«Murió cuando colocaba la matrícula al remolque»

El hombre murió aplastado entre el camión y la valla que delimita el aparcamiento./PEÑALBA
El hombre murió aplastado entre el camión y la valla que delimita el aparcamiento. / PEÑALBA

Un conductor fallece arrollado por su propio camión en Oiartzun. La víctima de 48 años y natural de Rumanía realizaba junto con un compañero las maniobras de enganche del remolque con la cabeza tractora

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Se llamaba Dorin Botezatu. Era un trabajador de la carretera, un obrero del volante. Había nacido hace 48 años en la localidad rumana de Neamt, próxima a la frontera con Moldavia. Dorin encontró ayer la muerte en el área de descanso de Oiartzun. El infortunio quiso que fuera atropellado por su propio camión cuando trataba de colocar las placas de matrícula en el transcurso de las labores de enganche de la cabeza tractora con el remolque. Las Juntas Generales de Gipuzkoa guardaron un minuto de silencio por la muerte de este transportista.

Aun no había amanecido en la zona de estacionamiento para camiones existente en el área de servicio de la autopista AP-8, a la altura de Oiartzun, junto al Autogrill. «Mi hermano y yo acabábamos de llegar. Eran las cinco menos unos minutos de la madrugada. De pronto, me pareció escuchar unos gritos, pero como tenía el camión arrancado, no oía bien. Sin embargo, ante la insistencia de los chillidos, bajé de la cabina y me acerqué. Vi a la víctima tumbada en el suelo, en la parte trasera del camión. Pregunté a su compañero qué le había ocurrido y me dijo que le había atrapado el remolque. Llamé al 112 de inmediato. Cuando llegaron las asistencias, no había nada que hacer. Solo pudieron certificar la muerte», relató Eugenio, un transportista de Madrid, testigo de lo acontecido.

Sin freno de mano

En el lugar se personaron agentes de la Ertzaintza que practicaron las primeras diligencias para determinar en qué circunstancias se produjo el siniestro. De acuerdo a las primeras averiguaciones, la víctima y su compañero de cabina, también de nacionalidad rumana, llegaron de madrugada al área de Oiartzun a bordo de su cabeza tractora, un Volvo FH 500 perteneciente a la empresa Lodisna, con sede en Pamplona, especializada en el transporte por carretera a nivel internacional. Los dos chóferes, según fuentes consultadas, tenían como misión enganchar un remolque de la misma firma que permanecía estacionado en la zona de aparcamiento para seguidamente emprender una nueva ruta.

Todo parece indicar que la víctima descendió del vehículo con la finalidad de colocar en la parte trasera del remolque la matrícula del vehículo. Según parece, mientras el fallecido instalaba las placas, su compañero conectó el sistema de frenado del remolque. De esta forma, insertó un conducto que traslada aire comprimido desde la zona de la cabina, lo que liberó el bloqueo de los frenos. En aquel instante, pese a que la inclinación del terreno era apenas imperceptible, el camión comenzó a rodar marcha atrás.

«Parece ser que no tenía puesto el freno de mano de la cabina y por eso comenzó a ir hacia atrás»

Compañeros achacaron al agotamiento o a la inexperiencia el «grave error» de la maniobra

En su avance, el chófer quedó aprisionado contra un tope o vallado que delimita la plaza del aparcamiento. «Parece ser que no tenía puesto el freno del mano de la cabina y por eso comenzó a moverse marcha atrás. Y si te pilla, no hay nada que hacer. El camión pesa veinte toneladas; nadie puede moverlo y tampoco detenerlo», explicó otro transportista presente en la zona.

Colegas del fallecido reconocieron que los chóferes cometieron un «grave error», al no haber activado el freno de mano de la cabeza tractora. «Por qué no lo hizo? No lo sabemos a ciencia cierta. Yo pienso que pecaron de inexperiencia. En los últimos años observamos que las empresas captan a conductores sin mucha experiencia. Los contratan en Rumanía y muchos de ellos apenas han trabajado en la carretera», explicó un compatriota del fallecido.

Otro de los camioneros no descartó que el agotamiento fuese el desencadenante del despiste cometido. «Si iban dos en el camión, igual llevaban veinte horas dentro de la cabina. Y cuando llegas de madrugada al destino para cargar te encuentras ya agotado. Y es entonces cuando incurres en las distracciones».

Un minuto de silencio

Las Juntas Generales de Gipuzkoa iniciaron el Pleno de ayer con un minuto de silencio por el fallecimiento de este camionero. El siniestro generó además diversas reacciones de partidos políticos y centrales sindicales. ELA, LAB, ESK, Steilas, EHNE e HIRU mostraron su solidaridad con la familia y amigos del fallecido y denunciaron que «la dejadez con la que la Administración ha tratado al sector durante los últimos años ha hecho que las condiciones laborales tanto de transportistas como de chóferes no hayan mejorado».

Aseguran que las administraciones «disfrazan las precarias condiciones de trabajo en las que está sumergido el sector» y subrayan que los accidentes laborales que sufren los profesionales transportistas «son la consecuencia directa de la más absoluta desregulación del sector, y de la falta total de derechos de los y las transportistas, que para conservar su trabajo se ven obligados a hacer frente a las prisas y a las presiones de las empresas cargadoras, a horarios apretados, cargas con exceso de peso, precios bajos por los servicios, largas jornadas de trabajo, exigencia al transportista de la descarga del porte, imposibilidad de descansar con dignidad...».

Ezker Anitza denunció también en un comunicado que las «muertes en los puestos de trabajo» se producen cada semana y exigió «medidas potentes para acabar con esta lacra» al tiempo que reprochó que ni las empresas ni las autoridades «se toman en serio» este problema.

Por su parte, el secretario general del EPK y parlamentario por Ezker Anitza en el grupo de Elkarrekin Podemos, Jon Hernández, indicó que es «necesario realizar una política de prevención en Euskadi que dé prioridad a la inspección de trabajo». Incidió en el repunte de los accidentes laborales con resultado de muerte registrado en los últimos años en el País Vasco, lo que, a su juicio, obliga a ser «mucho más rigurosos» porque «no puede ser que la gente se tenga que jugar la vida para ganarse el salario, eso no va en la nómina».

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