El mayor peligro, los edificios acristalados

El mayor de los peligros a los que se enfrentan los halcones en las ciudades son las colisiones contra grandes edificios acristalados. «Pero en San Sebastián tampoco tenemos grandes rascacielos con paredes de ese material. Y tampoco tenemos problemas serios de contaminación. Yo diría que no hay ninguna amenaza clara», afirma Juan Arizaga de Aranzadi.

Esta pareja cuenta, además, con un elemento importante a su favor: anida en un lugar inaccesible y nadie les molesta. «Si la torre del Buen Pastor fuese visitada o hubiese trasiego de gente, o si se pusieran a hacer obras en la época de cría, la pareja podría abandonar».

El halcón entra en celo a finales del invierno, en torno al mes de febrero. «Llegado ese momento, los machos marcan su territorio. Son los que lo fijan. En dicho periodo emiten unas llamadas típicas, y si logra convencer a la hembra, se queda en el lugar y crían. Se trata de una especie sedentaria en nuestras latitudes».

Las puestas suelen ser de 3 ó 4 huevos, si bien es muy raro que todos ellos prosperen. «A veces, algunos no terminan de eclosionar o un pollo muere. Tiene que haber mucha comida y ser un año bueno para que toda la prole salga adelante. No suele ser lo habitual», reconoce el experto de Aranzadi.

Las restantes parejas de esta especie se asientan en roquedos, bien en Aralar o Aizkorri así como en acantilados marinos. «En Ulia e Igeldo tenemos otras dos parejas», concluye Juan Arizaga.

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