Pasaporte para una vida más libre

El número de migrantes que obtuvieron el DNI se mantiene estable: los concedidos en 2016 son un 23% más que el año anterior pero un 8% menos que en 2015. Detrás de las cifras están las historias personales que les han traído hasta aquí

Cristina Aso muestra su DNI y su pasaporte, obtenidos el pasado abril. :: /LOBO ALTUNA
Cristina Aso muestra su DNI y su pasaporte, obtenidos el pasado abril. :: / LOBO ALTUNA
AMAIA CHICO SAN SEBASTIÁN

Más de 2.200 personas migrantes que llegaron a Gipuzkoa hace años acaban de obtener la nacionalidad española, un laborioso trámite administrativo que la mayoría realiza para garantizarse mayor «estabilidad» y «libertad de elección» en la nueva vida que han emprendido lejos de sus países, pero que no supone desprenderse de unas raíces a las que estarán atados de por vida. El número de migrantes que han tramitado desde este territorio su nacionalidad permanece estable en los últimos años. En 2016, recibieron el DNI y el pasaporte 2.264 residentes en Gipuzkoa, un 23% más que en 2015, pero un 8% menos que los dos años anteriores. Y aunque el volumen de nacionalizados no cambia, sí lo hace, ligeramente, el lugar de origen del que proceden. Se incrementa algo el número de asiáticos con nacionalidad española por la mayor presencia de migrantes paquistaníes; y descienden, pese a seguir conformando el grueso de la comunidad migrante, las personas de origen sudamericano.

Cristina, Erick, Yasar y Shaukat son cuatro de esos recién nacionalizados –a Yasar aún le falta un año y medio– que residen en Gipuzkoa, aunque ninguno es un recién llegado al territorio. Sus historias personales dan contenido a la mera estadística que habla de que en 2016, 810 migrantes procedentes de países de Sudamérica, sobre todo Colombia y Bolivia, obtuvieron el DNI en Gipuzkoa.

Esos datos hablan también de que otras 661 personas llegadas desde África, la gran mayoría –402– originarias de Marruecos, completaron ese trámite. Y, además, revelan que la realidad que se palpa en los barrios de cualquier municipio, con la multiplicación de comercios regentados por migrantes asiáticos, la mayoría chinos o paquistaníes, tiene su reflejo en la estadística con un aumento notable de migrantes que han adquirido la nacionalidad española. En este caso, no obstante, la realidad es que el incremento de nacionalizados asiáticos se concentra en la comunidad paquistaní, que el pasado año obtuvo 111 del total de las 127 nacionalizaciones registradas en el territorio.

El repunte de nacionalizados con origen en Pakistán (un 70% más que en 2015) eleva en más de un 50% el global de migrantes procedentes de algún país de Asia que ya tienen DNI y pasaporte españoles. El resto de tramitaciones son residuales, incluidas las de migrantes chinos, que pese a su presencia visible en las calles, apenas solicitan obtener esa condición. El año pasado, en Gipuzkoa solo adquirieron la nacionalidad cuatro residentes chinos.

Estos últimos datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que en la mayoría de los casos, la condición se adquiere a partir de alguno de los supuestos englobados en el apartado de ‘residencia’, que implica como condición esencial llevar uno, dos, cinco o diez años viviendo «de forma legal» en el territorio. El tiempo exigido varía según el país de origen de la persona inmigrante –los procedentes de países iberoamericanos deben estar dos años–; la situación o no de refugiado, si es descendiente de españoles o si tiene progenitores con la nacionalidad ya adquirida.

A la documentación requerida –certificados y documentación del país de origen, de penales o el de empadronamiento de su lugar de acogida– y la pertinente cuota de 100 euros, desde 2015 se suma además el conocido como test de ‘españolidad’, una prueba sobre conocimientos políticos, sociales y culturales que pretende «medir el grado de integración» en el país. Los tres testimonios guipuzcoanos que ya tienen en sus manos –algunos desde hace solo unos meses– el DNI se libraron de hacerla porque iniciaron el papeleo con anterioridad. Yasar sí tendrá que superarla.

