Picachilla, una zona negra para muchos barcos que han acabado hundidos

Los arrantzales jubilados de Pasaia recuerdan que otros muchos buques se accidentaron en el mismo lugar que el 'Berriz Patxiku'

E.V.SAN SEBASTIÁN.

El accidente vivido ayer por el buque pesquero 'Berriz Patxiku' tuvo lugar en las proximidades del Mompás, donde se halla Picachilla, nombre que recibe una roca sumergida bajo la superficie del mar y con la que, según alertan los expertos, todos los barcos deben de extremar las precauciones. Lo saben los arrantzales de la zona y también otros especialistas en historia marítima de la costa vasca.

Los viejos lobos de mar recordaban ayer, ante la imagen del moderno pesquero de Getaria semihundido en el muelle de Pasai Donibane, que otros buques no corrieron su misma suerte tiempo atrás en ese punto del monte Ulia que se enmarca dentro del término municipal de San Sebastián.

«Hace aproximadamente cuarenta y cinco años un barco alemán también tuvo un accidente ahí y se hundió», comentaba un vecino de San Juan. «Yo también recuerdo el de un pesquero que echó la red en esa misma zona, porque le marcaba que había pescado y estaba la roca», añadía otro marinero sanjuandarra ya jubilado en la actualidad.

Picachilla es desde tiempo inmemorial un punto negro para las embarcaciones que navegan por sus inmediaciones. «Hay muchos pecios en esa zona», asegura Xabier Agote, presidente de la Fundación Albaola. El máximo responsable de la construcción de la réplica del galeón San Juan desvelaba a este periódico uno de los secretos de este punto del Cantábrico, el referido a su nombre.

«Casi nadie sabe que Picachilla viene de la suma de dos palabras que se traducirían como 'corta la quilla'. Eso da una idea de la peligrosidad de ese lugar», manifestaba Agote.

A pesar de que la tripulación del 'Berriz Patxiku' acostumbra a pescar de forma frecuente en esa zona que se halla entre la capital guipuzcoana y el puerto de Pasaia, no pudo evitar acabar sobre las rocas. Como resultado, una vía de agua puso en peligro a cuantos viajaban a bordo. Los buzos llegados de Orio a la dársena pasaitarra inspeccionaban las consecuencias del suceso.

«Tras sacar las dos redes que lleva, pasaremos a meternos en la máquina. La avería la tenemos ya localizada y en un principio, no le vemos demasiadas pegas para taparla. Vamos a intentarlo», declaraba Ramón Etxeberri, quien añadía que este tipo de intervenciones es «bastante habitual» para ellos.

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