Un mundo de razones para aprender euskera

Diana, nacida en Lituania, es alumna del euskaltegi Irrintzi de Donostia desde hace tres años./ARIZMENDI
Diana, nacida en Lituania, es alumna del euskaltegi Irrintzi de Donostia desde hace tres años. / ARIZMENDI

Cinco estudiantes explican su motivación para empezar un nuevo curso en el euskaltegi. «La primera barrera para aprender euskera es psicológica, miedo a que sea demasiado complicado. Pero si te lanzas a hablar, la gente es muy agradecida»

AMALIA IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.

Los datos son claros en lo que al uso del euskera en Gipuzkoa se refiere. Se escucha menos en las calles en comparación con la situación de hace cinco años. Pero su uso se mantiene en zonas de menor conocimiento, mientras retrocede en las de mayor entendimiento, según la Medición del Uso de las Lenguas en la Calle realizada el pasado año por el Clúster de Sociolingüística. En Donostia, el uso del euskera ha aumentado casi cinco puntos desde 1989, pero al mismo tiempo también se percibe una tendencia a la baja en la última década. Xabier Garmendia, director y profesor en el euskaltegi Irrintzi de Donostia, relaciona la inestabilidad en estos datos y en las matriculaciones de los euskaltegis del territorio con «la calidad de las políticas lingüísticas», que han tenido una «evolución llena de altibajos».

En el caso de los centros homologados para la enseñanza del euskera, cuentan también con una campaña de matriculación -la de este año llevaba por eslogan 'Aprender euskara, ganar un mundo'-, aunque Garmendia cree que hay «muchos factores ajenos» a las mismas. «El principal, las políticas lingüísticas. Aunque no esté directamente relacionado, la conducta de instituciones y políticos afecta, definitivamente» en la actitud hacia el euskara. Durante el curso 2014-2015, hubo un total de 11.569 matriculaciones en cursos de euskera en el territorio; en 2015-2016 subieron hasta las 11.749 y en el curso del año pasado, volvieron a bajar hasta las 11.598 matriculaciones. Esperan para este año una subida en la cantidad de matriculaciones en Irrintzi, a pesar de que la competencia es «grande» en Donostia.

Coincidiendo con el análisis del informe sobre el euskara realizado por el Clúster de Sociolingüística, que revelaba que las niñas y las mujeres jóvenes y adultas son las que más usan el euskera, Garmendia señalaba que el perfil más abundante de estudiante del idioma es una mujer de edad media.

«Creo que del entorno se aprende tanto de un idioma como en la academia, mitad y mitad»

«Conocer gramáticas diferentes me ha ayudado a asimilar el euskera, los casos, las declinaciones...»

Es el caso de Diana Gledkute, alumna del euskaltegi Irrintzi. Es su tercer año estudiando euskera. «La decisión llegó de forma natural», asegura. «Yo soy de Lituania, pero mi marido es euskaldun y nuestra hija también. Escucho canciones de 'Pirritx, Porrotx eta Marimotots' con ella, en su ikastola el idioma vehicular es el euskera y para trabajar es también una herramienta totalmente necesaria. Mi entorno me ha animado mucho para aprenderlo y se alegran de todo lo que consigo. El año pasado incluso llevé el testigo de la Korrika...», cuenta entre risas.

Diana le quita hierro a la pregunta que todo futuro estudiante de euskaltegi teme: ¿Es imposible aprender euskera si no has crecido con un mínimo de conocimiento al respecto? «Todos los idiomas son difíciles cuando empiezas de cero. Yo he aprendido polaco, ruso, español e inglés. Creo que esto me ha ayudado, al haber pasado por el proceso de aprendizaje de un idioma, pero cada uno tiene lo suyo. Mi lengua materna es el lituano, y también es muy antiguo y diferente del resto de idiomas que lo rodean, pero si no se tiene miedo a fallar, los avances irán llegando», cuenta.

