«La mediación familiar es tomar decisiones con emociones que duelen mucho»

Las mediadoras Julia Hernández y Garazi Urzay atienden un caso en la sede del servicio en Gipuzkoa, situada en Donostia./LOBO ALTUNA
Las mediadoras Julia Hernández y Garazi Urzay atienden un caso en la sede del servicio en Gipuzkoa, situada en Donostia. / LOBO ALTUNA

El servicio, con un 10% más de demanda al año en Gipuzkoa, facilita los acuerdos sin pasar por el juzgado. Favorecen el diálogo, pero no son ni terapeutas ni dan la solución al problema. «Tenemos que ser imparciales», cuentan estos profesionales

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

La sala no tiene aparentemente nada que llame la atención. Un rincón luminoso y pintado de blanco, de cuyas paredes solo cuelga una pizarra. La calculadora, el calendario y la caja de kleenex pasan desapercibidos en un primer vistazo. Pero cuando se repara en los conflictos familiares que ahí dentro se dirigen, dejan de ser parte de la decoración. Son objetos que hablan de dolor y de números. «Para nosotros son las herramientas fundamentales de trabajo», señala Cristina Merino, coordinadora de los equipos de mediación familiar de Euskadi, un servicio público y gratuito que solo el año pasado atendió en Gipuzkoa 422 casos. El elevado porcentaje de acuerdos (75%) y el boca a oreja (el 40% de los nuevos expedientes llegan tras la recomendación de un familiar o amigo) está disparando la actividad a un ritmo de casi un 10% al año, un auge generalizado en todo el Estado.

Santi es uno de esos guipuzcoanos que han recurrido al servicio, junto a su ahora exmujer. Conoce perfectamente la utilidad que tienen esos objetos cotidianos cuando de lo que se trata es de pactar un régimen de custodia sobre una hija, acordar cómo distribuir las vacaciones de verano para que la pequeña lo pase lo mejor posible, o calcular los ahorros para establecer qué porcentaje de gasto asume cada una de las partes. «Las emociones están muy presentes. El proceso de mediación es tomar decisiones con emociones que duelen mucho», describe.

Su historia, aunque con las particularidades propias, se asemeja a otras separaciones y divorcios en que las partes, en lugar de tirarse los trastos a la cabeza y terminar como en aquella película de 'La guerra de los Rose', prefieren apostar por un acuerdo y evitar un contencioso en los juzgados, que todo lo complica en general: «Es más tiempo, más desgaste emocional», resume Garazi Urzay, una de las cinco mediadoras del equipo guipuzcoano. La propia administración está promoviendo esta fórmula que garantiza un mayor cumplimiento del acuerdo y además resulta más económica porque no hay que costear un litigio. Menos pleitos significa también menos gasto judicial y menos carga en los ya atestados juzgados, aunque también menos contenciosos para el trabajo de los abogados.

«¿Qué tengo que hacer?»

La mediación, pese a lo que pueda parecer, no siempre es un camino de rosas. Aunque el propio hecho de recurrir al servicio puede entenderse con una mayor predisposición al entendimiento, «a veces es solo una de las partes la que da el paso, pero incluso en los casos en que los dos tengan ese deseo de acuerdo siempre terminan por salir a relucir situaciones incómodas, diferentes planteamientos. No se producen acuerdos de manera mágica», apostilla Cristina Merino, coordinadora de los equipos de mediación de Euskadi, un servicio gratuito que depende del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco.

«Hasta que no lo vives, no puedes llegar a saber el dolor que hay detrás de un calendario» Cristina Merino, Coordinadora

«Hasta que no lo vives, no puedes llegar a saber el dolor que hay detrás de un calendario» Santi En proceso de divorcio

El servicio te obliga a pararte a pensar. Y funciona. Parece que estuviéramos en Suecia» Eva, Separada de su pareja

La clave de la mediación reside, según explica, en que «la solución no la da una tercera persona, sino que son las partes las que tienen que acordarla», una de las «sorpresas» que se llevan los interesados cuando cruzan la puerta de la sede, en la calle Prim. «'¿Y qué tengo que hacer?', nos preguntan esperando una respuesta de nuestra parte», que no encontrarán, añade Julia Fernández, otra de las mediadoras. «Muchas personas relacionan la mediación a que alguien les va a decir lo que tienen que hacer, cuando nuestra función es ayudarles a reflexionar para tomar decisiones consensuadas. Uno de los principios de la mediación es la imparcialidad, por eso es importante que quien media no exprese su opinión», apostilla Merino. Solo intervienen en situaciones muy excepcionales, para por ejemplo garantizar el interés superior de un menor.

«La verdad es que sí sorprende que no toman partido en nada, incluso cuando hay consenso no te van a decir si esto es bueno o malo», cuenta Santi, que continúa con el proceso de mediación, unas sesiones que, una vez sellado el preacuerdo, son objeto de seguimiento para comprobar que se cumple lo pactado, algo que ocurre en un 90% de los casos. «Y aunque no se llegue a un acuerdo, también es muy importante el proceso de reflexión que hayan hecho», porque pasado un tiempo puede desembocar en la solución.

