«La peor cosecha en 25 años»

Una primavera seca y un mal verano han complicado la recolecta de guindillas de Ibarra

«La peor cosecha en 25 años»
PABLO GUILLENEA

Doce campanadas anuncian el mediodía y los organizadores empiezan a repartir los vasos y platos azules que pronto llenarán con las guindillas que llevan cocinando desde las 10 de la mañana. Para cuando da comienzo la tradicional degustación de piparras y tomates -celebrada cada año en Ibarra por el día de San Bartolomé-, la cola formada por vecinos de Ibarra y pueblos cercanos es ya larga. María Luisa, Ángela y sus amigas son de las primeras en disfrutar de su plato de guindillas y tomate. «Hemos llegado poco antes de las 12 y no había casi nadie, pero de pronto ha empezado a llegar gente y mira ahora», dice señalando la cola que serpentea por la plaza del Ayuntamiento de la localidad de Tolosaldea.

Pasan los minutos y cada vez son más los que visten el pañuelo lila que reparten, junto a los platos y vasos, los organizadores. «Pagan por el vaso y al devolverlo se les reintegra el dinero», explica Miguel sin dejar de servir el vino que calma el picor de quienes dan con una guindilla picante.

La meteorología ha hecho flaco favor a la cosecha de este año, y los más expertos dan cuenta de ello. «Se nota que no ha llovido», asegura Ángela, «por ahora no me ha tocado ninguno que pique pero...». Pedro Zubelzu, uno de los responsables de Zubelzu Piparrak -que junto a Ibarlur Piparra Kooperatiba y Txumitxa mantiene los fogones encendidos para que nadie se quede sin su ración- comenta que ha sido el año «más complicado» en los 25 que lleva cosechando.

Las guindillas de Ibarra, que cuentan con su propia denominación de origen, precisan de unas condiciones muy concretas: temperaturas suaves y lluvia.Fiesta pese al mal año«La primavera ha sido seca y el verano ha estado plagado de altibajos de temperatura», cuenta, «eso la guindilla no lo asimila y la producción se reduce». Zubelzu Piparrak lleva ya casi 40 años en el negocio y fue pionera en comercializar gildas a nivel nacional, pero «el que dictamina es el tiempo, y si no quiere, no quiere», sentencia Pedro señalando al cielo. Agradece, al menos, que «este año la temperatura es ideal, sobre todo si la comparas con el calor que hizo el año pasado. Hace sol pero con el viento se está fresco, y se agradece cuando te pasas la mañana entre fogones».

«La primavera ha sido seca y en verano la temperatura ha sido mala, eso la guindilla lo nota»

La mala cosecha, en cualquier caso, no repercute en la cantidad de gente que se acerca a la plaza. Para Ángela y sus amigas, el día de San Bartolomé es «muy especial, nosotras comemos de todo, ¡mira!: Pan, tomate y piparras». Insisten: «¡Claro que venimos todos los años, son nuestras fiestas!». Para las 12.30, la plaza está a rebosar. Los niños de la tamborrada percuten sus instrumentos y el público se aglomera alrededor de ellos y de ‘Iraunkorrak Txaranga’, que los acompaña mientras jóvenes dantzaris alegran la plaza y a la multitud de pañuelos lilas.

Desde el balcón del ayuntamiento, un grupo de niños empapan con una lluvia de serpentina a los rezagados que recogen ahora sus platos. Mientras tanto, la gente ya se dispersa por las calles colindantes. En ellas, y sentados en círculos, decenas de niños tientan a la suerte y ponen cara de circunstancias al morder la guindilla picante. Algunos las prueban por primera vez, otros, como Mikel, joven ibartarra de 12, insisten en que ya están «acostumbrados». Ponen cara de sorpresa al enterarse de que la cosecha de este año ha sido pobre: «Pues a mí me gustan más que el año pasado», asegura Mikel.Tras un tiempo razonable para descansar de la comilona, las celebraciones continuaron a las 18.00 horas con la actuación del grupo Kupela, en la plaza San Bartolomé. Tras el ensayo de la tamborrada de los adultos, alumnos de la ‘Ibarrako bertso-eskola’ acompañaron a Oihana Iguaran, Oihane Perea, Andoni Egaña, Amets Arzallus y a Aritz Mugika en un concurrido recital de bertsos. Por la noche, tras el toro de fuego, a las 23.30 horas, el grupo Laket cerró el día con una romería en la plaza San Bartolomé.

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