«A mi padre le abandonaron en la Casa Torno»

«A mi padre le abandonaron en la Casa Torno»
Búsqueda de orígenes

Lourdes Aritziturri pudo obtener información sobre los primeros años de su progenitor, que fue acogido en Fraisoro

Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZ

Lourdes Aritziturri y su hermana solo tienen dos apellidos por parte paterna. El primero, tal y como les confirmó un lingüista euskaldun, además es inventado. Era algo habitual en los niños acogidos en la casa cuna de Fraisoro. «Les bautizaban allí, y les ponían un nombre y dos apellidos que escogía el sacerdote en el momento», cuenta Lourdes. En algunos casos se les ponía como apellido el lugar en el que habían sido encontrados, «por eso hay gente que se apellida San Sebastián o Bilbao», y otros recibían directamente el apellido «expósito».

Estas y otras curiosidades las ha ido aprendiendo Lourdes gracias a la búsqueda que realizó sobre los orígenes de su padre. Este nació en 1912, fue abandonado en la Casa Torno de San Sebastián y pasó sus primeros meses en el edificio que la Diputación de Gipuzkoa tenía en Zizurkil, hasta que fue acogido por una familia de Zegama, que a los años decidió adoptarle. «En casa hemos sabido todo desde pequeñas, y mi sensación es que mi padre siempre ha tenido ese sentimiento de haber sido un niño abandonado», cuenta Lourdes. En 2005 decidió acudir a la Diputación para poder saber un poco más sobre los orígenes de su padre, que le autorizó para hacerlo.

«Creo que lo hice por poder darle algo a él, aunque con la sensación de que ya era un poco tarde», afirma Lourdes. Aunque no se encontró información sobre los antecedentes biológicos de su padre, sí obtuvo el documento que se redactó cuando fue recogido en la Casa Torno de Donostia. «Se hacía una descripción de lo que llevaba el bebé cuando fue encontrado», afirma Lourdes. En el caso de su padre, el texto dice así: «A las cinco y media de la tarde de ayer ha ingresado en el torno, en esta casa, un niño, el cual llevaba puestas las prendas y señales siguientes: una camisa, tres jubones, un gorro, una mantilla y un pañal, todo viejo, y una capita nueva».

Una información que aunque reconoce no les descubrió «nada nuevo», les ayudó a entender la historia de los primeros años de vida de su padre, algo que reconfortó tanto a él como a su familia. «También hay un libro, ‘Fraisoroko amak, Fraisoroko haurrak’, que me ha servido mucho para trasladarme y conocer cómo sucedían las cosas en aquella época», asegura.

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