Pedaladas solidarias contra el ébola

Lucas García llegó ayer con su bicicleta hasta La Concha tras recorrer 2.600 kilómetros desde Suecia./MICHELENA
Lucas García llegó ayer con su bicicleta hasta La Concha tras recorrer 2.600 kilómetros desde Suecia. / MICHELENA

Lucas García llega a Donostia después de atravesar siete países en 26 días

OLAIA OYARZUNSAN SEBASTIÁN.

Las palabras aventura y bicicleta adquieren un sentido solidario en la vida del vigués Lucas García. A sus 24 años, el altruismo guía la aguja de su brújula vaya adonde vaya. En Gotemburgo, Suecia, donde estudia un máster de Ingeniería de Producción colaboró en un proyecto local llamado 'Re:cycle', en el que dedicaba su tiempo libre a reciclar bicicletas abandonadas por la ciudad, acondicionarlas, y entregarlas a las personas más necesitadas. Al borde de ponerle punto y final a su etapa de estudiante, tenía claro que quería hacer un viaje especial durante sus meses de vacaciones, pero no precisamente en solitario, sino con su fiel compañera de dos ruedas.

El joven gallego decidió «dar un paso más allá» y emprender un viaje diferente, también por una buena causa. Una ruta de 2.600 kilómetros desde Suecia hasta San Sebastián, con un único objetivo: recaudar fondos para dotar de recursos a ochenta niños que quedaron huérfanos por la devastadora epidemia de ébola que azotó Sierra Leona.

Hace 26 días que dio su primera pedalada en Gotemburgo y ayer finalmente cruzó su meta, junto a la barandilla de La Concha. 2.600 kilómetros que han dado para muchas historias, vivencias y, sobre todo, mucho aprendizaje. «He atravesado siete países, veinte ciudades y he conocido a gente maravillosa por el camino», asegura el joven mirando a la bahía donostiarra.

El proyecto 'Juntos por África' pretende ayudar a 80 niños que quedaron huérfanos por el ébola

Su familia siempre ha estado ligada a causas solidarias. Fernando, su padre, es voluntario en la oenegé Harambee desde hace años y siempre ha inculcado a sus dos hijos la importancia de la cooperación. Y, claro está que Lucas y Juan recogieron su legado. El vigués se armó de valor y realizó una hoja de ruta para el que iba a ser «el viaje más más importante de su vida».

Cada punto y coma de esta travesía estaban cuidados al detalle por estos inseparables hermanos, que se han ayudado desde la distancia durante la ruta. «Harambee significa 'Todos juntos' en lengua suajili, y es una expresión usada en África cuando se necesita colaboración y trabajo». El puzzle poco a poco iba casando, el esfuerzo de esta entidad por auxiliar a los niños en los lugares más recónditos del país africano fue el factor determinante que hizo a Lucas dar el paso. «Personalmente me gusta esta oenegé, ayuda en proyectos relacionados con la educación y la salud». Y además «cooperan en proyectos a nivel local, lo que asegura que la ayuda llegue íntegramente a su destino».

«Se han recaudado 5.000 euros, pero nunca es tarde para colaborar con la causa», recuerda Lucas

De esta manera, Lucas contactó con la organización para trazar el reto solidario. «A mi hermano y a mí nos fascinó el proyecto '2ROOTS Juntos por África', ya que reunía todas los requisitos que queríamos cumplir», asegura Juan, hermano y compañero 'virtual' de viaje. La labor de su familia ha sido determinante para el proyecto, dice Lucas. «Han dirigido todo el trabajo de redes sociales, un factor esencial para conseguir el fin último de esta aventura: recaudar fondos».

El objetivo al que aspiraban desde un principio era 26.000 euros. El blog ha sido su mayor arma durante todo el viaje, en él relataban cómo había sido cada jornada, qué problemas habían surgido, las personas que iba conociendo y diferentes vivencias. «Manteníamos contacto a todas horas con él, queríamos que este viaje no solo fuera de Lucas, sino un viaje compartido», dice su hermano mayor.

Un viaje a las raíces

Después de casi un mes viendo amanecer desde el sillín de su bicicleta, el joven ingeniero electrónico describe el proyecto '2Roots Juntos por África' como una auténtica odisea. «Este doble reto nace como un viaje a las raíces, a las mías propias -mi país, mi familia- y también a lo más profundo de la sociedad, a los que más lo necesitan», relata muy emocionado.

No obstante, este viajero empedernido tiene muchos kilómetros a sus espaldas, no era la primera aventura que emprendía. En el verano de 2015, el joven recorrió la isla sur de Taiwan, una vivencia en la que pudo «descubrir personas con culturas muy diferentes» en los 450 kilómetros que pedaleó durante cinco días. Aunque este primer contacto no le pareció suficiente. «Cuando llegué a España hice 800 kilómetros desde Donostia hasta Santiago en nueve días», explica. Razón por la que ahora había puesto como línea de llegada la capital guipuzcoana y no su tierra, Galicia.

Este amante del deporte ha convertido los retos deportivos en el pan de cada verano, pero «este viaje es diferente», se felicita. Ha pasado la friolera de 140 horas sujeto al manillar: «Como en la vida diaria, he tenido momentos buenos y malos», cuenta. Los más de trece mil metros de desnivel durante todo el recorrido hicieron mella en él. La «fuerte lluvia y el viento» de las últimas etapas ralentizaban cualquier avance, incluso llegó a plantearse «tirar la toalla». Pero hubo algo que le hizo continuar: «El gran apoyo de mi familia me daba la fuerza necesaria para seguir mi viaje».

Paseando por La Concha informa de que los donativos han llegado a 5.000 euros , pero recuerda que «nunca es tarde para colaborar con la causa», mediante la página web de 'Harambee' o en la misma página web del proyecto 'migranodearena.org'. «Una simple aportación puede cambiar sus vidas», insiste.

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