El nuevo modelo educativo de Jesuitas de Donostia

Los alumnos trabajan en el suelo mientras las profesoras también lo hacen en distintos rincones del aula./SARA SANTOS
Los alumnos trabajan en el suelo mientras las profesoras también lo hacen en distintos rincones del aula. / SARA SANTOS

El colegio modifica las aulas, los horarios y otros hábitos en primero y segundo de Primaria al compás de la implantación de un nuevo sistema pedagógico

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

«El mundo está en constante cambio, pero en el siglo XXI lo hace más rápidamente. Además en los últimos años hemos sufrido una crisis importante, no solo económica sino también de valores». Así lo entiende la dirección del colegio Jesuitas de Donostia que en los últimos años ha dado la vuelta a su proyecto educativo. «Nuestros 1.600 alumnos han nacido todos en este siglo e incluso muchos vivirán en el siglo XXII, pero sus padres y nosotros, los docentes, aprendimos en el pasado, con una manera de enseñar basada en la clase magistral», comenta la directora Amaia Arzamendi. Los niños que ahora entran con 2 años, probablemente no saldrán del colegio hasta 2035.

Con este planteamiento, vieron la necesidad de reinventarse y para ello realizar diversas y potentes transformaciones. Una de ellas, en colaboración con la Universidad de Deusto, se orienta a despertar el comportamiento emprendedor de las personas, en este caso de los educadores, que también sepan dar respuestas creativas a las preguntas de sus alumnos, para mejorarles sus destrezas de pensamiento que debe ser analítico, crítico y creativo, y siempre trabajando de manera cooperativa. En resumen, «queremos educar a futuros transformadores del mundo y de nuestra sociedad, para ello es necesario un proceso en el que hay que entrenar desde pequeños», reflexiona Regina Ariceta, responsable de proyectos de Jesuitas. Esta nueva planificación ya se ha comenzado a aplicar en el modelo pedagógico de primero y segundo de Primaria.

Este curso ha comenzado con un cambio de la fisonomía de las aulas para adecuarse a las metodologías activas y a la transformación del currículum. Los profesores habían constatado que el horario, la organización y los espacios no les dejaban avanzar más, especialmente para que los profesores, en lugar de trabajar con los niños por materias lo hicieran por proyectos y así poder estar más tiempo con ellos y apostar por una enseñanza más personalizada. Unas aulas con transparencias, colores agradables, grandes espacios y flexibles fueron la solución para poder evolucionar.

«El espacio no es el fin, tiene que facilitar que sucedan cosas. Si un profesor está comprometido con este modelo, pero tiene que mover 25 pesadas mesas con todo el ruido y la pérdida de tiempo que supone, al final se desanima y lo deja. El espacio tiene que provocar, es un medio», explica la directora del centro.

 «El espacio tiene que facilitar que sucedan cosas distintas»

«El espacio tiene que facilitar que sucedan cosas distintas» Amaia Arzamendi, Directora

«No solo se analiza, también hay que soñar porque permite mirar más al futuro»

«No solo se analiza, también hay que soñar porque permite mirar más al futuro» Regina Ariceta, Responsable de Programas

Ese nuevo concepto del espacio también ha facilitado que los profesores trabajen en equipo, porque se juntan varias clases, y porque «antes se iban a una sala de profesores a puerta cerrada. Ahora la sala de profesores está en medio y los alumnos la ven constantemente. Dan ejemplo a los alumnos de cómo se trabaja en equipo y por proyectos».

El espacio también les permite mejorar con el mismo número de profesores las ratios de niños por educador. Pueden repartirse de formas diferentes, prestar más atención a quien más lo necesite o al revés, si sus alumnos están realizando un trabajo autónomo, pueden volcarse en los de otra clase.

Dos clases de Primaria en un mismo espacio separado por pequeños paneles.
Dos clases de Primaria en un mismo espacio separado por pequeños paneles. / SARA SANTOS

Un horario diferente

Otro de los aspectos que se han modificado, y que ha sido uno de los que más ha costado, es el horario, donde destaca el 'momentu biribila'. «Tiene un potencial muy importante para la consciencia del niño, que reflexione sobre lo que está aprendiendo y por qué, además de agradecer lo recibido y los talentos que tiene». Aquí se incluye todo el proceso de tutoría, de inteligencia emocional, meditación y, al tratarse de un colegio religioso, también de religión. «Se da importancia a que el alumno reflexione y tenga consciencia de sí mismo, siempre teniendo en cuenta que estamos hablando de niños de 6 y 7 años y por eso se les guía mucho», apunta Ariceta.

'Bai ala bai' ocupa los cien minutos previos al recreo y es donde se centran en «las cosas que en esta edad los alumnos deben aprender sí o sí porque son la base de su aprendizaje futuro: el proceso de lecto-escritura y cálculo y problemas de matemáticas. Aquí le hemos dado la vuelta convirtiéndolo en algo más experiencial y activo». Ahí esos espacios abiertos son imprescindibles porque los alumnos se encuentran en la misma aula organizados en talleres de veinte alumnos y cada veinte minutos van pasando de un taller a otro, hasta contemplar los cinco: cálculo, problemas, lectura, escritura y comunicación, tanto en castellano como en euskera.

Asignaturas como naturaleza o sociales se realizan a través de proyectos, retos relacionados con la vida que se encuentran fuera de la escuela y que los alumnos deben alcanzar. La música y la plástica es otro proyecto. «Todos los alumnos aprenden lo mismo en el mismo momento».

«Cuando comenzamos esta evolución teníamos claro varios elementos, entre ellos que el espacio tenía que ser acogedor tanto para alumnos como para profesores, que se sientan bienvenidos y donde poder expresar sus emociones. Todo para que se sientan alumnos estimados de esta sociedad», señala Arzamendi.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos