120 perros abandonados en dos meses

La Pinscher que se alza sobre la verja fue localizada con una extrema delgadez, pero ya tiene una familia con la que se irá cuando recupere un poco más de peso./MIKEL FRAILE
La Pinscher que se alza sobre la verja fue localizada con una extrema delgadez, pero ya tiene una familia con la que se irá cuando recupere un poco más de peso. / MIKEL FRAILE

La protectora de Gipuzkoa advierte de la falta de espacio en sus instalaciones y pide a los propietarios un mayor compromiso con sus animales Muchos dueños de mascotas se desentienden de ellas, un drama que se repite en verano

ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN

. Los años pasan pero la atmósfera que cubre las instalaciones de la protectora de animales y plantas de Gipuzkoa en Usurbil es la misma de siempre. Más de cien canes abandonados, más de un centenar de historias, tristes y decepcionantes. Los recién llegados tratan de adaptarse al que será su hogar durante un tiempo indeterminado, mientras que la mirada de lo más veteranos en el recinto ya no transmite la pena de los inicios, sino hastío y cada vez menos esperanza de salir de allí.

El pretexto del verano para abandonar a los perros antes de poner rumbo a unas vacaciones no es en absoluto un comportamiento que forme parte de un pasado menos concienciado. Los abandonos se siguen produciendo y el argumento vacacional se alterna con otros igual de irresponsables como «es que el perro está viejo» u otro muy recurrente como «no tengo tiempo para hacerme cargo de él». Y ejemplos los cuentan a pares. Como el de aquella mujer de avanzada edad que acudió con su hija para abandonar a su perra de 12 años porque ya era mayor y mientras el animal las observaba, ellas veían qué otro perro podían llevarse a su casa sin ningún remordimiento.

Aunque en lo que llevamos de 2017 las cifras sean algo mejores que las del año anterior, solo el hecho de que 120 canes hayan sido abandonados por sus dueños en mayo y junio deja claro que en el camino hacia el respeto por los animales aún hay trabajo por hacer. La semana pasada, en menos de dos días, la Protectora recogió siete perros de la calle y además trató de convencer a través del teléfono a propietarios para que no den el paso de desentenderse del animal. «Les decimos que nos manden fotos y que las publicamos en Facebook para ver si los animales encuentran un adoptante porque aquí no tenemos sitio», lamenta Cristina Mintegi, subdirectora del centro, aunque reconoce que en muchas ocasiones acaban aceptándolos «porque de lo contrario los dejan en la calle».

«No hay sitio. Hemos llegado a tener 15 perros en jaulas de 7 y eso provoca peleas. ¿Qué hacemos?» Cristina Mintegi. Subdirectora de la Protectora

«La Diputación solo nos da 34.000 euros. Las nóminas se pagan porque la directora pone de su dinero» Marisol Zubiaurre. Junta directiva de la asociación

Las instalaciones tienen capacidad para «140-150 perros», y ahora están rozando el lleno. Ha habido épocas en las que «en una jaula de siete había quince perros y en esos casos se producen peleas», confiesa para poner un ejemplo del problema. «Hicimos una caseta para los perros adoptados por la propia protectora, que en realidad se utiliza para meter otros perros por la falta de espacio», agrega al tiempo que Marisol Zubiaurre, de la junta directiva de la asociación, señala que «hemos recibido peticiones de otras protectoras para dar cobijo a sus animales, como ya se ha hecho en otras ocasiones, pero ahora es imposible».

En mayo se contabilizaron 63 recogidas y 57 en junio. En lo que llevamos de año, ya alcanzan los 325 canes abandonados, una cifra elevada pero que parece obligar al consuelo, teniendo en cuenta que, en el mismo periodo de 2016, los abandonos -ya sea en la calle o acudiendo a las instalaciones de la protectora en Usurbil- alcanzaron los 420. Si un dueño acude a la asociación a dejar su mascota, debe abonar una 'multa' de 230 euros. En ese momento, el veterinario le realiza un chequeo, le vacuna, desparasita y se publica una fotografía en redes sociales para buscar adoptantes.

Pero, ¿qué sucede si se trata de un animal recogido en la calle? En esos casos se trata de dar con el dueño a través del microchip que, por ley, los perros deben llevar. El problema es que «el 95% de los canes que llegan no lo llevan puesto» y en otros muchos casos aparecen números de teléfono o direcciones postales antiguas que no corresponden con los datos del propietario. «Si tiene chip enviamos una carta certificada comunicando al dueño que su perro se encuentra en la protectora y que tiene un máximo de treinta días para acudir a por él. Una vez vencido el plazo, el animal deja de ser suyo», informa Marisol Zubiaurre.

En la otra cara de la moneda está el número de perros que tras pasar por un periodo de abandono ya tienen un hogar. En los primeros cuatro meses del año, 187 canes salieron de la protectora -77 de ellos fueron recuperados por sus dueños y 110 adoptados- y siete fueron sacrificados. El perfil del animal abandonado no guarda ningún patrón, como tampoco el de quien los abandona. «Pueden venir cachorros de cinco meses, como adultos de diez años», matizan. Aunque como es lógico, cuanta más edad y cuanto mayor tamaño tenga el animal, más se limitan sus posibilidades.

En este caso, si una persona desea adoptar un perro debe abonar 100 euros, «pero se le da el perro vacunado, con el microchip puesto, desparasitado, esterilizado y con los dientes hechos. Esos pagos van al fondo común de la protectora, no es para los veterinarios como muchos critican», aclaran.

«Escasa» ayuda institucional

Hacen hincapié en que ningún perro adoptado o en acogida sale de las instalaciones sin el microchip colocado y en este sentido demandan un mayor control por parte de las administraciones, fundamentalmente a caseríos y cazadores. «Si los Ayuntamientos quieren llenar las arcas lo tienen muy fácil, que empiecen a hacer controles de chips, cartillas o detectar malos tratos. Con el dinero que van a sacar en multas reflotan la economía de la ciudad. Es la única manera de controlar esta situación», advierte.

No obstante, remarca que la protectora es «una entidad privada que libera a las instituciones de la labor que de lo contrario deberían desempeñar ellos. La única subvención que recibimos son 34.000 euros anuales por parte de la Diputación de Gipuzkoa y da para poco porque hay que pagar nóminas, pienso, mantenimiento de las instalaciones y un largo etcétera que, si se hace posible, es gracias a que gran parte de las obras de mejora las abona la propia presidenta con su dinero», subraya Zubiaurre, que demanda una mayor aportación económica de las instituciones al tiempo que reivindica que «es muy fácil criticar y echar la culpa a la protectora sin saber cómo funciona la asociación».

El año pasado salvaron la vida de 816 perros y 284 gatos. En el capítulo felino, se trataron en la asociación a lo largo del año pasado un total de 381 gatos. En 2016, 434 abandonaron las instalaciones: más de doscientos por adopciones o preadopciones, 81 fueron recuperados por sus dueños, 64 fallecieron y 86 fueron sacrificados.

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