El peso de la tradición papelera

Dos siglos. Entonces se abrió la primera empresa del sector en Gipuzkoa. El papel marcó el desarrollo de sus comarcas

Antigua imagen de la maquinaria de la empresa Papelera Portu, posterior, Oria de Zizurkil. /Imágenes cedidas por Hernandorena K. Elkarte
Antigua imagen de la maquinaria de la empresa Papelera Portu, posterior, Oria de Zizurkil. / Imágenes cedidas por Hernandorena K. Elkarte
P. ARRAIGO

La historia papelera de Gipuzkoa nos lleva a la comarca de Tolosaldea. Esta comarca albergó un gran número de empresas del sector. Berastegi, Elduain, Berrobi, Ibarra, Tolosa, Irura, Aduna, Amasa-Villabona, Alegia, Amezketa, Zizurkil, Txarama, Legorreta, Zegama... Dada la necesidad de abundantes recursos hídricos, en Gipuzkoa la industria papelera tendió a concentrarse en las riberas del Oria, sobre todo en Tolosa.

Los factores que influyeron en la localización en torno al Oria, así como en otras comarcas «ueron la abundancia de agua, necesaria sobre todo para la fabricación de pastas; la existencia de recursos forestales en el País Vasco; la ventajosa situación de los puertos vascos con respecto a los países escandinavos y americanos y la existencia de mercados de consumo. En la actualidad la industria papelera vasca está concentrada en los valles del Oria y Urumea, en tomo a las localidades de Tolosa, Hernani y Errenteria en Gipuzkoa.

Gipuzkoa y Tolosaldea contaban con esos factores y el establecimiento de estas empresas en la zona favorecieron la apertura de las ‘papeleras’, que supusieron un gran impulso económico en la zona.

La primera noticia de la existencia de molinos papeleros data en Gipuzkoa del establecimiento de Alegia

La casualidad quiso, además, que el uso del papel en Gipuzkoa sea conocido desde el siglo XV. El primer documento guipuzcoano extendido en papel contiene un mandamiento de las Juntas Generales de Tolosa de 1456. Aunque las fábricas de papel a escala artesana e industrial datan del siglo XIX, el papel ya se llegó a usar en Navarra por lo menos a fines del siglo XIII (se conserva un documento en el Archivo General de Navarra).

Los datos de este sector destacan que «muy a principios del siglo XIX data en Gipuzkoa el establecimiento de Alegría de Oria y de 1803 el de Nemesio Uranga en Tolosa». En 1817, Martín de Olano de Tolosa estableció en Igarondo el primer molino papelero de Gipuzkoa. «Este molino, con el antiguo de Ibarra y la Casa Azaldegui, aparecen después de 1840 como propiedad de la familia Uranga de Tolosa, que amplía el negocio montando otro molino papelero que acredita y extiende su marca de fábrica».

En 1817 existía una fábrica de papel a mano en Tolosa y en 1842 se produjo papel continuo

En 1819, en el molino de Otsarain de Tolosa, «comprado en dicha fecha al Ayuntamiento montó D. José Joaquín de Mendía una fábrica de papel que, tras varias vicisitudes, fue explotada años más tarde por Ostolaza y Cía., y por J. Iriarte, que fue su último arrendatario papelero. Hoy ha vuelto a su antigua situación de molino harinero».

En 1842 empezó a producir la fábrica de papel continuo ‘La Esperanza’, ubicada en Tolosa, de la compañía Brunet, Guardamino y Tantonat. En pocos años el sector creció de forma notable. Para los años sesenta estaban funcionando cinco empresas de papel continuo: tres en Tolosa, entre ellas la ya citada Esperanza, una en Alegia y otra en Irura de los señores Echezarreta, Larion y Aristi (1844). Además, dos de papel a mano o de barba (en Belauntza y en Zegama) y dos de cartón y papel de estraza (Legazpi y Tolosa) y probablemente otra de estraza en Amezketa. En San Sebastián los señores Rousson, Mayor y compañía establecieron en 1846 una de papel pintado. La segunda guerra carlista (1872-1876) representó un serio contratiempo. Pero la extensión de la red ferroviaria desde los años sesenta, que en algunos casos pasaba cerca de las fábricas de papel (evidente en Tolosa) y el cambio tecnológico que supuso la sustitución, como materia prima, de los trapos por la pasta mecánica de madera, benefició particularmente a las papeleras vascas, ya que, al principio, la pasta de madera se importaba del Norte de Europa y por tanto el coste de transporte resultaba más barato para la empresas situadas en la cornisa cantábrica que para las ubicadas en el Mediterráneo o en el interior. Y la red ferroviaria permitía distribuir a un coste aceptable un producto peso y relativamente barato, como era el papel corriente. Además estaban las abundantes disponibilidades hídricas.

