector tiene una longitud de tres kilómetros y medio y 2,80 metros de diámetro en la mayor parte del trazado, aunque en el tramo en el que se produjo el colapso el conducto se estrecha a 1,6 metros.

La canalización transporta las aguas residuales de los cuatro municipios de Oarsoaldea, Oiartzun, Lezo, Errenteria y Pasaia, desde la estación de bombeo de Herrera hasta la depuradora de Loiola.

Los desechos, al mar

El colapso de la canalización impedía el paso de la mayor parte del caudal que circulaba por el conducto y, en consecuencia, el estancamiento aguas arriba de dichos caudales, de tal manera que en uno de los pozos de registro se llegó a alcanzar una altura del nivel del agua de cuatro metros. Ante esta circunstancia y antes de que empezaran los trabajos de desatasco, fue necesario rebajar la altura para lo que se desviaron las aguas residuales desde la estación de bombeo de Herrera al emisario submarino de San Pedro y al mar. En la actualidad estas aguas continúan siendo derivadas al Cantábrico.

Esta masa está compuesta por una combinación de toallitas húmedas y otros elementos de higiene personal, ya sean grasas, residuos sólidos, etcétera y según la empresa que gestiona la infraestructura, «ha producido la mayor obstrucción en una conducción de saneamiento jamás vista en Añarbe». Hasta el momento, las estaciones de bombeo habían sido las más afectadas por el inadecuado vertido de toallitas.

Fuentes de la mancomunidad reiteran que resulta complejo realizar un cálculo de los costes que generan este tipo de situaciones. Recuerdan que cuando comenzó la campaña de sensibilización con la Agencia Vasca del Agua y el resto de entidades del agua del País Vasco, se estimó que generaban un gasto de un millón de euros al año en Euskadi, y ello sin olvidar los costes ambientales, «ya que este tipo de taponamiento tiene como consecuencia generalmente vertidos de aguas residuales a los ríos o al mar».

Se estima que en Euskadi se vierten anualmente por el inodoro un total de 2.400 toneladas de toallitas higiénicas.

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