«No puedo quitarme ese estruendo de la cabeza»

La zona tras el accidente. / J. M. López

Pilar Aguirre, vecina de Villabona de 78 años, es una de las heridas en el accidente del pasado viernes

A. S. J. SAN SEBASTIÁN.

El viernes pasado Pilar Aguirre cogió el autobús desde Villabona a Tolosa para pasar la tarde con su hermana y su sobrina. Tras unas compras y un café, la guipuzcoana de 78 años decidió volver a casa porque el cielo amenazaba con lluvia y se montó de nuevo en el bus, ese bus que minutos más tarde acabaría protagonizando uno de los accidentes de tráfico más espectaculares que se recuerdan en las carreteras del territorio.

Pilar habla de cómo vivió el siniestro desde su cama en el hospital de La Asunción de Tolosa, donde permanece ingresada. Aunque su estado de salud no reviste gravedad, su pierna izquierda está destrozada. Fractura de peroné y una gran brecha, además de las múltiples magulladuras que tiene por todo el cuerpo. «Estoy hecha un cristo», comenta aún con fuerzas para bromear.

Las imágenes del accidente van y vienen en la cabeza de Pilar. Recuerda que el autobús paró en Laskibar, «donde se bajó una persona y subió otra, aunque eso no lo vi». Ella estaba sentada en sentido contrario, mirando hacia el fondo del autobús. Sin embargo, tampoco vio llegar al camión que segundos más tarde les arrolló, provocando que el autobús atravesara el quitamiedos de la N-1 y la carretera del polígono Katategi, hasta acabar empotrado en los jardines del parque de Laskibar. «Fue todo muy rápido. De repente se escuchó un estruendo tremendo, y yo me vi por los suelos. Fue horrible», recuerda la mujer. Es precisamente ese estruendo el que resuena una y otra vez en su cabeza. «No tengo imágenes, solo ese ruido terrible que me viene una y otra vez a la memoria».

Cuando el autobús paró, un grupo de vecinos de Irura que se encontraba celebrando un cumpleaños en un bar de la zona se acercó corriendo a socorrer a los ocupantes del vehículo. «Yo estaba en el suelo y no sabía qué había pasado. Me decían que saliera, pero yo no me podía mover», cuenta Pilar.

Fue una fuerte explosión la que le obligó a sacar las pocas fuerzas que le quedaban para arrastrarse hasta la puerta del autobús. Varios testigos relataron que se escucharon «petardazos», ya que el fuego que se desató en el camión quemó tanto el combustible como la carga que transportaba, en su mayoría latas y botellines de cerveza.

Una vez fuera del autobús, los servicios sanitarios le trasladaron al hospital de Zumarraga, donde le atendieron en un primer momento, para después trasladarle al de La Asunción, donde sigue recuperándose de sus heridas. «Fui la última a la que se llevaron, porque aunque me dolía todo el cuerpo, no me encontraba mal, y me dijeron que había gente más grave». «Por suerte no han tenido que operarme. Tengo una raja enorme en la pierna y me duele el pecho al respirar, pero los médicos me han dicho que esté tranquila, que todo está bien», añade.

Quince de los diecisiete heridos han sido ya dados de alta. Además de Pilar, otra mujer de 61 años que sufrió con traumatismo costal permanece ingresada en el Hospital Universitario Donostia.

«Nadie se acuerda de mí»

Pilar solo tiene palabras de agradecimiento para aquellas personas que le ayudaron. «Me dejaron un teléfono para que pudiera avisar a mi familia», señala. Sin embargo, reconoce que está molesta por la falta de interés que ha percibido sobre su estado de salud.

«Lo que sí que me ha extrañado es que nadie se ha preocupado por mí. Nadie ha preguntado qué tal estoy, ni la policía, ni desde los autobuses, ni nadie», se lamenta la mujer de 78 años, que confía en poder salir «pronto» del hospital.

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