Cristina Aso. Nicaragua «Tener DNI me da libertad para decidir trabajos y no tener que aguantar calvarios»

Cristina Aso recogió su DNI y su pasaporte españoles el pasado 24 de abril. Lo cuenta como un trámite más, como un paso administrativo «necesario» para asegurarse la vigencia de su permiso de trabajo en Gipuzkoa y, sobre todo, para «tener libertad y no tener que pasar calvarios» como los que, a tenor de su relato, ha soportado en algún empleo anterior para no perder el contrato, y con él el permiso legal con el que sigue manteniendo a su familia en Nicaragua. El DNI no abre las puertas de par en par. A sus 54 años, le ha costado lograr el trabajo de «interna» en un domicilio en el que asiste a una persona. «El DNI no cambia la edad ni el aspecto».

Sus ingresos son vitales, y la única razón por la que está en Gipuzkoa. De ella dependen sus dos hijos, de 26 y 30 años, que ahora están a cargo de su madre enferma en Nicaragua. «La situación política y económica en Nicaragua no es buena», justifica. Ni ahora, ni cuando ella, madre soltera, tuvo que emigrar en primer lugar a la vecina Costa Rica para intentar sacar adelante a su familia. Trabajó en el servicio doméstico, y como administrativa en la oficina de la Aduana, pero el trabajo también empezó a escasear por la llegada de miles de personas de países colindantes con el mismo objetivo que ella. «Entonces, una pariente me trajo aquí, en 2005», y durante estos años se ha centrado solo en trabajar y «sostener» a su familia «desde la lejanía», sin pensar dónde acabará en el futuro. Por ahora, se centra en buscar otro trabajo, aunque sin demasiada confianza. «Si para los vascos es difícil, para mí, a mi edad, es más complicado. Estoy haciendo un curso de auxiliar de ayuda domiciliaria, pero ahora prefieren a chicas más jóvenes, dicen que tienen más fuerza y energía para mover a las personas mayores».

Pero a Cristina nunca le ha faltado esa energía, pese a que observa con resignación cómo en su caso se han complicado las cosas. «Mi nacionalidad es por necesidad, pero no me da beneficios personales más que para viajar a algunos países y, sobre todo, para no perder» el permiso de trabajo cuya renovación cada uno o dos años hasta ahora dependía de la vigencia en ese momento de un contrato.

«De mí dependen mis dos hijos, que están cuidando a mi madre en Nicaragua. Yo iré donde vayan ellos» Cristina Aso Nicaragua

Cristina ha esperado tres años a recibir en mano el DNI y el pasaporte. «Me imagino que hay muchas personas que lo solicitan y tendrán que investigar», razona. En su caso, le bastó con llevar todos los papeles, un contrato y a «dos testigos españoles» que acreditaran la veracidad de toda la documentación. Pero su condición de nueva ciudadana española no le ata a su tierra de acogida. «Yo iré a dónde vayan mis hijos», asegura consciente de que San Sebastián no será su destino definitivo.

Erick y Patricia. Bolivia «Tenemos el corazón partido, pero al nacer nuestro hijo ya echamos raíces aquí»

Erick y Patricia con su hijo Isaac, en la puerta de su casa. Ya no piensan en volver a Bolivia.
Erick y Patricia con su hijo Isaac, en la puerta de su casa. Ya no piensan en volver a Bolivia. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Para Erick García y Patricia Cornejo, San Sebastián es ya su nueva tierra, su lugar de residencia presente y futuro. Han «echado raíces» y ya no piensan en regresar a su país de origen, a Bolivia. Esta pareja decidió tramitar su nacionalidad cuando llegó su hijo Isaac. El pequeño, que ya tiene cinco años, fue el vínculo definitivo con un país al que llegaron hace diez, también por cuestiones laborales.

Erick es músico, cantante y percusionista. Y Patricia tiene estudios de psicología. Pero ambos comparten ahora trabajo en una empresa que se dedica a la atención sociosanitaria y con la que prestan ayuda por horas en domicilios. «En música gotea, no llueve», describe Erick, satisfecho al menos por poder seguir con su pasión tocando en el grupo con el que actúa muchos fines de semana. «Dejé la medicina por la música», confiesa.

