La natalidad en Gipuzkoa no garantiza el relevo generacional

La natalidad en Gipuzkoa no garantiza el relevo generacionalGráfico

Maternidad tardía, precariedad laboral o cambio de valores son las razones de un descenso difícil de revertir. Sociólogos y ginecólogos analizan las consecuencias de una tendencia que deriva en embarazos de mayor riesgo y aboca a una sociedad «estancada»

Amaia Chico
AMAIA CHICO

La noticia no genera ninguna sorpresa. En Gipuzkoa nacen pocos niños. Menos de los necesarios para garantizar un relevo generacional en un territorio que envejece año a año y que debería pensar urgentemente en poner freno a la curva descendente que ha devuelto la tasa de natalidad a mínimos de hace veinte años. Ahí está el problema. Que ni la crisis económica de los últimos años es ya razón suficiente para explicar una tendencia a la baja sin visos de recuperación, ni las políticas públicas implementadas hasta ahora han servido para revertir el problema. «No soy optimista», reconoce la socióloga María Silvestre, que alerta de unos «datos preocupantes» que pueden desembocar en el «estancamiento» de la sociedad. Tampoco los ginecólogos que desde hace 25 años atienden los partos en el Hospital Universitario Donostia ven una salida sencilla.

Qué lejos quedan los 13.367 niños que nacieron en 1976. Cuarenta años después, muchos de aquellos bebés no han continuado la saga familiar o lo han hecho de forma mucho más reducida y tardía. El desfase es tal que en 2016, en Gipuzkoa, nacieron menos de la mitad de niños que en aquel ‘baby boom’. En concreto, vinieron al mundo 6.015 bebés, la cifra más baja desde el año 2000. Un dato preocupante porque aunque la tasa de natalidad aún no se ha desplomado tanto como en los 90, el repunte registrado a principios de este siglo ha vuelto a retroceder. Y lo ha hecho a pasos agigantados. En apenas seis años el número de nacimientos ha descendido en un millar. Y ni sociólogos ni ginecólogos ven próximo un cambio de ciclo, ya que las razones de esta situación son variadas y difíciles de remover: menos mujeres en edad fértil, incorporación tardía al mercado laboral, precariedad, cambio de valores, roles sociales, prioridades...

María Silvestre, directora del Deustobarómetro, observa con inquietud la estadística y traslada un reproche a la Administración pública por errar en el diagnóstico y no ir a «la raíz del problema», a la hora de diseñar las políticas de familia o de atender reclamaciones que ya están sobre la mesa del Gobierno central como que los permisos para padres y madres sean «iguales e intransferibles». La socióloga vasca mira a países del Norte de Europa que han conseguido revertir el envejecimiento de su población. Y advierte de que la vía para lograrlo también aquí no es solo «monetaria», conceder 400 euros de ayuda por hijo, sino fomentar «una corresponsabilidad real» que implique no solo más «presencia del padre» en el cuidado de sus retoños, sino un «cambio de valores en el ámbito empresarial» que lo favorezca y, en paralelo, no penalice la carrera profesional de las mujeres.

«Hay que fomentar un cambio de mentalidad; la edad idónea para ser madre es antes de los 30»

Porque ese es otro de los motivos a los que apunta la socióloga. El hecho de que siga vigente «la visión tradicional» de los roles masculino y femenino, y que esos valores «choquen frontalmente» con «la proyección social, personal y las prioridades» que reivindican las mujeres. «Ninguna está hoy dispuesta a hipotecarse como hace 25 y 50 años por la maternidad», advierte. «Las mujeres necesitan una corresponsabilidad de su pareja, pero también del ámbito público y empresarial».

Los últimos datos sobre la renuencia de los hombres a solicitar sus permisos o a asumir parte de la baja maternal son clarificadores. En los últimos seis años, se ha incrementado del 7 al 28% el porcentaje de padres en Gipuzkoa que considera muy perjudicial para su vida profesional pedir la licencia. «No me extraña que sientan ese miedo», asegura Silvestre, porque «no se valora que el hombre tenga que asumir esas labores». Y, en su opinión, si «no somos capaces de romper» esos elementos que «pesan muchísimo» a la hora de que las nuevas generaciones creen su hogar, «no repuntará la natalidad».

Edad biológica y social

Además, Silvestre entra en otro terreno delicado. El retraso en la edad de maternidad, especialmente acusado en Gipuzkoa con una media que supera ya los 32 años. «Existe un desfase entre la edad biológica para ser madre y la edad social, es decir, el momento vital en el que una persona puede sentarse y planificar ser madre o padre», incide desde un punto de vista social. «Los procesos de formación se han alargado, la incorporación a un trabajo con una retribución que permita asumir la responsabilidad de criar un hijo a veces se hace inviable...», repasa. Y la consecuencia directa se palpa en la calle: una población más envejecida.