El primer documento en papel es de unas Juntas Generales celebradas en Tolosa en 1456

Pero no solo Tolosaldea contó con empresas papeleras o vinculadas al sector. En la comarca de Oarsoaldea, en Errenteria concretamente, se encontraba otra gran fábrica de papel. Se abrió en 1890 con la constitución de La Papelera Vasco-Belga. «Se trataba de una gran fábrica de papel continuo montada con todos los adelantos conocidos hasta el día; compite en clases y precios con todas las conocidas». Así reza una publicación de prensa de 1902, que asegura que tenía una «producción diaria de 13.000 kilos. Papeles blancos y de color, papel mate...» En 1903, en Errenteria había un total de quince empresas que ocupaban a un total de 1.168 trabajadores, 689 hombres y 479 mujeres. La empresa tomó el nombre de La Papelera Vasco-Belga mediante escritura pública del 20 de agosto de 1890 y esta sociedad fue el núcleo inicial de lo que, a partir de 1901, sería La Papelera Española. Esta estuvo integrada por 16 empresas. Además de La Papelera Vasco-Belga se encontraban numerosas fábricas de Tolosa y Gipuzkoa y otras naves de Bizkaia, Navarra, Zaragoza, Ciudad Real, Girona y Valladolid.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) eliminó la competencia exterior y favoreció el crecimiento del sector. Un segundo proceso de concentración tuvo lugar en 1927, año en el que se constituyó la Asociación Papelera, que agrupaba al 80 por 100 de las fábricas españolas. Esta asociación cerró las empresas más ineficientes y promocionó nuevas fábricas, como la Papelera del Oarso en Errenteria, en 1931.

Entre 1929 y 1954, la Papelera Española encabezó La sociedad anónima La Papelera del Oarso, que agrupaba a un total de 20 empresas fabricantes de papel que componían la Asociación Papelera. En 1993 con un nuevo cambio de nombre, la empresa pasóá a llamarse Papel Prensa SA, Papresa. La Papelera Española continuó su andadura hasta su transformación en la sociedad actual, Papresa.

En el censo Papelero de España de 1971 había 21 fábricas en Gipuzkoa, siete en Bizkaia y cuatro en Navarra.

El sector ha sufrido una gran transformación que ha hecho que muchas de las empresas desaparecieran y otras se hayan especializado en la producción de pasta papelera, papel y cartón y otros. En la actualidad, algunas empresas de Tolosaldea del sector son Papelera de Aralar de Amezketa, Ahlstrom-munksjo Paper Sa de Eldua (Berastegi), Papelera Arrosi de Elduain, Industrias de transformacion de Andoain SA de Andoain, Industrial Borobil Sa de Amasa-Villabona, Goiherri SA de Legorreta, la Papelera Usurbe de Segura, la Papelera del Oria de Zizurkil...

La lista en Gipuzkoa es extensa lo que muestra que el peso de la tradición papelera es más que destacable económicamente después de más siglos.

Ferrerías y molinos

El sector papelero, si exceptuamos la fabricación de naipes en San Sebastián en el siglo XVIII, comenzó en el siglo XIX. Las primeras empresas aprovecharon los saltos de agua dejados por los molinos y las ferrerías en decadencia, ya que las nuevas empresas funcionaron en sus inicios con motores hidráulicos. El papel se elaboraba a mano, triturando trapos merced a mazos movidos por energía hidráulica, hasta que llegó la pila con cilindro y la máquina continua. Después llegaría la modernización continua del sector.

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