Ambos solicitaron la nacionalidad cuando nació su hijo, «cuando vimos que nuestra vida se quedaba acá». Y aunque a él, por algún problema administrativo, han tardado un año más en concederle la nacionalidad –recogió su identificación oficial el pasado mes de junio–, ambos se sienten afincados en el barrio donostiarra de Añorga y su «mentalidad» ya ha cambiado del «puede ser que volvamos» a decidir que se quedarán y que de lo que «se trata ahora es de integrarnos» aquí. «Cuando uno emigra se hace del lado de ahí, y ya no es ni de su tierra ni de la otra. Después de seis o siete años, yo volví a mi tierra, y fue diferente. Tenemos el corazón partido», reconoce Erick, que con el DNI en la mano sí siente que «ya no soy un inmigrante más».

«Con DNI o sin él, lo importante para encontrar trabajo es tocar muchas puertas» Erick García Bolivia

Patricia fue la primera en llegar por mediación de una empresa «de allá» para trabajar en unos grandes almacenes en Madrid. Al año llegó él, al mismo sitio. Y a los cinco se trasladaron a Gipuzkoa. Aquí, Patricia ha trabajado en el sector sanitario. Y a él, le han ido saliendo «cositas» en diferentes empresas hasta el trabajo que tiene ahora. «Con DNI o sin él, lo importante para encontrar trabajo es tocar muchas puertas», asegura Erick, que asume la nacionalidad como un paso más para «estabilizar» su vida en Gipuzkoa. «Ahora la está tramitando mi hijo mayor, Bayardo, que está estudiando en Bolivia pero cuando cumpla 18 años, le puede abrir puertas si quiere venir aquí».

En el caso de esta pareja, no tuvieron que superar el examen de ‘españolidad’, que desde 2015 el ministerio de Justicia exige tras una modificación legal, porque iniciaron los trámites con anterioridad. Ahora «tenemos doble nacionalidad», pero su mente ya solo pasa por integrarse.

Yasar y Shaukat. Pakistán «Nuestro pueblo ya es Zarautz y nuestra ciudad, San Sebastián»

Shaukat ya está nacionalizado, a Yasar le queda un año y medio.
Shaukat ya está nacionalizado, a Yasar le queda un año y medio. / SARA SANTOS

Son amigos, han compartido recorrido migratorio desde hace más de una década y ahora comparten oficio al frente de sendos kebab en Donostia y Zarautz, localidad esta última donde ambos han vivido y en la que se sienten integrados entre los vecinos. «Nuestro pueblo es Zarautz y nuestra ciudad, San Sebastián», dice Shaukat Ali Chaudhry, que ya es un vecino más de la localidad costera.

Él fue el primero en llegar a Gipuzkoa, concretamente a Oñati. Y el primero que obtuvo la nacionalidad. Gracias a ella, confía en que el próximo año se agilicen los trámites para que su mujer y sus cuatro hijos –el mayor, que ya ha conocido Gipuzkoa, también tiene la nacionalidad– consigan el visado para dejar Pakistán, donde la coyuntura política y económica no le permite a Shaukat pensar en volver algún día. «Es difícil vivir separados, aunque cada año he ido uno o dos meses», explica con ayuda de su amigo Yasar Ali, porque Shaukat «entiende» bastante el castellano pero todavía le cuesta expresarse. «Y el euskera es más difícil», añade. Casi tanto como su panyabí natal.

«Es difícil vivir separados. Espero que el próximo año mi mujer y mis hijos puedan venir aquí» Shaukat Ali. Pakistán

Los dos amigos proceden del Punjab, la región de Pakistán que sirve de puerta a ‘ochomiles’ del Himalaya como el K2 y que, por esa razón, es lugar habitual para muchos guipuzcoanos amantes de la alta montaña. «Conocemos gente en el instituto y en el hospital» que suelen ir, explica. Yasar tiene aquí a su familia, a su mujer y dos niños pequeños, pero le queda «un año y medio» para completar los diez de residencia legal exigidos en su caso para obtener el DNI y el pasaporte españoles.

Al igual que Shaukat, Yasar tampoco piensa en volver. «La situación en Pakistán no es buena. Y aquí hemos conseguido salir adelante», asegura sin temor a la prueba sobre conocimientos socioculturales y políticos que él sí deberá superar para obtener esa condición que les permite sentirse algo menos extraño en su nueva casa. «Tengo muchos amigos de aquí que me ayudarán», confía, con ganas de culminar un periplo que, como el resto, inició para «buscar una vida mejor, más calidad de vida, porque aquí hay oportunidades».

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