20 millones de kilos de solidaridad

El Banco de Alimentos de Gipuzkoa cumple dos décadas repartiendo comida entre los más necesitados

Los voluntarios son la pieza fundamental del Banco de Alimentos de Gipuzkoa / Foto: M. Fraile /Vídeo: B. Campuzano/U. Murillo
Lara Ochoa
LARA OCHOA

La lucha de un grupo de amigos contra el despilfarro de alimentos se ha convertido dos décadas después en el principal sustento alimenticio de más de 19.000 guipuzcoanos en apuros. En el camino han recibido y repartido unas 19.000 toneladas de comida, el peso aproximado de mil autobuses urbanos de Donostia llenos de pasajeros. A este ritmo, y a las puertas de la Gran Recogida, el Banco de Alimentos de Gipuzkoa cerrará el año de su 20 aniversario con otros tantos millones de kilos recolectados. Unas cifras de vértigo para un comienzo que no fue nada fácil.

«Empezamos con poca aceptación institucional. En 1997 el reparto de alimentos se consideraba algo tercermundista. Era cierto que en Gipuzkoa no había hambre, pero sí necesidades». Javier Aguirregabiria fue uno de los fundadores y primer presidente del Banco de Alimentos de Gipuzkoa. Él sabe mejor que nadie las trabas con las que se encontró un grupo de siete amigos cuyo único objetivo era luchar contra el despilfarro de alimentos en plena época de vacas gordas.

Los problemas empezaron antes de lo que esperaban. «En Gipuzkoa no había una industria alimentaria importante, no teníamos ‘clientela’ porque no había grandes centros de acogida, tampoco un local donde almacenar los alimentos», enumera Javier mientras ojea con cariño las actas fundacionales del BAG.

Pero creer es poder y no estaban dispuestos a echarse atrás. Esta cuadrilla de jubilados y prejubilados estaba convencida del éxito de su ‘empresa’ y el tiempo les ha dado la razón. «Al principio el proyecto no se entendió. Los servicios sociales del territorio siempre han sido ejemplares, pero podía parecer que no cumplían del todo su función si nosotros hablábamos de repartir alimentos». Sin embargo su misión no era luchar contra la pobreza sino contra el despilfarro. «No nos daban ni dos años de vida, pero estábamos convencidos de que Gipuzkoa no se podía permitir despreciar alimentos que se podían reutilizar», insiste.

Otras provincias como Barcelona, Madrid o Bizkaia ya tenían su propio banco, ¿por qué aquí no? Conocían el brillante ejemplo de sus vecinos franceses, habían visitado el de Bizkaia y «aquello funcionaba». Precisamente, uno de los impulsores del banco vizcaíno era amigo de Javier y fue él quien le animó a buscar socios para hacer lo propio en Gipuzkoa. Paralelamente también se constituyó el de Álava. «Junté a siete amigos de la zona de Zumaia, pero enseguida nos dimos cuenta que el banco había que montarlo alrededor de la capital». Con ayuda de Bizkaia, reunieron a otros dos grupos de personas interesadas en impulsar el banco en el territorio. Unos venían de la Fundación Banco de Alimentos de Madrid y otros de Nagusilan. En total, 15 personas dispuestas a inculcar en Gipuzkoa el espíritu contra el derroche.

«No nos daban ni dos años de vida, pero sabíamos que la idea era buena e iba a funcionar»

«No nos daban ni dos años de vida, pero sabíamos que la idea era buena e iba a funcionar» javier aguirregabiria, fundador y primer presidente

«Seremos el único banco al que le gustaría no tener clientes, pero creo que siempre seremos necesarios»

«Seremos el único banco al que le gustaría no tener clientes, pero creo que siempre seremos necesarios» José manuel Pineda, actual presidente

En octubre de 1997 se redactaron los estatutos. Había nacido el Banco de Alimentos y lo hizo a imagen y semejanza de una organización industrial. «La mayoría de los primeros socios veníamos del mundo de la empresa y tuvimos claro desde el principio que la seriedad, transparencia y los controles que habíamos visto en nuestra vida profesional teníamos que aplicarlos también al banco. Aunque tratemos con desperdicios, eso tiene un valor y tenemos que dárselo», subraya Javier mientras señala el balance de la memoria final de 1999. «¡Está apuntado hasta el último gramo!», corrobora. Esta exhaustiva metodología se mantiene hoy en día y es una de las claves de su éxito. «Seguimos igual», insiste José Manuel Pineda, presidente de la entidad desde el pasado año.

