Las primeras olas, en verano

Locales y turistas aprovechan las vacaciones para aprender a surfear

Locales y turistas aprovechan el verano para aprender a surfear. /Fotos: Usoz
Locales y turistas aprovechan el verano para aprender a surfear. / Fotos: Usoz
PABLO GUILLENEA

El surf está de moda y la playa de la Zurriola se ha convertido, en las últimas décadas, en un importante reclamo turístico de San Sebastián. Sus olas no destacan por su calidad -y mucho menos su consistencia- durante el verano, pero por su ubicación y la creciente oferta de escuelas, locales de alquiler de tablas y tiendas de surf la playa donostiarra es hoy una de las más conocidas en Europa.

El testimonio de quienes aprovechan sus vacaciones para coger sus primeras olas en ella es similar al de Babette, holandesa de 25 años: «No es que venga solo a surfear, pero como tenía que pasar dos meses aquí para terminar mis estudios he querido aprovechar y aprender». Explica que no es la primera vez que surfea, «intenté empezar en Portugal, pero las olas no eran las mejores para mí. Aquí me va mucho mejor, he recibido dos clases privadas y ahora ya sigo practicando por mi cuenta».

Por su condición de playa urbana, la Zurriola destaca, frente a otras, por la variedad de servicios que ofertan los locales que proliferan en torno a ella. Xabi, monitor de una de las muchas escuelas que trabajan a destajo para aprovechar la concurrencia de clientes durante los meses de verano, es uno de tantos jóvenes surfistas que durante estos meses pueden hacer de su hobby un trabajo. «Hay clientes de todo tipo», relata mientras sale del agua con los cuatro niños a los que acaba de impartir una clase, «los hay como estos, que son donostiarras y aprovechan las vacaciones para empezar a aprender, pero también vienen otros niños de colonias y muchos turistas extranjeros».

Es algo que se comprueba en la puerta de su escuela. Mientras los cuatro niños entran y dejan sus tablas, otro grupo heterogéneo se prepara para salir al agua. En él, mezclados con otros jóvenes donostiarras, niños alemanes, chinos y brasileños cargan, como pueden, sus tablas hasta la orilla. «Entre las 2 y las 4 vienen muchos turistas. La mayoría busca clases individuales o en grupos pequeños», aclara.

Vacaciones familiares

Sin embargo, no todos buscan una escuela a la hora de dar sus primeros pasos en el mundo del surf. Robin, de 16 años, viene desde Holanda con toda su familia «expresamente para surfear. Yo tengo mi propia tabla y mi hermano y mi padre la alquilan cada vez que venimos».

Es la primera vez que visitan San Sebastián y tienen intención de «aprovechar cada día de olas». Dice que no es la primera vez que surfea: «en Holanda a veces vamos a la costa, pero suele hacer mucho viento y el agua está muy fría. Aquí es más fácil aprender, llevamos una semana y yo empiezo ahora a levantarme en la tabla pero mi hermano pequeño le cogió el truco en seguida».

Tanto la familia de Robin como Babette, pese a no haberse marchado aún, ya fantasean con su regreso, pero sobre todo con seguir practicando un deporte al que ya están «enganchados». Mientras tanto, las escuelas y locales de alquiler hacen su agosto y exprimen los últimos días de verano para hacer caja.

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