Un nuevo ataque de un grupo de grafiteros a Euskotren se salda con un detenido en Irun

Uno de los recientes ataques a Euskotren en Donostia./
Uno de los recientes ataques a Euskotren en Donostia.

Las pintadas suponen un coste superior a los 20 millones de euros para los gestores y operadores de transporte en el Estado

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA SAN SEBASTIÁN.

Los grafiteros de trenes no paran, siguen activos y allí donde van dejan su huella. Se han convertido en el enemigo número uno del personal ferroviario, en «el mayor problema en el ámbito de la seguridad» y reclaman de los poderes públicos «mayor protección». Uno de ellos fue detenido ayer de madrugada por la Ertzaintza en Irun, mientras que varios colegas suyos lograron burlar la presencia policial. Los hechos, según informaron ayer fuentes de Euskotren, tuvieron lugar sobre las 3.35 horas cuando el servicio de vigilancia de las cocheras de Araso en Irun detectó la presencia de una decena de personas cuando intentaban pintar una unida UT-200. Los vigilantes dieron cuenta de la situación a la Ertzaintza, una de cuyas patrullas se desplazó al lugar.

Al detectar la presencia policial, el grupo emprendió la huida. No obstante, los agentes lograron dar alcance a uno de sus miembros que tras ser identificado quedó en libertad en calidad de investigado por un presunto delito de daños. La Policía mantiene abierta una investigación para identificar a los restantes integrantes del grupo.

Los trabajadores ferroviarios y los grupos grafiteros mantienen desde hace tiempo un grave conflicto. Los primeros son víctimas de asaltos, amenazas y hasta de pedradas. En los últimos meses han sido especialmente agresivos los comportamientos contra empleados y unidades de Euskotren.

Fuentes del Observatorio de Civismo en el Transporte Ferroviario presentaron precisamente ayer los resultados del Informe 2017 e indicaron que los ataques de grafiteros organizados suponen el mayor problema en el ámbito de la seguridad para los operadores ferroviarios, ya que, a diferencia de los murales que pintan en la vía pública, a veces tratados como una variante de arte urbano, el grafiti ferroviario es siempre ilegal. El informe cifra en 27.000 los casos documentados de incivismo y precisa que los ataques aumentaron un 50% respecto a 2016.

Comportamiento violento

Los operadores denuncian que, además, de un tiempo a esta parte suele ir asociado a comportamientos violentos y a diversos delitos como daños, robos, coacciones, amenazas y agresiones, como sucedió recientemente en Gipuzkoa donde empleados fueron víctimas de diversos ataques.

Las pintadas, además, suponen un coste superior a los 20 millones de euros para los operadores y gestores de transporte, según denuncia la Asociación de Empresas Gestoras de Transportes Colectivos Urbanos. La patronal estima que en el último año se han producido, como mínimo, más de 7.300 pintadas de este tipo, lo que ha ocasionado «pérdidas millonarias» en servicios de limpieza, cuyo coste terminan pagando los contribuyentes como usuarios finales.

El pasado año, 380 unidades de Euskotren fueron pintadas. La operadora ferroviaria vasca destina al años 200.000 euros en limpieza de los convoyes atacados.

En este contexto, la asociación ha pedido a la Fiscalía General del Estado respuestas penales «más contundentes» y que estas actuaciones sean consideradas «delitos de daño» en vez de «simples deslucimientos» como hasta ahora.

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