La historia de Magdalena Bobowik es similar. Nacida en Polonia, vino a Donostia hace diez años con una beca Erasmus. Terminó sus estudios de psicología y volvió para hacer un máster y un doctorado. Su intención es quedarse, por lo que lleva tres años estudiando en el euskaltegi Ilazki, también en Donostia. Aspira a examinarse del B2 este curso. Sus motivaciones son dos, la laboral y la personal. Confiesa que le «cuesta» hablar, aunque «más por vergüenza que por falta de capacidad». Habla polaco, alemán, castellano e inglés y coincide con Diana: «Conocer gramáticas diferentes me ha ayudado a asimilar el euskara, los casos, las declinaciones...». Cree que «en realidad, es un idioma muy lógico» que está «lejos» de ser imposible de aprender.

«Tengo la sensación de que la primera barrera del euskera es psicológica, miedo a que sea demasiado complicado, pero si te lanzas a hablar, la gente es muy agradecida», argumenta. «Mi consejo definitivo es relacionarse desde un principio en euskera con quien conozca el idioma, porque luego cuesta más cambiar las dinámicas», continúa. «Por eso, tal vez me anime a ir a un barnetegi para centrarme exclusivamente en la oralidad. Mi intención es conseguir cierta fluidez, poder expresarme sin grandes esfuerzos en euskera y poder así incorporarlo a mis rutinas y trabajo».

Con el mismo plan, Patricia Ruiz acude al mismo euskaltegi, pero a otra clase. Maestra de profesión, está liberada de su trabajo para poder estudiar euskera, al igual que «muchas compañeras». Cántabra de nacimiento, lleva dos años estudiando. Tiene subrayado como objetivo el C1, pero lo que más desea es «participar de forma natural en la vida de mi hijo, que está creciendo en esta cultura». Opina que esta motivación es clave, ya que «el euskera es un idioma que requiere de esfuerzo e ilusión, como cualquier otro». Escuchar la radio, ver la tele y leer en euskera son sus secretos, «el resto, es darle tiempo al tiempo».

Sentimientos vs. títulos

Para Xabier Garmendia, uno de los cambios más significativos en cuanto a las matriculaciones en euskaltegis, viene de la mano de la vocación de cada uno. Antes se estudiaba más «por sentimiento, por la relación personal del estudiante con el idioma». Ahora, en cambio, «por cuestiones de trabajo», asegura.

Jabier Maiz representa ese primer grupo. Hace tres años se quedó sin empleo y se dio de bruces con la realidad: a pesar de ser euskaldun, sin un papel que lo acreditase no había «nada que hacer». Se puso manos a la obra y actualmente prepara el C2 en el euskaltegi municipal de Azpeitia. «Lo cierto es que ya estoy cualificado más que de sobra para ofrecer servicios de fontanería, pero aprender a escribir bien en euskera era una espinita que tenía clavada y necesitaba sacar. De joven estudié en el seminario de Arantzazu, por lo que algo ya sabía, pero en mis tiempos -tengo 58 años- a leer y a sumar y a escribir y a restar se aprendía en castellano. Por eso muchos hablamos en euskera, pero leemos en castellano. Yo necesitaba ampliar mi vocabulario, ganar en riqueza lingüística».

Sigue en ello. Sus compañeros de clase, aun así, no suelen compartir estas cualidades. «Normalmente, en las clases más avanzadas, mis compañeros son gente joven, muy bien preparada, con estudios». El informe realizado por el Clúster de Sociolingüística lo reafirma, el euskera se utiliza más si se desciende en la edad. Garmendia también considera que la media de edad de los estudiantes baja según sube el nivel de exigencia.

Leandro Insua, por otro lado, es argentino y acude al mismo euskaltegi, al nivel A2, pero no tiene intención de examinarse. «En el entorno en el que me muevo la gente trabaja en euskera y vive en euskera. El idioma me ha ayudado a integrarme e integrarme me ha ayudado a aprender más. Creo que del entorno se aprende mucho, al igual que de la academia, mitad y mitad. Entre las actividades del gaztetxe, el equipo de fútbol, el euskaltegi y la gente con la que trabajo, le estoy sacando jugo a la situación». «Eskerrik asko», se despide.

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