«Todo el mundo puede salvar una vida, no hace falta ser médico»

Asier Zamakola explica a los asistentes cómo hacer una RCP. /MichelenaGráfico
Asier Zamakola explica a los asistentes cómo hacer una RCP. / Michelena

Sanitarios de Osakidetza recuerdan la importancia de aprender a hacer una reanimación cardiopulmonar

Iker Marín
IKER MARÍN

Presenciar en directo a una persona sufriendo una parada cardíaca puede marcar a cualquiera. Si asistir a un momento así es duro, tener la sangre fría de actuar con rapidez para poder salvar esa vida es todavía más complejo. El desconocimiento y la tensión pueden truncar una actuación que se antoja vital en ese tipo de casos. El miedo paraliza. Pero estas situaciones de emergencia desgraciadamente suceden en cualquier calle, supermercado, escuela o campo de fútbol. Y hay que saber actuar.

Para revertir esta situación enfermeros de Emergencias de Osakidetza, entre otros técnicos sanitarios, acuden con frecuencia como ponentes a charlas abiertas a la ciudadanía que se organizan en Gipuzkoa, donde aprecian que «el desconocimiento es grande». Así lo cree Asier Zamakola, enfermero de emergencias de Osakidetza y profesor asociado de la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV. «La gente piensa que es muy difícil hacer una reanimación cardiopulmonar (RCP) o utilizar un desfibrilador. Que hay que ser médico o enfermero para hacer las maniobras, y no es así. Nuestro objetivo es quitar ese miedo y que todo el mundo sepa que es capaz con dos manitas de hacer una RCP de calidad e intentar salvar una vida», indica. Este fue el mensaje que transmitió recientemente en la sede del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa ante el cerca de un centenar de personas que asistió a una charla titulada ‘Salvar una vida está en tus manos’. Y parece que el mensaje caló.

«Tener capacidad de reaccionar a tiempo es básico», ya que el 80% de las paradas cardíacas extrahospitalarias suceden en casa o en la calle

Mari Carmen Boraita y María Ángeles Puras, ambas vecinas de Amara, señalaron al unísono que «lo que más nos costaría en un momento dado sería dar el paso de actuar. Una vez reaccionado, algunos pasos los daríamos sin problema». Igualmente satisfecho de lo aprendido salió de la charla Salva Muñoz, vecino del barrio de Egia. Reconocía que este tipo de charlas y prácticas son imprescindibles para poder actuar. «Creo sinceramente que podría ayudar en una emergencia. Los pasos son realmente sencillos de seguir. Este tipo de cursos te aportan seguridad», explicaba.

Los datos que aportan los expertos deberían hacernos reflexionar sobre la importancia de conocer al detalle cómo realizar este tipo de maniobras, comenzando por las aulas. «No hay a día de hoy una estructura oficial que desde el Gobierno Vasco organice este tipo de enseñanza. Este es nuestro caballo de batalla. Esta formación es de vital importancia y los escolares, que absorben todo de manera muy natural, están cualificados para hacer las técnicas de RCP o pedir ambulancias», reconoce Zamakola. La intervención de los testigos para iniciar de inmediato una reanimación cardiopulmonar es fundamental. Más teniendo en cuenta que el 80% de las paradas cardíacas extrahospitalarias se producen en las casas y en la calle. «En estos casos por cada minuto que pasa sin hacer nada, la posibilidad de supervivencia disminuye un 10%. Es clave actuar», afirma.

Ante una muerte súbita

«La muerte súbita se produce por alteraciones del sistema eléctrico del corazón, generalmente por una arritmia maligna que se llama fibrilación ventricular cuyo único tratamiento efectivo es una descarga eléctrica que será más efectiva cuanto menos tiempo transcurra entre que se origina y se aplica el choque eléctrico», explica además Daniel Alonso, enfermero Responsable del Grupo de Paradas de Emergentziak Osakidetza. Si somos testigos de un episodio de este tipo debemos preguntarnos dos cosas. «¿Está consciente?, ¿respira normalmente?», añade Alonso. Si nos encontramos ante una situación de estas, «debemos activar el sistema de emergencias cuanto antes llamando al 112, y comenzar rápidamente a realizar compresiones torácicas».

Una práctica que según los expertos se puede realizar con «cuatro nociones básicas». La compresión torácica permite que la persona afectada se mantenga viva porque vamos a suplantar la labor de su corazón. Gracias a esa compresión, la sangre sigue circulando, «a un nivel muy bajo, pero suficiente para mantener el riego sanguíneo al cerebro, que los órganos más importantes reciban oxígeno y que la persona se mantenga viva», insiste Zamakola. Lo esencial es que hasta que llegue el desfibrilador, si es que hay uno cerca, se hagan las compresiones para mantener a la persona viva. «Eso es lo básico. Y si llega un desfibrilador, utilizarlo», apunta.

El desfibrilador

Se utiliza este aparato para intentar que ese corazón parado vuelva a ponerse en marcha de forma adecuada. Los sanitarios sí reconocen que utilizarlo puede generar dudas y preguntas. Por ejemplo, asumen que da miedo pensar que «puedes dar una descarga de más a la persona afectada». Pero Zamakola aclara: «El desfibrilador solo da la descarga a la persona que lo necesita. La máquina analiza el corazón. Y si este lo necesita, descarga. De lo contrario no funciona. Ella hace el análisis y te guía gracias a su mensaje de voz y de texto. No debe asustarnos».

Destacan además los expertos que en la CAV tenemos una legislación muy avanzada a la hora de utilizarlo. «Cualquier persona está autorizada a usar el desfibrilador. Y no hace falta que tenga una formación sanitaria previa», avisan. Aseguran que con la ayuda de los operadores del 112 y con el desfibrilador se puede actuar ante una situación de emergencia.

Ana del Río, enfermera del barrio de Intxaurrondo, también siguió de cerca las explicaciones que ofrecieron los expertos de Osakidetza. «Este tipo de citas me sirven para practicar», decía. Como enfermera hace cursos en el colegio oficial y en el hospital pero reconocía que «siempre está bien refrescar los conceptos, ya que a pesar de trabajar en el hospital no son situaciones en las que te ves habitualmente».

A lo largo de su carrera profesional, Ana se ha tenido que enfrentar a dos paradas cardíacas. Y en una de ellas tuvo actuar. «Y respondes. Era un niño y salió bien. No obstante, creo que el momento más complejo es detectar lo que está pasando, siempre te parece menos grave de lo que es. Pero aunque seas sanitario siempre infunde respeto y estas prácticas ayudan mucho».

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