«Queda mucho por hacer para mejorar los cuidados del alzhéimer»

Todavía quedan pasos que dar para poder ofrecer la atención que las personas que padecen esta enfermedad necesitan

A.S.J.

Estas tres guipuzcoanas -Raquel, Sonia y Encarna- son cuidadoras principales o secundarias de sus familiares, y como tales se encuentran a diario con situaciones que demuestran que todavía quedan muchos pasos que dar para poder ofrecer la atención que las personas con alzhéimer necesitan.

Raquel lo ilustra con una situación que vivió con su madre. «Tuvimos que ir a urgencias por un problema de salud que tenía, y al llegar les avisamos de que era una persona con alzhéimer. A pesar de ello nos tuvieron ocho horas esperando. No fue fácil mantener a mi madre tranquila, no hacía más que ir de aquí para allá por los pasillos, y aunque insistí varias veces a los médicos de su situación no hicieron nada. Entiendo que estén saturados, pero creo que hay que aprender mucho sobre el trato y la prioridad que tienen que tener las personas con demencia en algunas situaciones. Para cuando le tumbaron en una camilla, mi madre se quedó dormida. ¡Lógico, era ya de noche!».

Raquel afirma además que la mayoría de la gente desconoce cómo debe tratar a las personas con alzhéimer. «Se tiende a tratarles como si fueran niños pequeños. Se ha avanzado mucho, pero queda mucho por aprender». Por eso tanto ella como Sonia están muy agradecidas por el trato y la ayuda que han recibido por parte de los profesionales de Fundación Matía. «Él disfruta, está mejorando y está contento, por lo que nosotros solo podemos tener buenas palabras», señala Sonia, que admite que cuando la enfermedad apareció en sus vidas las trabajadoras sociales de la entidad les ayudaron a «entender lo que significaba y a prepararnos para lo que podía venir».

Raquel asegura que aunque en un inicio su madre renegaba de acudir a un centro de día, «ahora va muy a gusto». «Elegimos un centro de Matía porque creo que el servicio es más integral, porque tratan tanto la parte de la demencia como la geriátrica, y eso es fundamental porque mi madre ya tiene 81 años». Asimismo asegura que convivir con ella le ha ayudado a «comprender mejor a las personas con demencia y sus necesidades», por lo que su forma de trabajar ha cambiado «y se ha vuelto más personalizada, me fijo en lo que necesita cada persona».

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