El primer almacén del BAG se ubicó en el polígono Talaia de Oiartzun, a un kilómetro escaso de la sede central actual. Lograron que la Diputación les pagara el alquiler, pero el resto de gastos corrió de su bolsillo. «Los socios pagábamos una cuota de 25.000 pesetas y tiramos del contacto de amigos y conocidos para la preparación y montaje del local», recuerda Javier. Fueron meses de duro trabajo, pero cargados de ilusión. En mayo de 1998 organizaron en Garbera la primera campaña de recogida de alimentos y «la solidaridad de los guipuzcoanos nos desbordó». Pineda explica que estas campañas son las que permiten al banco «completar el lote de necesidades que no se pueden cubrir solo con excedentes». Cabe recordar que los beneficiarios no son particulares, sino instituciones y asociaciones que trabajan en favor de los más necesitados. Empezaron colaborando con cuarenta entidades sociales que a su vez ayudaban a 2.246 personas. Veinte años después estas cifras se han multiplicado hasta llegar a 19.073 beneficiarios de 208 instituciones.

Punto de inflexión

La crisis económica supuso un punto de inflexión en esta evolución. «Nos obligó a adaptarnos. Había más necesidad así que necesitábamos más proveedores, más manos para clasificar los alimentos...», indica José Manuel. En la última década se ha duplicado el número de beneficiarios y triplicado el de kilos repartidos. Estas cifras hicieron necesario abrir en 2011 una nueva sede en Bergara para atender las zonas de Alto Deba, Bajo Deba y Tolosaldea.

La crisis también implicó un cambio en el tipo de alimentos solicitados. La pobreza energética hizo crecer la demanda de conservas en detrimento de las legumbres secas, una tendencia que se mantiene hasta la fecha.

Esta imagen contrasta con los primeros años de vida de esta oenegé. La industria alimentaria se volcó desde el inicio con el proyecto, pero «la ‘clientela’ era escasa». «Teníamos una cantidad terrible de alimentos que no podíamos absorber así que ideamos un sistema para que una empresa de transportes guipuzcoana nos hiciera un porte gratuito de alimentos entre bancos que sigue funcionando a día de hoy», explica Javier. Algunos se preguntarán por qué no repartían más kilos por persona, pero la respuesta está en los mismos cimientos de la organización. «Siempre hemos pensado que si dábamos más de lo que se necesitaba, esa comida se iba a tirar y estaríamos cometiendo el mismo pecado que nos había llevado a crear el banco», aclara su fundador. Actualmente se reparten aproximadamente 10 kilos de comida al mes por persona.

Las primeras recogidas de alimentos se organizaron en 1998 / DV

Como en toda organización, a final de año llega la hora de hacer balance. Afortunadamente, se trata de una oenegé y no de una empresa, porque de ser así, hace años que deberían haber bajado las persianas. «Sin el trabajo de los voluntarios no sería rentable», sentencia Pineda mientras Aguirregabiria asiente. El número se ha ido multiplicando con el paso de los años hasta llegar a los 220 actuales. Una cifra que se dispara hasta los 1.600 para la Gran Recogida. «La sociedad guipuzcoana nos admitió desde el primer día», afirman orgullosos casi al unísono. Ya son veinte años de relación y auguran que serán muchos más. «Seguramente seremos el único banco al que le gustaría no tener clientes, pero creo que siempre hará falta que exista. Si hay necesidad y el alimento me lo dan puedo destinar los pocos recursos que tengo a otras cosas. Y por otro lado, se sigue despilfarrando mucho», concluye Pineda.

Parece que las cifras le dan la razón. Actualmente en Gipuzkoa solo se recupera el 20% de los alimentos desechados por la industria. Esto significa que el 80% restante acaba en la basura. Además, según el último estudio de la Unión Europea cada persona desperdicia medio kilo de alimentos al día. Unos números que invitan a concluir que la filosofía de cero despilfarro con la que nació el Banco de Alimentos aún tiene mucho camino por recorrer.

Cuenta atrás para la Gran Recogida de alimentos

El Banco de Alimentos ya tiene todo a punto para la Gran Recogida que se celebrará los próximos 1 y 2 de diciembre en 79 tiendas y supermercados del territorio. El objetivo es superar la cifra récord de 650.000 kilos de la pasada edición y ayudar a los 19.073 guipuzcoanos que engloban el censo oficial de beneficiarios. Para dicha tarea contarán con la ayuda de cerca de 1.600 voluntarios que estarán presentes en los diferentes puntos de recogida de alimentos del territorio.

Quienes deseen aportar su granito de arena a esta causa solidaria pueden hacerlo mediante la compra de alimentos o adquiriendo unos bonos que, al pasar por caja, se pueden cargar con un saldo a favor del Banco de Alimentos. Los alimentos más necesarios son: azúcar, cacao en polvo, conservas de verduras, legumbres y pescado; alimentos infantiles, pañales y aceite. Además, desde el Banco de Alimentos insisten también en la importancia de los bonos ya que les permite abastecerse de comida en cada momento a lo largo del año.

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