La mitad de los inmigrantes de segunda generación de Euskadi reside en Gipuzkoa

Jóvenes magrebíes que regentan una barbería en Errenteria./IGNACIO PÉREZ
Jóvenes magrebíes que regentan una barbería en Errenteria. / IGNACIO PÉREZ

Tienen mejor situación socioeconómica que sus padres, pero peor que los jóvenes vascos. La mayoría de esos hijos de padres extranjeros tienen la nacionalidad española, seguida de la marroquí y la ecuatoriana

IRAITZ VÁZQUEZSAN SEBASTIÁN.

Los hijos de los inmigrantes extranjeros que llegaron a Euskadi hace décadas viven en «mejores condiciones» que sus padres. Es la principal conclusión a la que han llegado los responsables del Observatorio Vasco de Inmigración, Ikuspegi, en el estudio 'La diversidad Infantil y Juvenil en la CAE. Las (mal) llamadas segundas generaciones'. La evolución positiva de estos jóvenes de origen extranjero, pero nacidos y crecidos aquí, no alcanza sin embargo el nivel socioeconómico del que gozan los jóvenes con progenitores vascos o españoles, según la distinción que se hace en el informe.

La radiografía que hace Ikuspegi de los jóvenes descendientes de inmigrantes revela que casi la mitad, un 49,1%, residen en Gipuzkoa. Un porcentaje que en números se traduce en que 37.748 jóvenes menores de 24 años con padre o madre nacidos en otros en otros países residen en el territorio. Por detrás, se encuentra Bizkaia con 22.978 (29,9%) jóvenes de segunda generación y, por último, Álava con 16.188 (21%). En el global de la CAV, son 76.914 niños y jóvenes hasta 24 años los que conforman ese colectivo de hijos de padres inmigrantes, un 15,9% de toda la juventud.

«Hemos encontrado rasgos positivos en el estudio», remarca Beatriz Otero Gutiérrez que ha realizado el informe junto a Karmele Mendoza Pérez. «Vemos que los jóvenes de segunda generación están mejor que sus ascendientes, lo que nos está dejando una mejora en las condiciones de vida», recalca. Además, otro dato positivo es que «los hijos de los inmigrantes se sienten integrados» en la sociedad vasca. Lo que en palabras de Otero provoca que estos jóvenes menores de 24 años estén «más arraigados en nuestro entorno».

Cuentan con una situación más holgada que sus progenitores, un 41,2% dice no tener problemas ECONOMÍA

El acceso en propiedad es mayor, ya que un 33,2% reside en viviendas que son suyas VIVIENDA

Un 30,9% son directivos, técnicos o empleados administrativos, frente al 21,1% de sus ascendientes PUESTOS DE TRABAJO

Un 20,3% considera que la situación actual en su hogar es confortable o próspera POBREZA Y PRECARIEDAD

Otero prefiere ver el vaso medio lleno y por eso da importancia al hecho de que los jóvenes de segunda generación estén «integrados» en la sociedad y que vivan «mejor que sus ascendientes». Sin embargo, tampoco quiere olvidar que «las personas que llegan de países extranjeros son de un nivel socioeconómico determinado y les es muy difícil salir de él». Tanto es así que «los datos de pobreza aún son mayores» entre ellos que entre los jóvenes de origen vasco o estatal. Por ello, ahonda en que «el nivel socioeconómico es muy importante y aún quedan muchos pasos que dar en ese sentido».

Dentro de esa segunda generación de hijos de inmigrantes, la gran mayoría, un 42,7% (32.827 personas), tienen nacionalidad española. Y es que el 93,3% ha nacido en el Estado o ha sido reagrupado con su familia con menos de 4 años. La siguiente nacionalidad con más peso entre estos jóvenes de origen foráneo es la marroquí (5,8%), y el tercer puesto lo ocupa la ecuatoriana (4,1%). Esas nacionalidades coinciden en gran medida con el país de nacimiento de dichos jóvenes. Aunque el informe destaca alguna disfunción a causa de las nacionalizaciones de los progenitores o de las reagrupaciones familiares, como en el caso de Paraguay, donde muchos jóvenes llegaron a Euskadi con más de 16 años.

La principal diferencia que se observa entre los jóvenes de segunda generación de inmigrantes y sus progenitores reside en la ocupación laboral. Y es que en el informe de Ikuspegi se detecta un mayor porcentaje de personas ocupadas, así como una menor incidencia del desempleo en ellas, en comparación con el total de origen extranjero. Según los datos que ofrece el estudio, un 20,2% de la población inmigrante está inactivo, mientras que esa tasa asciende hasta el 24,1% en el caso de los jóvenes de segunda generación. Sin embargo, más de la mitad de estos jóvenes, un 50,8%, se encuentra ocupado, un porcentaje mayor que en el caso de los progenitores, ya que esa cifra se queda en el 48,4%.

Mejores trabajos

En cuanto a los cargos y trabajos que ocupan los jóvenes residentes en Euskadi de segunda generación también se observa una pequeña diferencia. Un 30,9% de este colectivo de menores de 24 años son directivos, técnicos o empleados administrativos, mientras que esa cifra desciende hasta el 21,1% cuando se pone el foco en sus progenitores. En cuanto a los trabajos cualificados la diferencia no es notable, sin embargo en las ocupaciones no cualificadas la diferencia es mayor en favor de los jóvenes de segunda generación. Tal y como retrata el informe de Ikuspegi, un 23,8% de estos jóvenes realiza trabajos sin cualificación, mientras que esa cifra asciende hasta el 34,6% en caso de la población inmigrante de origen extranjera.

El colectivo de jóvenes de segunda generación también cuenta con una situación económica más holgada que sus progenitores. En cuanto a los porcentajes, un 41,2% afirma que no tiene dificultades económicas en sus hogares, descendiendo ese porcentaje hasta el 33,8% en la población extranjera, remarca el estudio.

El acceso a la vivienda en propiedad es mayor en el colectivo de personas de segunda generación, ya que un 33,2% reside en viviendas que son de su propiedad, mientras que en total de la población extranjera este porcentaje desciende hasta un 20%. La convivencia en viviendas compartidas es «claramente» menor en este colectivo descendiente de inmigrantes extranjeros, un 44,%, frente al 13,5% respecto a sus ascendientes.

Respecto a las situaciones de pobreza y precariedad, cabe destacar que el porcentaje de personas que considera que la situación en su hogar es confortable o próspera es superior entre el colectivo de segunda generación que entre el conjunto de las personas de origen extranjero (20,3% y 15,7%, respectivamente). En la misma línea, el porcentaje de personas que considera que la situación de su hogar es «pobre o más bien pobre» es ligeramente superior entre el total de personas de origen extranjero.

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