El mayor obstáculo, la compra de billetes

Varios pasajeros esperan la llegada del autobús en la nueva estación de Donostia./USOZ
Varios pasajeros esperan la llegada del autobús en la nueva estación de Donostia. / USOZ

La nueva estación cumple dos años desde que los primeros autobuses empezaran a operar. Tras 24 meses desde que se cortara la cinta en 2016, algunos usuarios exponen deficiencias, como falta de seguridad o mala cobertura en las instalaciones

ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

Estudiantes que vienen y van, familias que salen de vacaciones, viajeros de todas las edades... Más de 15.000 personas que suben y bajan por las escaleras mecánicas de la nueva estación de autobuses de Donostia a diario se acercan a las taquillas, hacen tiempo en la cafetería, se recuestan en la hilera de sillas e incluso se preguntan en conversaciones fugaces hasta cuándo se seguirá poniendo el adjetivo de 'nueva' antes de decir 'estación de autobuses', porque ya pocos se acuerdan de esperar los días de frío bajo aquellas marquesinas de Pío XII.

Hace dos años que las instalaciones ubicadas junto al puente de María Cristina de Donostia anunciaron su entrada en funcionamiento. Una puesta a punto que llegó después de una controvertida adaptación en el último momento de 9 de las 21 dársenas para que las personas con movilidad reducida pudieran acceder con comodidad.

Deficiencias

Compra de tickets
Máquinas sin cambios
Una vez cerradas las taquillas hacia las 20.30 horas, las máquinas no expenden los billetes si no se va con el dinero justo.
Atención al cliente
El número de atención al cliente de las ventanillas no ofrece respuesta.
Falta de personal en hora punta
Una persona en ventanilla, provoca largas colas.
Hora límite
Si faltan cinco minutos para la salida del autobús, las máquinas no ofrecen billetes.
Otras cuestiones
Asientos insuficientes
Para esperar la llegada del autobús.
Falta de cobertura
Varias compañías telefónicas carecen de señal.
Sensación de inseguridad
Debido a la ausencia de personal de seguridad en la estación.

Pero a su vez, aquel primer anuncio llegaba antes de que una convocatoria de prensa urgente reuniera a los medios de comunicación en el Ayuntamiento de San Sebastián la jornada previa al 16 de enero de 2016 para comunicar que la inauguración se aplazaría hasta nueva orden por fallos en el sistema de evacuación de humos, un defecto que se detectó en dos pruebas que los Bomberos y la firma Tecnalia practicaron aquel día 15 de enero de hace dos años.

«Está mejor que la de Pamplona, pero sí que vendrían bien más asientos para esperar al autobús» Asier 19 años | Estudiante

«Los viernes suele haber mucha cola y no refuerzan la atención en ventanilla. Solo hay una persona» Leire, Ángela y Ana 18 años | Estudiantes

Finalmente, fue el 6 de febrero cuando la nueva terminal, después de dos años y medio y 32 millones de euros invertidos -más de 14 aportados por la Diputación de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia-, veía cómo a las cinco de la mañana el primer autobús zarpaba destino Loiu.

«A día de hoy todo funciona correctamente para nosotros», apunta un conductor que prefiere guardar el anonimato, pero que insiste, «en lo que a nosotros nos afecta no tenemos ningún problema y es una estación muy cómoda». Claro que rápidamente este hombre se acuerda de tiempos que parecen mucho más lejanos. «Hemos pasado de la noche al día con la nueva estación. Siempre hay dársenas libres y el acceso es rápido», apunta.

Tras la barra de la cafetería se escuchan las molestias que comparten los pasajeros mientras se toman un café, y una de las quejas que se repiten con frecuencia es que tras el cierre de las taquillas sobre las 20.30 horas «los pasajeros que quieren comprar el billete y no tienen cambios no pueden comprarlo en las máquinas. Llaman al número de atención al cliente y solo se escucha la música que te mantiene a la espera», reproduce uno de los camareros, por ser a ellos a quienes recurren los pasajeros que se ven en problemas con la compra del billete por la noche o para pedirles cambios para poder utilizar las máquinas.

Largas esperas

Si hubiera que elegir el perfil del medidor de deficiencias de una estación de autobuses, ese sería el del estudiante universitario. Al menos dos veces por semana, en función de si residen o no en la ciudad en la que estudian, acceden a la terminal, testan de forma inconsciente el funcionamiento de las máquinas, la información, la puntualidad y sobre todo, comparan el servicio con el de otras estaciones por las que se mueven.

Es el caso de Leire, Ángela y Ana. La primera bilbaína y las otras dos, de Vitoria. Tienen 18 años y este curso han comenzado su primer año en la Universidad. Esperan su respectivo autobús para regresar a casa y coinciden a la hora de tener que elegir la principal deficiencia de la terminal: la venta de tickets.

«Normalmente, los viernes suele haber muchísima cola para comprar los billetes de regreso tanto a Bilbao como a Vitoria. Y aun sabiéndolo no le ponen ningún refuerzo a la persona que está sola en la ventanilla», indica Leire. Su amiga Ana agrega algo tímida que las máquinas están configuradas de tal forma que «si el bus sale a menos cuarto, por ejemplo, y son y 38, no te deja sacar el billete».

A otro estudiante, Asier, un navarro de 19 años, le cuesta sacar pegas en un primer momento a la nueva terminal donostiarra y no tiene reparo en confesar que «está mucho mejor que la de Pamplona», porque allí «hay goteras y el bar es algo peor». No obstante, seguidamente piensa en voz alta: «Aunque en la de Pamplona también hay más tiendas... Pero también es más oscura», continúa.

Tras un análisis algo más afinado de los pros y contras de la terminal donostiarra, Asier apunta que «faltan asientos» en los que poder esperar sentado la llegada del autobús, sobre todo necesarios en las horas punta. «O en su defecto una sala con sillas», propone.

Aquellos que no suelen encontrarse con problemas en las ventanillas, enfocan sus quejas en otra dirección: la seguridad. «Falta seguridad en esta terminal. Ha habido robos o pueden ocurrir peleas, pero entre que llamas a la Ertzaintza, para cuando vienen todo ha vuelto a la normalidad y si hubiera personal de seguridad eso no sucedería», denuncia una mujer a lo que su pareja añade: «Llamar... cuando se puede, porque la cobertura en las instalaciones casi nunca funciona».

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