Una mujer da a luz en plena calle en Mendaro

Leire Arriola y Nerea Isasti hablan con una vecina del portal donde viven los padres del bebé. / FÉLIX MORQUECHO

Nerea Isasti y Leire Arriola ayudaron a una mujer que dio a luz en plena calle el lunes en Mendaro. «Rompimos a llorar cuando cogimos a la niña en brazos»

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

Aquella mañana sus alumnos del instituto Meka de Mendaro proyectaron el vídeo de un parto para un trabajo de Educación Infantil. Nerea Isasti tomó buena nota para evaluarles. Lo que no sabía en ese momento esta profesora es que unas horas después iba a ser ella la que iba a tener que poner en práctica la lección en plena calle para ayudar a una parturienta a traer al mundo a su bebé. Todavía hoy sigue dándole vueltas al destino que le hizo verse envuelta en esta historia extraordinaria.

Eran las seis y media de la tarde del pasado lunes. Los gritos de dolor de una mujer interrumpieron la rutina al otro lado del escaparate de la tienda de Leire Arriola. «Entraron desde la calle preguntando qué número de portal era porque estaban llamando a una ambulancia. Fuera había una mujer agarrada a su pareja. En cuanto la vi, sabía que estaba a punto de dar a luz». Leire dejó plantados por un buen motivo a los clientes y salió a prestar ayuda. «Le ofrecí una silla pero solo quería echarse sobre la acera y tumbarse. Así que saqué una esterilla -otra casualidad, porque se la había dejado su hermano esa misma mañana- y se tumbó. La mujer hacía el gesto con la mano de sujetar la cabeza del bebé».

Como en una película donde se cruzan las vidas de personajes en un azar inevitable, a esa hora Nerea Isasti recogía a pocos metros a uno de sus dos hijos de la clase de euskaldantza. «Hay una mujer que está dando a luz en la calle», gritó de repente una vecina del municipio. En dos pasos a la carrera, Nerea se plantó frente a una escena que todo el mundo no se atrevería a asistir. «No lo pensé, simplemente ya vi que la mujer estaba dando a luz. Cogimos toallas de la tienda de Leire y allí me puse de rodillas, porque ya se veía la cabeza del bebé».

En un parto no hacen falta demasiadas palabras, pero la mujer, de origen saharaui, no hablaba castellano y era el marido el que hacía de traductor, mientras agarraba de la mano a su mujer, tembloroso. «¿Qué puedo hacer, cómo puedo ayudar?». Leire y Nerea no conocían la respuesta. «Yo seguía cogiéndole de la mano a la mujer e intentando ayudarle con las respiraciones de parto. En esos momentos, hicimos lo que pudimos por instinto. Yo al menos lo viví con una mezcla de tensión y miedo porque se me pasaba por la cabeza la posibilidad de que hubiera una complicación que nosotras no sabríamos atender. Ahora que sé que todo salió bien, fue un momento impresionante», refleja Leire. Es madre y sabe lo que son los partos complicados. «Los míos fueron duros, y necesitaron ventosa».

«Preciosa y chiquitina»

El vídeo que Nerea había visto esa mañana fue de gran ayuda. «Había salido ya la cabeza y un hombro del bebé y le giré como había visto para sacar el otro hombro y luego ya el cuerpo entero». Era una niña. «Preciosa y chiquitina», cuenta emocionada Nerea. Tiene dos hijos de 9 y 4 años, y aunque no es comparable a sus partos, dice que esta ha sido «una de las experiencias más bonitas de mi vida. Inolvidable».

No habían pasado diez minutos, -«quizá fueron cinco, porque fue rapidísimo»-, cuando apareció la ambulancia. «Envolví en toallas al bebé y lo puse contra el pecho para mantenerle en calor. Tenía el cordón umbilical y no sabíamos muy bien qué hacer. Intentamos movernos lo menos posible», continúa relatando. La tensión se transformó pronto en lágrimas. «Rompimos a llorar. El marido nos daba una y otra vez las gracias, muy emocionado». La mujer enseguida fue llevada a la ambulancia para ser atendida, al igual que la recién nacida. Los servicios sanitarios felicitaron a las dos mendaroarras. Y cuando se fue la ambulancia y se deshizo el revuelo de gente, ellas empezaron a ser conscientes del momento que acababan de vivir. «Yo volví a la tienda y lloré un buen rato», reconoce Leire. Nerea regresó junto a sus dos hijos que, aunque no presenciaron la escena y se alejaron unos metros junto a su aita y otras familias, sabían perfectamente qué estaba ocurriendo y hoy todavía no dejan de hacer preguntas. «¿Qué tal está el bebé?», dice Nerea que le repiten.

Las dos vecinas, que se conocían del pueblo, tienen ganas de reencontrarse con la familia y fundirse en un abrazo. «Lo poco que nos llegaron a decir es que tenían otros dos hijos en su país y que este era su tercer hijo. Habían esperado a que se rompiera la bolsa para ir al hospital». «¿Y qué nombre le habrán puesto?», le pregunta el crío a Nerea.

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