Los mediadores suelen ser profesionales formados en Derecho, Trabajo Social, Educación social o Psicología con formación específica en gestión de conflictos, y aunque gestionar las emociones forma parte de ese trabajo de diálogo, no son en sí terapeutas familiares, otra de las falsas creencias extendidas.

La mayoría de personas que recurren a la mediación se refieren a separaciones de parejas, pero cada vez más fricciones cotidianas en los hogares acaban también sentadas frente al mediador: cinco hermanos que no se ponen de acuerdo en cómo cuidar a su madre dependiente, abuelos que reclaman su tiempo para estar con su nieto tras el divorcio de los padres o problemas con la guarda de hecho de un menor (cuando es una persona ajena a los padres quien cuida del niño o niña). Los mediadores insisten en que son historias de «gente normal, como cualquiera de nosotros», con conflictos que surgen en el día a día.

422 casos

de mediación se atendieron el año pasado en el servicio de Gipuzkoa, un 10% más que en 2015. En casi el 80% se llegó a un acuerdo, que se cumplió con éxito en el 90% de los casos pasado el tiempo. La gran mayoría son parejas que se separan.

Uno de los últimos casos que ha llegado hasta el servicio muestra la complejidad de las relaciones humanas. Un matrimonio divorciado puso el piso familiar a nombre de las dos hijas, con quienes se quedó a vivir la madre. La relación de una de ellas con su progenitora se ha tensado en los últimos tiempos hasta tal punto que quiere echarle de casa, algo a lo que la otra joven se niega.

Merino y el resto de profesionales del equipo están convencidos de que para resolver un conflicto se necesita voluntad, además de una regulación legal que también es de interés. Empezando por la reflexión y la autocrítica de lo que cada uno haya podido hacer mal. «Lo más común es que siempre se escuche el 'tú'. 'Tú has hecho o tú lo otro», los reproches que se lanzan como cuchillos, pero que no sirven para el entendimiento mutuo. Hay de todo, insisten. También esas parejas que confirman que se pueden divorciar y seguir tan amigos. «A nosotros muchas veces nos sorprenden de lo bien que se puede llegar a solucionar», dicen en el servicio.

Eva encaja en esa descripción. Llevaba con su pareja cuatro años y tuvieron un hijo. «Realmente no había nada tenso, pero la relación se fue desgastando y los dos decidimos separarnos». Sin más discusión. Consultó con la trabajadora social y le recomendó acudir al servicio de mediación. «Necesitaba tener claro qué papeleo tenía que hacer y hacerlo bien, porque no estábamos casados ni éramos pareja de hecho, pero necesitábamos tramitar lo que se llama las medidas paternofiliales -en las que se regulan los derechos y deberes de los padres sobre los hijos». Habla maravillas del servicio. «Da la sensación de que estábamos en Suecia, en un país avanzado donde los conflictos se resuelven de mutuo acuerdo. Que haya personas profesionales que se presten a facilitar el diálogo y el acuerdo es de subrayar. Te obligan a pararte a pensar. Y funciona».

«Tragar mucha bilis»

Santi también agradece el asesoramiento que está recibiendo en el servicio, aunque habla con más amargura de su situación personal. La separación de su pareja y madre de su única hija ha marcado «un antes y un después», un capítulo que aún no da por cerrado y que, de hecho, le mantiene en contacto todavía con el servicio de mediación para cerrar los últimos flecos del acuerdo de separación. «Hay momentos en que no puedes mantener la calma, aunque en nuestro caso la separación no ha sido especialmente conflictiva, pero sí muy dolorosa», confiesa Santi.

La sensación de vacío tras una ruptura se acompañó en su caso de no saber adónde ir a buscar respuestas. «Lo encontramos por internet al buscar un asesoramiento» y aquí han contado con una tercera personal imparcial que ha favorecido el clima de entendimiento para poner números a esas emociones, como describe. «Hasta que no lo experimentas, no puedes llegar a saber el dolor que hay detrás de esos calendarios o de esos números. Hay que tragar mucha bilis y mucho dolor». Comparten la custodia y se permiten «mucha flexibilidad» por el bien de su hija, que también está haciendo «su propio proceso» para asumir esa nueva realidad de tener un padre y una madre separados, pero que han preferido entenderse para evitar aún más dolor.

Mediación familiar

Qué es
Un servicio de atención familiar que ofrece el Gobierno Vasco. Ofrece información jurídica, psicológica y social. Se trata de ofrecer un espacio neutral para dialogar la situación familiar o de pareja que ha derivado en un conflicto. El objetivo es facilitar la comunicación y favorecer acuerdos consensuados. El proceso minimiza costes emocionales y temporales y se evita judicializar las relaciones familiares.
A quién va dirigido
A personas que se encuentran en una situación de conflicto familiar, a parejas cuyos conflictos vengan originados por la decisión de ruptura. También conflictos derivados de herencias o negocios familiares, entre otros.
Dónde
En Gipuzkoa, la sede está en la calle Larramendi 1 (entrada por calle Prim), en Donostia. Teléfono 943576208 y mail smfgipuzkoa@bateratu.org

Fotos

Vídeos