«Es peor el estigma que el problema mental»

Mikel Merino, junto al puerto de Pasajes, cerca de los locales de Agifes donde comenzó a trabajar el viernes./ARIZMENDI
Mikel Merino, junto al puerto de Pasajes, cerca de los locales de Agifes donde comenzó a trabajar el viernes. / ARIZMENDI

Mikel Merino es el primer agente de apoyo mutuo de Gipuzkoa dentro de un programa piloto de Agifes

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Sting, Beyoncé, Lady Di, Mel Gibson, Catherine Z. Jones, Michael Phelps o Bruce Springsteen son personas que han reconocido que en algún momento han tenido o tienen un problema de salud mental. Pero esa labor de visibilización, que han hecho como un ejercicio de responsabilidad, no es algo habitual en una sociedad donde las personas que padecen alguna enfermedad mental prefieren ocultarla por miedo a la estigmatización. Mikel Merino, que es quien aporta los nombres de los famosos, ha dado un paso al frente tras más de una década de silencio. Hace unos años decidió contar sus problemas, primero a su entorno, y poco a poco al resto de la comunidad. Ahora forma parte del proyecto piloto de Agifes de apoyo mutuo.

El 10% de los ingresos en centros hospitalarios en 2015 se debieron a problemas de salud mental y los datos de la OMS hablan de que una de cada cuatro personas tendrá un problema a lo largo de su vida. Según cifras de Osakidetza, solo en Gipuzkoa se atienden 5.000 nuevos casos al año y unos 25.000 guipuzcoanos reciben tratamiento por enfermedad mental. «El volumen permite hablar de algo que es común, pero que no está normalizado».

Merino firmó la semana pasada el contrato con Agifes, donde va a trabajar como el primer agente de apoyo mutuo en Gipuzkoa. Se trata de un proyecto piloto -que en España está implantado en Granada y Valladolid-, basado en un modelo escocés de recuperación, en el que personas que han superado un problema de salud mental brindan apoyo a otras que se encuentran en una situación similar. «Es un espacio de escucha, sin juicios, donde hay empatía y nadie les va a decir lo que tienen que hacer. Es estar con el otro y compartir una experiencia». Para poder trabajar ha realizado un postgrado de salud mental colectiva.

La cifra 84%

es la cifra de personas con una enfermedad mental diagnosticada que está desempleada y solo el 5% tiene un contrato estable.

Fue en el año 2000 cuando al errenteriarra Mikel Merino le diagnosticaron trastorno bipolar. Fue tratado con el procedimiento tradicional, el biomédico -acudir al psiquiatra y tomar una medicación- y «en términos médicos tuve una recuperación». Pero quedaron dos importantes secuelas: el estigma y el autoestigma. Porque, como él mismo explica, «relacionas enfermedad mental con locura y niegas esa realidad. El estigma es el verdadero problema, más allá del tema de la salud».

Con 25 años acababa de ser fichado como director comercial de una aseguradora en Gipuzkoa. Fruto de la presión tuvo su primera descompensación y fue despedido. «Tenía un proyecto de vida, con un salario importante, que en dos semanas se vio truncado». Como muchos que han padecido algún problema mental, optó por ocultar su situación y empezar de cero en un entorno donde no le conocieran, esta vez como guardia municipal. Estuvo trabajando trece años en distintos municipios del territorio -Zarautz, Azpeitia, Astigarraga, Oiartzun y Pasaia-, sin que nadie supiera de sus problemas y con la frustración que conllevaba ese silencio casi obligatorio por miedo a perder su empleo, porque el 84% de las personas con problemas de salud mental está desempleado.

«Pedir ayuda externa supone el 50% de la recuperación» Iker Arrizabalaga, Psicólogo de Agifes

«No soy un bicho raro, lo que me ha pasado a mí no es tan extraño» Mikel Merino

«Lo sano es compartir»

Tras dos recaídas en 2013 y 2014, decidió que era mejor hacer partícipe a su círculo más cercano de su situación «porque tenía claro que si seguía callado iba a empeorar. Lo sano era compartirlo. Es un momento duro, pero a mí me ayudó a reorientarme y a pensar que podía ayudar a otras personas. Muchos especialistas, como el psiquiatra Luis Rojas Marcos, hablan del crecimiento postraumático. Sales reforzado y con unos valores que antes no tenías». Por eso, asegura, aprecia mucho más momentos como ir a recoger a sus hijos de 8 y 5 años a la ikastola, o estar unas horas a solas con su mujer «como de novios».

Tras las recaídas pidió ayuda a Agifes, pieza clave en su recuperación con la atención individualizada de un psicólogo -Iker Arrizabalaga- y con grupos de apoyo de personas que han pasado por un trance similar, y que le ayudaron a entender que «no soy un bicho raro y lo que me pasa a mí no es tan extraño». «Ha sido muy reparador, además de las herramientas que te dan para poder anticiparte a otras posibles recaídas o plantearte qué puedes cambiar. Osakidetza nunca me ofertó ese apoyo individual».

El proyecto de apoyo mutuo sirve de espacio de escucha, para compartir experiencias

Ahora, «en lugar de hacer como antes y esconder la mierda debajo de la alfombra, he optado por trabajar en naturalizar la presencia en la sociedad de las personas con problemas de salud mental». Esa voluntad de ayudar a los demás le ha llevado a formarse como técnico de emergencias sanitarias y tiene la titulación de auxiliar de enfermería, pero sobre todo «quería mostrar que la gente se recupera y no enviar más mensajes negativos sobre la enfermedad mental».

El psicólogo Iker Arrizabalaga, uno de los apoyos de Merino, explica que «cuando se le comunica a alguien que tiene un problema de salud mental parece que no tiene futuro. Pedir ayuda externa supone el 50% de la recuperación. Se recupera a la persona con su proyecto de vida y sus ilusiones. También hay que tener en cuenta que la recuperación es individual y cada uno tiene su proceso y en todos no se llega a un estado similar al de antes de las crisis».

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