Los niños visten delantal en las jangelas

El proyecto Mahi Mahi transforma los comedores y hace que los pequeños sean parte activa del servicio

En el comedor de la ikastola Zubimusu las mesas son redondas y los niños se encargan de servir la comida a sus compañeros. :: /i. a.
En el comedor de la ikastola Zubimusu las mesas son redondas y los niños se encargan de servir la comida a sus compañeros. :: / i. a.
AIENDE S. JIMENEZ

Es la hora de comer en la ikastola Zubimusu de Villabona, y sobre las mesas los cuencos con el primer plato esperan para ser servidos. Los encargados de esa tarea no son los monitores del comedor, sino los propios niños, que colocan en el plato de sus compañeros la cantidad de comida que estos les piden. Así es el nuevo día a día en la jangela de este centro guipuzcoano, que este curso escolar ha implantado el modelo Mahi Mahi, en el que los alumnos adoptan un papel activo y pasan a ser parte del servicio de comidas.

Los que lo han probado lo describen como un comedor mucho más acogedor, en el que los niños se sienten «como en casa», lejos del modelo tradicional donde cada chaval pasa con su bandeja esperando que le sirvan el menú del día, para después sentarse en mesas alargadas donde la interacción no va más allá de los cuatro compañeros que tienen al lado o en frente.

En The English School de Donostia llevan dos cursos utilizando el modelo Mahi Mahi en su comedor. Su director, Sergio Del Campo, afirma que este proyecto fue fruto de una «reflexión profunda» sobre el funcionamiento de la jangela, servicio que utiliza el 80% de los alumnos del colegio. «Ha sido una manera de reforzar los valores que estábamos trabajando en las aulas. Antes el comedor parecía un punto y aparte, un espacio aislado del resto del proyecto pedagógico, y ahora es una parte más», afirma Del Campo.

Mahi Mahi es un proyecto desarrollado por la empresa guipuzcoana Askora. Sus creadores llegaron a la conclusión de que el servicio de comedor que existe en los colegios hoy en día está basado en un modelo «ochentero» que no responde a las necesidades actuales de los niños. «No se trata de un modelo cerrado, sino que diseñamos con cada colegio un tipo de comedor según sus necesidades. Además se tiene en cuenta la línea pedagógica del centro para crear una continuidad a esos valores en la jangela», afirma Iratxe Casado, directora de Mahi Mahi.

Los alumnos ponen y recogen la mesa, sirven la comida y ayudan a limpiar cuando termina el servicio

La característica principal es que los alumnos pasan de ser un miembro pasivo a una parte activa en el servicio del comedor. Algunos se encargan de servir la comida, otros de poner la mesa o de recogerla y limpiarla al terminar. Gestos que pueden resultar extraños en un colegio, pero que forman parte de la rutina normal que pueden llevar a cabo en casa. «Algunos incluso cogen hábitos que luego aplican en familia, y los padres están encantados», señalan desde Askora.

Pero, ¿cómo han acogido los niños eso de tener que ponerse el delantal en el comedor? «Los más pequeños, sobre todo al principio, cogieron con mucho entusiasmo la asunción de responsabilidades. Ahora, después de dos años, lo toman con total naturalidad», asegura el director de The English School. «Se sienten como en casa, el entorno es más acogedor, con mesas redondas de seis personas en las que pueden hablar entre ellos, y están más cómodos», asegura Nerea Zumeaga, directora de la ikastola Zubimusu de Villabona. «Nuestro proyecto pedagógico está enfocado a que el niño sea el centro de todo, y con este modelo también lo son en la jangela», añade.

En Euskadi ya son tres los colegios (uno en Bizkaia y los dos guipuzcoanos) que cuentan con este comedor, que provoca, además de un cambio estético importante, una percepción muy diferente que la que se ha tenido de los comedores escolares hasta ahora. «Normalmente son el centro de muchas críticas, porque son sitios aburridos, a los que los niños no quieren ir, e incluso algunos padres rechazan dejar a sus hijos en la jangela», señala Iratxe Casado. Sin embargo, asegura que los niños que cuentan con estos innovadores espacios cambian su opinión sobre los mismos. «Hay chavales que llevan a sus padres al comedor para que lo conozcan. Se sienten muy realizados, y cuando terminan sus tareas piden que se les encargue alguna otra», afirma la directora de Mahi Mahi.

Los que lo han probado afirman que los niños se sienten «realizados» por tener responsabilidades

¿Y qué hay de la comida? «Es lo más importante, y debe ser sana, nutritiva y equilibrada, pero eso a los niños no les importa. Por eso tratamos de que sea una experiencia divertida para ellos, metemos platos más actuales y también comidas de otros países para fomentar la diversidad cultural y acostumbrarles a sabores nuevos», afirman desde Askora, que presumen además de que el 40% de sus menús están realizados con producto ecológico y local. Este modelo ya empieza a llamar la atención en todo el mundo, y ha sido seleccionado como uno de los cuatro mejores servicios comerciales del año en los Service Design Awards.

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