«La muerte de Iñaki remueve los pilares de Arantzazu como un tsunami»

Beristain vivió cincuenta años en Arantzazu. / APREA

El franciscano Iñaki Beristain muere de cáncer a los 70 años en el santuario que abrió al futuro

A. ALDAZ/M. GONZÁLEZSAN SEBASTIÁN.

El santuario de Arantzazu se envolvió ayer en un silencio distinto al cotidiano con la muerte de Iñaki Beristain. El franciscano de Errezil ponía el rostro y la voz a una comunidad religiosa que ahora queda «huérfana» con su pérdida, en palabras de Juan Ignacio Larrea, guardián del santuario. «Se han movido los cimientos de Arantzazu, como si hubiera habido un tsunami», llora también Joxe Mari Arregi, vicario provincial. Beristain falleció ayer a los 70 años como consecuencia de un cáncer que le fue diagnosticado hace apenas un mes, cuando empezó a encontrarse mal y unos análisis confirmaron la enfermedad en una fase ya avanzada. Ha sido una muerte rápida que deja un dolor profundo entre sus más cercanos. «Se marchó entero y tranquilo», después de despedirse en los últimos días de sus familiares y amigos, cuenta Arregi. «Iñaki era un fraile moderno -le describe- que conocía la situación actual, que se preocupaba de los vaivenes de la sociedad; pero Iñaki, sobre todo, era un hombre de fe, así lo demostró siempre y también durante su enfermedad. 'Señor nuestro, acudimos a ti, doloridos por la muerte; tristes por dentro, heridos, sin poder comprender', escribió hace tiempo.

Nacido en Errezil en 1947, Beristain decidió ser fraile ya a los veinte años. Cuando llegó a Arantzazu, en ese entorno imponente junto al Aizkorri, en el santuario vivían más de cien frailes. Hoy, tras su muerte, quedan 27. Él era de los 'jóvenes'. Y siempre le preocupó precisamente el futuro de la empequeñecida comunidad franciscana por la falta de relevo generacional y la secularización social. «No me cabe ninguna duda de que si los franciscanos de Euskal Herria tienen que desaparecer, van a hacerlo en Arantzazu. Pero, desaparezcamos o no, nuestro reto principal consiste en que Arantzazu abra sus puertas al futuro, y para ello habremos de contar con la ayuda de los laicos», manifestó en una entrevista para la revista de Eusko Ikaskuntza.

Con ese empeño trabajó desde un sinfín de facetas. Decía que «Aran-tzazu era del pueblo» y su esperanza era que «siga hablando a este pueblo y le oferte respuestas y acompañamientos plurales». Era un miembro destacado de la asociación 'Aran-tzazuko Adiskideak' y fue también uno de los 131 párrocos y religiosos que firmaron la carta abierta de rechazo a la designación de José Ignacio Munilla como obispo en 2009.

«El fraile periodista»

Divulgador, comunicador y euskaltzale, deja «una profunda huella a todos los que le conocimos», reflejaba ayer el diputado general, Markel Olano, en su cuenta de Twitter. También el portavoz foral, Imanol Lasa, lamentaba la muerte. «Una estrella más brilla en el cielo de Aran-tzazu. Impulsor y divulgador de nuestros mejores valores y de la cultura», decía.

Ejerció de portavoz del santuario, y muchos le conocían como el «fraile periodista» por su extensa trayectoria en los medios de comunicación. Desde EITB quisieron ayer mostrar sus condolencias a «familiares, hermandad franciscana y allegados en estos momentos de dolor». Beristain fue el responsable del programa 'Egi Bidean' de Euskal Telebista desde 1988. Asimismo, se encargaba de radiar desde Arantzazu las misas cada domingo en Euskadi Irratia junto a Pello Zabala desde 1983, resumió ayer en una nota de prensa el ente público vasco.

El pésame llegaba también desde Euskaltzaindia. «Como escritor en euskera era fino; como locutor, excepcional». «Escuchar de su boca la palabra divina era reconfortante», resaltó el presidente de Euskaltzaindia, Andrés Urrutia.

También dirigía la revista 'Aran-tzazu', la publicación fundada en 1921 que llega a unos 10.000 hogares guipuzcoanos y que era una de las joyas mimadas por Beristain. Una de sus últimas obras escritas ha sido el libro 'Nikolas Segurola. Fraide, artzain eta bertsolari', escrito junto a Eduardo Urarte y Xabier Euzki-tze. Beristain, que en ese libro hizo una semblanza de Segurola como hombre de fe, también compartía la afición bertsolari.

La Marcha por la Paz, que ahora se celebra bajo un lema acorde al del curso pastoral, le debe en parte su popularidad, entre fenómeno religioso y social. «A finales de los años noventa, vimos que existía una importante respuesta y que muchos asistentes la consideraban como una experiencia que marcaba su vida. Desde la comunidad de Arantzazu propusimos a la Diócesis que la marcha fuera anual y Setién y el vicario José Antonio Pagola dieron su conformidad. Desde el año 2000, ya con Juan María Uriarte de obispo, se organiza todas las primaveras», recordaba en una entrevista a este periódico.

Todos quienes le conocieron saben que sin Beristain el santuario ya no será el mismo. «Muchas veces hemos dicho con orgullo que Arantzazu no se caería nunca, que no hay nada que pudiera moverlo. Pero ahora los cimientos se han movido en lo más profundo, y todo son dudas. Aquí estamos todos, sin saber qué pensar», dice echándole de menos su amigo Arregi. Goian bego.

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