«No lo estamos haciendo bien como sociedad», sentencia la socióloga, que alerta de que si «no abordamos de forma seria, yendo a la raíz del problema», el descenso de la natalidad con un cambio general en la «organización social», los datos no darán la vuelta. «Y una sociedad envejecida afecta no solo a su sostenibilidad, sino que genera cambios de demandas, de necesidades, cambia el voto político...».

Silvestre pide a las instituciones que se fijen en los ejemplos de Islandia o Noruega, dos de esos paises nórdicos que han logrado,con sus políticas, revertir el saldo negativo en su evolución demográfica –en Gipuzkoa, el pasado año murieron 759 personas más de las que nacieron–. Porque Euskadi se está convirtiendo en una de las regiones más envejecidas del continente.

Arantza Lekuona ha comprobado personalmente esa diferencia. «Si paseas por la calle en Suecia, sorprende la cantidad de mujeres jóvenes con carritos y embarazadas que ves», apunta con cierta envidia la jefa del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Donostia. También ella se suma a la inquietud por la falta de nacimientos e incorpora a la reflexión el punto de vista médico: cuanta más edad de las madres, más problemas de fertilidad y más riesgos en los embarazos y los partos. Y a día de hoy, el 13% de las mujeres que dan a luz ha cumplido ya los 40. Pepe Navarrina, jefe de partos del hospital y miembro, junto a Lekuona y la ginecóloga Gloria Juaristi, del «equipo de guardia más veterano» del servicio, confirma la tesis. «Tenemos menos partos, pero dan más la lata, así que el trabajo no ha disminuido», coincide con las compañeras con las que compartió residencia y empezó a trabajar hace 25 años.

«No lo estamos haciendo bien; hay que abordar el problema de forma seria, yendo a la raíz»

Desde entonces, el perfil de las parturientas ha cambiado mucho. «Ahora casi te sorprende ver a una joven de 25 años», reconoce. Especialmente si no es extranjera. Casi un 20% lo son, y ellas sí acostumbran a tener familia a edades más tempranas. Los tres ginecólogos recuerdan que la edad «idónea» para tener hijos es antes de los 30 años, algo que apenas cumple el 20% de las madres. «Pero más allá de la recomendación médica, nosotros respetamos y no entramos en las decisiones personales de las mujeres o de las parejas», matiza Lekuona, porque «hay muchas circunstancias».

La jefa de Ginecología entiende que el contexto es diferente al de hace 25 años y que «la tardanza en encontrar trabajo, la precariedad de los mismos, y otra mentalidad» han llevado a los jóvenes a posponer la decisión de ser padres. «Antes quieren ir a Tailandia, viajar», añade con cierta sorna Navarrina. Aunque también existe verdad en sus palabras.

«Lo natural, es mejor»

Lo cierto es que han cambiado tanto la sociología, como las prioridades. Y además –y aquí los ginecólogos entonan un mea culpa–, se está promoviendo en exceso la reproducción asistida, que ellos defienden, pero «sin olvidarnos de que la natural es la mejor». «Hay que ahondar en ello, fomentar un cambio de conciencia social, de mentalidad, para adelantar la decisión de tener hijos», incide Lekuona, quien advierte de los riesgos físicos que entraña el retraso de la maternidad.

«Por un lado, hay más embarazos y partos con patología porque el avance de la medicina ha permitido también ser madres a mujeres con cardiopatías o enfermedades renales que antaño lo tenían contraindicado», explica la ginecóloga. Pero sobre todo, el riesgo aumenta porque ser madre a partir de los 40 (641 mujeres lo fueron en 2016) implica «dificultades para quedarse embarazada, más hipertensión o diabetes, más técnicas de reproducción asistida, lo que incrementa los embarazos múltiples y con ellos la prematuridad...», enumera. «Claro que hay embarazos normales», recalca, «pero detrás de los que se publicitan por parte de algunas famosas con 43 o 48 años», en el día a día se comprueban los problemas. Al final, «lo que debería ser excepción se está convirtiendo en norma».

Lekuona, Navarrina y Juaristi, al igual que la socióloga, tampoco ven próximo un cambio de costumbre. Pero «es necesario, porque como siga bajando la natalidad, la pirámide demográfica no soportará, no ya nuestras pensiones, sino la capacidad de atención a los mayores», apuntan desde un plano social. Y además, concluye sonriente el jefe de partos: «¡A Tailandia también se puede ir más tarde, que la vida es muy larga!».

Xabi mantiene a la pequeña Enara, de apenas tres meses, en brazos mientras su mujer Miriam le coge la manita.
Xabi mantiene a la pequeña Enara, de apenas tres meses, en brazos mientras su mujer Miriam le coge la manita. / SARA SANTOS

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