Condenan a 19 años para el padre de Julen, al que inhabilitan para la patria potestad de sus otros hijos

Luis Serrano a su llegada a los juzgados durante el juicio por el asesinato de su hijo Julen. / lobo altuna

Luis Serrano no podrá acercarse a su exesposa ni a sus tres hijos a menos de 500 metros durante 21 años

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

Luis Serrano pasará sus próximos 19 años privado de libertad. O al menos, buena parte de ellos. Siempre, claro está, que una instancia judicial superior no revoque la condena que la Audiencia Provincial de Gipuzkoa le ha impuesto este miércoles por el asesinato en 2011 de su hijo Julen. La resolución se ha dado a conocer dos semanas después de que el jurado declarase al progenitor autor del crimen. El fallo impone al acusado, además de la pena privativa de libertad, la obligación de indemnizar a su exesposa con 200.000 euros y con otros 38.000 a cada uno de sus otros tres hijos, todos menores edad. La sentencia no es firme.

La secretaría de la Audiencia ha notificado este miércoles la resolución judicial, un documento que consta de 48 folios. Los letrados fueron convocados a las 13.30 horas en la oficina de la Sección Primera, por donde pasaron el fiscal del caso Jorge Bermúdez, una representante del letrado Iñigo Iruin que ha ejercido la acusación particular en nombre de la madre, y el abogado de la defensa, Miguel Castells. Los tres recogieron el documento, cuyo contenido fue más tarde transmitido a sus respectivos clientes.

La Fiscalía había solicitado para el padre una pena de 18 años, mientras que la acusación particular reclamó 20. La defensa, por su parte, si bien inicialmente demandó la absolución, tras conocer el veredicto de culpabilidad pidió la aplicación de la atenuante de dilaciones indebidas y la rebaja en dos grados de la pena.

Además de pena de prisión y la cuantía indemnizatoria fijada, la Audiencia impone al acusado otras medidas que no dejan de tener su relevancia. Destaca en este sentido, la «inhabilitación especial» para el acusado durante el tiempo que dure la condena para el ejercicio de la patria potestad sobre sus otros tres hijos. Igualmente, durante 21 años, Luis Serrano no podrá acercarse a su exesposa Itziar Loinaz ni tampoco a sus hijos en un radio de 500 metros.

La resolución, dictada por el magistrado Augusto Maeso, recoge los hechos que ya fueron declarados probados por mayoría absoluta por los miembros del jurado. El tribunal popular, después de tres semanas de vista oral y tras una deliberación que apenas se prolongó veinticuatro horas, declaró al acusado culpable del delito de asesinato y dio por válidas las tesis que a lo largo de este proceso han defendido las acusaciones. La sentencia relata los acontecido aquel 1 de diciembre de 2011, cuando entre las 7.30 y 7.40 horas Julen Serrano, de 13 años, salió del bar-asador Oihandar, un establecimiento regentado en aquellas fechas por la familia de su madre, en el número 25 de la avenida de Zumalakarregi, y se dirigió con su padre al antiguo domicilio familiar, frente al parque de Zubimusu, donde ya nadie residía, ya que debían desalojar ese mismo día.

Sin motivos para ir al piso

El jurado, en sus deliberaciones, estimó que el menor no tenía motivo alguno ni tampoco tiempo para dirigirse a la vivienda, de forma que se inclinó por considerar que el padre le convenció para que le acompañara y que uno de los posibles argumentos que utilizó para ello fue que le tenía reservada una bolsa con golosinas.

Dentro de la casa, «estando Julen en la habitación que fue dormitorio de los progenitores sufrió una herida en el corazón causada por un cuchillo de una hoja de 11 centímetros de longitud y 2 de anchura», lesión que le produjo un shock cardiogénico y un taponamiento cardíaco que le causó la muerte al cabo de unos minutos.

La sentencia concluye que el acusado actuó «como venganza contra su esposa por la decisión de esta de divorciarse» y que clavó a Julen el cuchillo en el corazón «con la intención de matarle». Además, detalla que el ataque fue «repentino e inesperado» y que Julen no tuvo oportunidad alguna de defenderse». Con estas tres consideraciones, el tribunal echó por tierra la teoría de la defensa, según la cual Julen se clavó el arma cuando se encontraba él solo en el dormitorio de sus padres mientras Luis Serrano permanecía en el salón de la vivienda.

Durante la agonía del menor, el acusado permaneció en la vivienda junto a su hijo y que «a pesar de que disponía de un teléfono móvil con el que pudo haber requerido auxilio urgente para Julen» o incluso haberlo demandado a través de la ventana de la habitación, no lo hizo.

Tras comprobar que su hijo había fallecido, Luis Serrano se hizo varios cortes en el cuerpo con el mismo cuchillo que empleó en la comisión del delito así como con una navaja pequeña que portaba habitualmente. Igualmente, efectuó un nudo corredizo con el cinturón de un albornoz, que anudó a la ducha del cuarto de baño anexo al dormitorio. Seguidamente, abandonó la vivienda y se fue del edificio en motocicleta. El acusado permaneció en paradero desconocido hasta el día 7 del mismo mes en que regresó a casa de su madre.

La sentencia no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Euskadi

El objeto del veredicto -el cuestionario que el magistrado entregó al tribunal y que determinó el grado de culpabilidad del imputado- contiene las explicaciones en las que basaron su decisión, que ahora ha sido desarrollada por el magistrado que ha presidido el proceso. El jurado sustentó su decisión inculpatoria básicamente en la pericial de los informes de los tres médicos forenses, Luis Miguel Querejeta, Alberto Ramírez y Rubén Sevillano, y de los peritos de la acusación Francisco Etxeberria y José Cabrera para concluir que el ataque fue obra de Luis Serrano y que, por lo tanto, no fue un accidente ni tampoco una muerte suicida. Los jurados argumentaron que todos los médicos consideraron «compatible» el ataque frontal e inesperado realizado por una persona de confianza con la «morfología de la herida».

Etxeberria fue durante la vista oral el más contundente de los peritos en este sentido. Calificó de «inverosímil» que Julen se hubiese clavado el cuchillo cuando intentaba abrir el tapón de la hucha, tal como había sostenido la defensa durante el juicio. En este sentido, indicó que «nada descarta» que se hubiese producido una muerte homicida siempre que el ataque se hubiese ejecutado de frente, como si de una estocada se tratase, «lo que puede desencadenar una herida como la que presentaba el cadáver».

Los médicos forenses también valoraron la posibilidad de que el ataque se hubiese producido de frente, a modo de estocada, si bien estimaron que la posición era anatómicamente más incómoda. Los miembros del jurado asimismo valorado como prueba incriminatoria el hecho de que no se detectara restos de ADN de Julen en el mango del cuchillo y que, por el contrario, sí los hubiera del padre.

El magistrado Augusto Maeso ha desestimado la petición formulada por la defensa del acusado que solicitó la aplicación de la atenuante de «dilaciones indebidas», toda vez que el procedimiento se había prolongado durante un periodo de cinco años y seis meses.

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